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Carta a los familiares y amigos de Fernanda y Memo: ¿Por qué se van los buenos?

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Por Paolo Luers
Periodista

Estimados amigos:

Recibí la noticia de la muerte de Luisa Fernanda Galeano y William “Memo” Pascasio con tristeza - y con rabia. Es difícil aceptar que se nos van los buenos, y cuando más los necesitamos.

Fernanda y Memo nunca se conocieron. Vinieron a mi vida por lados muy distintos, pero también tuvieron mucho en común: corazón grande, alma de luchadores, necios con sus principios...

A Memo lo conocí en 1981, en el campamento guerrillero de La Guacamaya en Morazán. Cuando él llegó a Morazán ya tuvo toda una guerra encima. De bicho se fue a Nicaragua para unirse a los sandinistas. Fue mayor del Ejército Sandinista cuando regresó a El Salvador, para convertirse en uno de los constructores del Frente Oriental y de las fuerzas militares del ERP.

Luego de ser herido en combate, salió del frente de guerra y se convirtió en uno de los arquitectos de la logística guerrillera. Nos volvimos a ver en San Salvador, en Managua, en México. Y luego de los Acuerdos de Paz, lanzó uno de los proyectos de inserción social y económica de guerrilleros más exitosos, una empresa de Seguridad, que dio trabajo y estabilidad a docenas de excombatientes.

Muchos empresarios, que vieron el grado de corrupción de las empresas de seguridad de ex-militares y ex-guardias, confiaron la seguridad de sus empresas y residencias a Memo y su tropa de experimentados guerreros del ERP.

No sólo esto, Memo participó activamente en otros proyectos de reinserción de los excombatientes, siempre pendiente de sus compañeros de lucha y sus familias. Con Memo se murió uno de los mejores, como guerrillero y como constructor de paz. Todavía me cuesta creer que nunca lo volveré a ver en su moto, con su sonrisa, con su jodarria.

Memo tal vez alguna noche ha visto a Fernanda, cuando ella, en aquellos primeros días de La Ventana, nos ayudó a organizar la barra. ¡Y qué bartender fue Fernanda! Su belleza, su sonrisa, su siempre buen humor, y sobre todo su dignidad le permitieron convertir la barra en el corazón de la primera Ventana que fundamos en San Luis.

No trabajó ahí por el salario, sino porque estaba enamorada del concepto de este lugar de encuentro en una sociedad que vino de divisiones tan radicales y violentas. Memo y su compañera “Galia”, Sonia Aguiñada, y otros ex-dirigentes de la guerrilla también llegaron a La Ventana para ver de cerca esta aventura y este experimento empresarial, gastronómico y cultural.

Fernanda siempre fue ejemplo de esta característica y virtud tan salvadoreña, el emprendedurismo. Fue el prototipo de la salvadoreña que arma negocios, haciendo uso de sus grandes capacidades de comunicación y empatía. Pero aparte de esto, Fernando fue de armas tomar, siempre cuando se topó con lo mediocre, lo arrogante, lo corrupto y lo mentiroso en nuestra cultura política.

Y Fernanda tuvo una calidad muy particular: No esperaba hasta que había un movimiento de protesta, no aguantaba el tiempo que otros perdieron con discusiones, dudas y pleitos internos. Cuando se encachimbó, Fernando se lanzó a la calle, aunque sea sola.

Así lo hizo en 2015, cuando se le terminó la paciencia viendo la inoperancia del gobierno de Sánchez Cerén para enfrentar la crisis de violencia y del caos del transporte público. Pintó un cartel con la consigna “Hartos de sobrevivir, ¡queremos vivir!” y se puso en una plaza pública. Sola.

Cuando se dio cuenta del carácter mentiroso y corrupto del gobierno de Nayib Bukele, hizo algo parecido: Pintó carteles, llamó a un par de amigos, y se pusieron en el Árbol de Paz. Era unos pocos. El siguiente domingo eran unos cuantos más, luego otros hicieron lo mismo en otras plazas. Y todo esto, cuando no existía ni movimientos ni marchas.

Fernanda no fue ni de derecha ni de izquierda, simplemente fue una luchadora por la decencia y contra la corrupción. Sabía contagiar a la gente. A veces ahuevó a los pasivos, indecisos y cobardes, empujándolos, pero siempre con gracia. Murió cuando más necesitamos este tipo de mujeres.

Igual nos hará falta Memo, el trabajador incansable por la inclusión social. Tampoco a él le movieron ideologías, sino su sentido de justicia. Fernanda y Memo son dos protagonistas de los valores de la postguerra que ahora atacan los nuevos autoritarios. Nos harán una gran falta.

Saludos, Paolo Luers

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