Carta a los aficionados del circo

Por Paolo Luers
Periodista

Abr 22, 2020- 19:55

“Hegel dice que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces. Pero se olvidó agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Esa es una de tantas verdades que descubrió Marx. Pero se olvidó de agregar: Las farsas también pueden desembocar en tragedias.

A nosotros nos toca vivir la farsa puesta en escena por Nayib Bukele y su elenco de payasos. Una cosa es tener amigos payasos y farsantes, y otra cosa llevarse a Casa Presidencial a personajes como la Choly, Neto Sanabria, el Payaso Sin Gracia, Slipt, Alejandro Muyshondt y entregarle el control de la Inteligencia del Estado a Peter Dumas.

Siendo ellos sus hombres de confianza y asesores no extraña que el presidente es capaz de comparar la oposición política con ‘la gata angora’ de un dicho popular y vulgar que ningún periódico decente va a citar. Quien no lo conoce, que se meta en Google.

Esa vulgaridad no es un hecho aislado. Refleja el tono grotesco con cual este grupo de farsantes sustituye el debate político. Expresa también el desprecio que tienen para la oposición y su derecho de criticar al gobierno.

Lo mismo se expresa en el infantil uso de montajes de photoshop, supuestamente para refutar las dudas que han surgido sobre si el presidente está o no gobernando desde el exterior. Sería fácil refutar este cuestionamiento simplemente visitando un hospital o un centro de cuarentena para responder personalmente a los cuestionamientos del personal médicos y encuarentenados.

Ante todas esas expresiones de división, resentimiento, odio y desprecio, resulta ridículo y ofensivo que el presidente escriba en Twitter: “Hoy más que nunca, nuestro país nos necesita… y no solo a unos pocos, nos necesita a todos”.

Todo esto la gente lo empieza a entender como farsa, exactamente en el sentido de Marx. Muchos están aplaudiendo todas esas bayuncadas, citando la verdad de que el pueblo necesita no solo pan sino también circo. El fatal malentendido es que eso significa que hay que convertir el mismo gobierno en circo.

Dije al principio de esta carta que las farsas también pueden terminar en tragedia. Nuestra tragedia, si no paramos la farsa, será una sociedad con polarización irreversible y con instituciones debilitadas.

El mayor peligro es que detrás de las caras de payasos aparezcan nuevamente las caras pintarrajeadas de los militares. La última vez que pasó esto, con Napoleón Duarte en Casa Presidencial y los militares reinando, nos llevó directamente al desastre. Por eso tiene razón Marx en que no hay que repetir la historia, ni siquiera disfrazada de farsa.

Saludos, Paolo Lüers

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