Carta a mis hijos: Tienen derecho a recuperar su vida normal y libre

Por Paolo Luers
Periodista

Jul 22, 2020- 15:38

Bichos:
A cada rato nos vienen a sermonear, en los medios y en redes sociales, que luego de la pandemia no se vale regresar a “la vieja normalidad” y que hay que cambiar nuestra forma de vivir y construir “una nueva normalidad”. Como si la vida que hemos llevado, nuestra normalidad, haya sido responsable del surgimiento de la pandemia. No me jodan.

No sé cuál habrá sido la normalidad dañina de estos predicadores. Si quieren abandonarla, que lo hagan. Discúlpenme si digo algo políticamente incorrecto, pero yo insisto en recuperar nuestra vida normal. No a la loca, no mañana, pero sí en cuanto la situación sanitaria lo permita. De esto estamos hablando: de la vida post epidemia. 

Insisto en que luego de tanto tiempo que nuestra vida ha estado restringida por la epidemia (y aquí también por el mal gobierno), podamos volver a reunirnos, aunque nuestra familia esté distribuida en varios países; a compartir cenas con nuestros amigos, pasear en los parques, gozar de la vida en la playa; a dedicarse cada uno plenamente a su trabajo, carrera o estudios, sin muletas como conferencias zoom o clases en línea; hacer fiestas, abrazarnos; olvidarnos de esta palabra inhumana del “distanciamiento social”…

¿Qué diablos tiene de malo esta normalidad? ¿Por qué es malo mi deseo de recuperarla y vivirla nueva y plenamente con ustedes y nuestros amigos? 

En última instancia es un asunto de libertad. Estoy de acuerdo que ante desastres como esta epidemia tenemos que aceptar las restricciones de nuestra libertad que sean necesarias para evitar la propagación del virus. Muchas de estas restricciones las asumimos los ciudadanos por nuestra propia iniciativa y responsabilidad, una vez que las autoridades estatales nos den todos los elementos de juicio para tomar las decisiones correctas. Y algunas restricciones las tendrá que decretar el poder legislativo y aplicar el gobierno.

Pero las restricciones a nuestra libertad y normalidad impuestas por el Estado tienen que limitarse a las estrictamente necesarias, basadas en criterios objetivos y científicos, nunca en el afán de consolidar control social. Y el objetivo tiene que ser restablecer la plena libertad de los ciudadanos en cuanto sea posible.

Plena libertad no solo incluye la libertad económica de empresarios y trabajadores, sino el derecho irrestricto de vivir como nos da la santa gana. Tenemos derecho a recuperar y volver a vivir plenamente cada uno la normalidad que nos place, sin remordimiento ninguno. Sin que nos metan miedo ni complejos de culpa…  

Para nosotros, en nuestra familia, de todos modos la normalidad nunca ha sido estática, sino sujeta a un proceso de cambio permanente, tanto colectivo-familiar como de cada uno. A ustedes les ha tocado crecer en un país en transformación, de la guerra a la paz, de la represión a una democracia en construcción permanente, y esto se refleja en su capacidad de reinventarse. Y así será luego de esta experiencia de la pandemia, del confinamiento, del miedo al contagio, de ver amigos y colegas enfermarse y luchar por su vida.

Algunos de ustedes viven en países donde ya están gradualmente regresando a la normalidad. Vi fotos de nuestro hijo escalando montañas en los Alpes, y de mi nieto saltando de alegría al volver a tomar posesión del parque de columpios a la vuelta de su casa en España. Son símbolos de libertad, de la recuperación de normalidad. 

Las lecciones que tenemos que sacar de la epidemia que estamos viviendo no ponen en duda nuestra vida como individuos libres, pero sí el diseño de nuestras instituciones. Hay que hacerlas menos autoritarias e impositivas y más dedicadas a fomentar la responsabilidad ciudadana. Hay que cambiar radicalmente las prioridades del gasto público, priorizando salud, protección civil, educación. En cuanto a la política, no hay que conformarse con la recuperación de la vieja normalidad, sino que hay que acelerar y profundizar las reformas necesarias. 

Ustedes, mis hijos, recuperen su normalidad y libertad, vívanlas en plenitud. No se dejen meter complejos de culpa por volver a gozar la vida.

Saludos, Paolo Lüers

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