Carta sobre las supuestas ‘brisas nuevas’ en América Latina: los Kirchner, los Saca y los Bukele  

Por Paolo Luers
Periodista

Oct 28, 2019- 16:09

Cristina Kirchner regresa al poder en Argentina, a la par de Alberto Fernández, exempleado del clan Kirchner. Nayib Bukele inmediatamente felicitó a los ganadores, lo que a algunos sorprende, ya que se trata de aliados de Maduro, y él, de Washington. Bueno, tendrán diferentes discursos frente a Venezuela, Cuba y Washington, pero tienen mucho en común. Tanto los Kirchner como los Bukele tienen esta capacidad de mantener un discurso electoral de izquierda, aunque obviamente no son de izquierda, sino que son adeptos del capitalismo de cheros y compadres.

Volver a marcar una papeleta donde nuevamente aparece el nombre Kirchner nos puede parecer inexplicable. Sin embargo, no es tan diferente que votar por Bukele luego de que hemos visto lo que Tony Saca hizo al país. En Argentina son un poco más descarados: Pusieron el mismo apellido en la papeleta, ¡¿y qué?!

En El Salvador ya sabían que esto no iba a funcionar. Lo trataron en el 2014, pero no les funcionó el comeback de Tony Saca. La gente no se lo tragó, aunque en aquel entonces nadie se imaginaba el grado de robo y corrupción cometidos en su primer gobierno. Así que decidieron crear la imagen contraria: la de un cambio de generación, cambio de forma de hacer política, cambio de época, cambio de paradigma… Surgió la figura de Nayib. Surgió el movimiento-partido Nuevas Ideas. Surgió el eslogan Devuelvan lo robado. Surgió la definición del enemigo a derrotar: los Mismos de Siempre‘. Sin embargo, detrás de esta pantalla de relevo total (de líder, de ideas, de estilo, hasta de la forma de vestir) estaban los mismos de siempre, los operadores políticos y técnicos de la demagogia íntimamente ligados al sistema Saca: el primo Herbert Saca, sus encargados para lo sucio (Ernesto Sanabria/El Brozo y Peter Dumas), su gurú de estrategia Porfirio Chica y sus propagandistas Walter Araujo y Geovanni Galeas. Todos tuvieron funciones muy parecidas en el sistema Saca y algunos incluso en el entorno de Mauricio Funes.

En Argentina igual: Regresa al poder la misma cherada y manejarán las palancas del poder los mismos operadores.

Queda la inquietante pregunta: ¿Cómo lograron volver a ganar, con mayoría, sin fraude, en Argentina como en El Salvador? 

En Argentina, porque Mauricio Macri, el que en 2015 asumió la presidencia con el mandato de terminar con la corrupción, el populismo y el Estado clientelista, gobernó a medias tintas. Hizo reformas, pero no buscó rupturas. Predicó austeridad, pero sin erradicar el clientelismo, lo que no puede funcionar. Argentina necesitaba reformas radicales y las recibió tibias, sin dientes. 

En El Salvador, la historia fue diferente, porque entre el gobierno de Tony Saca y su reencarnación bajo Nayib Bukele hubo un interludio: 10 años de gobiernos del FMLN. Dos gobiernos cuyos fracasos políticos y morales llevaron a una profunda crisis de credibilidad a todo el sistema partidario. Prometieron el cambio y lo que había que cambiar no cambió. Así se abrió el espacio a un candidato con discurso de antipolítica como Bukele. Y ARENA cometió en su campaña el mismo error que cometió Macri gobernando, y luego en su campaña de reelección: no logró construir una propuesta de reforma radical, con propuestas claras y medidas inequívocas. No lograron convencer a la ciudadanía de que tenían no solo la capacidad técnica sino también ‘el ñeque’: la férrea voluntad de componer el Estado y a sus políticas públicas. 

Para superar todos los efectos dañinos que el populismo causó en la sociedad, se necesita de líderes muy decididos que proyecten la voluntad de hacer las reformas radicales y drásticas que sean necesarias, aun cuando les cueste popularidad. Líderes que por miedo a las encuestas y ‘los nuevos tiempos’ tratan de emular a sus adversarios populistas no generan confianza. Esto pasó a Mauricio Macri y también a Carlos Calleja. 

Pero no se equivoquen: los triunfos electorales de los Bukele y Kirchner no son parte de una nueva ola de izquierda, sino de la incapacidad de las sociedades de deshacerse de las tentaciones populistas y la ‘cherocracia’. No hay ola de izquierda pasando por América Latina, como algunos celebran u otros lamentan. Evo Morales tuvo que hacer fraude para tratar de prolongar su régimen. En Chile y Ecuador, la izquierda mostró capacidad de pescar en el río revuelto del descontento social y las movilizaciones de protesta, pero está lejos de construir nuevas mayorías electorales. En Perú hubo una crisis de gobernabilidad, pero sin ningún rol de la izquierda…

La lucha pendiente en todo el continente no es entre derecha e izquierda, sino que entre democracia abierta y racional contra populismo autoritario y corrupto.  

Saludos, Paolo Lüers

Te recomendamos

Movistar FOTOS: Conoce la centenaria mansión de un expresidente que desafía el paso del tiempo en Soyapango
Movistar El caso Milli Vanilli: a 29 años del fraude más grande en la historia de la música pop
Movistar Nerissa y Katherine, las primas ocultas de la reina Isabel que murieron encerradas en un hospital psiquiátrico

Utilizamos cookies y otras tecnologias para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestro sitio web.

Política de privacidad