En vez de carta: Filmando con sindicalistas en tiempo de guerra

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Por Paolo Luers
Periodista

Mar 05, 2021- 18:27

(1987) Sebastián, nuestro ‘coproductor’ en la U, me pone en contacto con un compañero del PC, y este me pone en contacto otro cuadro, quien me pone en contacto con SICAFE, el sindicato de los trabajadores de los beneficios en Occidente. En San Miguelito, en un edificio lleno de oficinitas en el redondel José Martí, me recibe Vilma, secretaria de conflicto, y Julio, el secretario general. Cuando les explico la idea de ‘Doble Cara’, inmediatamente se les enciende el foco y dicen: “Cuente con nosotros.”

Una semana después estamos sentados en el viejo microbús Volkswagen del sindicato, viajando a Chalchuapa.

Ya ha llegado el segundo crew, esta vez desde Los Angeles. ¡Con Elia como productora! Alegría, porque me manda saludos de Daniela. Y alivio, porque ella se encargaría de todos los detalles logísticos y técnicos, y yo podré concentrarme en los contactos políticos y las entrevistas. El proyecto comienza a agarrar forma profesional.

Vamos al beneficio San Antonio, en las afueras de Chalchuapa, con Vilma, con Julio, y con dos activistas más, uno de ellos Pablo, originario de este lugar. En esta empresa, por segunda vez se ha formado una sección del sindicato, y por segunda vez todos los afiliados han sido despedidos.

Nos bajamos y entramos a la oficina. Antes de que el administrador del beneficio se da cuenta qué está pasando, estamos todos adentro, sindicalistas y periodistas. Se arma una discusión muy corta, el administrador no quiere contestar los reclamos de los sindicalistas. Según él, “por su propio gusto se han ido, a nadie se saca de una empresa por la fuerza.” Además acusa a los que se organizaron en el sindicato de haber amenazado con que “los muchachos pueden llegar a quemar el beneficio si no cumplen sus demandas. Por esto tenemos ahora una compañía del ejército aquí…”

Regresamos a Chalchuapa y entramos a otro beneficio, el Estatal de INCAFE, donde trabajó Vilma durante años: “Aquí me hice sindicalista y luego líder. Cuando comenzaron a llegar a mi casa a amenazar a mi y mi familia, tuve que salir de Chalchuapa.”

Entramos al beneficio y Vilma convocó una reunión. Uno por uno, todos los trabajadores llegan, y Vilma comienza un discurso sobre el sindicalismo. “Nosotros no nos movemos en base al dólar. El gobierno norteamericano en el afán de desestabilizar a los sindicatos consecuentes, ofrece dólares. El dólar enferma y hace que uno vende sus principios y se convierte en líder en contra de los intereses de los trabajadores.” Aplauso.

Toma la palabra Pablo: “Aquí hay una guerra civil, y como trabajadores nos afecta. Los norteamericanos mandan las armas y las municiones, y nosotros ponemos los muertos. Nosotros lo decimos frente al Estado Mayor del ejército: Los escuadrones de la muerte están aquí en el Estado Mayor.”

Nadie de la administración se hace presente, y no hay ninguna intervención de agentes de seguridad o soldados. “Aquí en este beneficio respetan al sindicato. Todos están organizados”, nos cuenta Pablo.

Cuando salimos en el microbús, pasamos por filas de soldados en la entrada al beneficio. “Estos son los que luego buscan a los sindicalistas en sus casas y los llevan o de un sólo los matan”, dice Pablo. “¿No tenés miedo?” – “Como no, ¿pero qué vamos a hacer? Somos sindicalistas…”

Vamos a un tercer beneficio, el San Ignacio. Afuera del edificio nos espera un grupo de trabajadores recién despedidos por afiliarse al sindicato – y un contingente militar. La misma historia: uno de los despedidos nos cuenta que según el patrón, cualquiera que se une al sindicato es subversivo o guerrillero, y para esto tiene a los militares cuidando la empresa y sacando a los sindicalistas.

Vamos a hablar con el teniente. Vilma le dice que quieren hablar con el patrón, y el militar dice que tiene órdenes de no dejar entrar a nadie del sindicato. “¿Órdenes de quién, del Estado Mayor?” – “No, aquí da órdenes el patrón. Además, donde hay sindicato, las cosas se complican y hay desorden…”

Fuera de cámara le pregunto qué hará si en el beneficio hay una huelga. “¿La reprimiría por la fuerza?”. Me dice: “Nosotros estamos aquí por orden del Don. Pero no lastimamos a nadie. Pero ellos hacen desórdenes” – y señala la Vilma y Pablo, quienes están hablando con sus afiliados despedidos.

Unas pocas semanas después, cuando estamos por terminar el último rodaje del documental, con los campesinos de ANTA (Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas) en La Florida, un cantón de Texistepeque, uno de los activistas me da la noticia que han matado a Pablo de SICAFE, enfrente de su casa. De regreso en San Salvador busco a Vilma y la pregunto: “¿Lo mataron por andar con nosotros?” – “¿Quién sabe? De todos modos, nosotros conocemos el riesgo que corremos…”

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