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Carta a Óscar Arnulfo Romero: Fallamos

Por Paolo Luers
Periodista

Estimado monseñor:

Desde hace 13 años ejerzo el oficio de redactar, tres veces cada semana, cartas a personajes de nuestra vida política, social, económica y cultural, para hacerles críticas, preguntas o propuestas. Las cartas abiertas nunca realmente son para la persona a la cual está dirigida, sino al público. La gente se relaciona, mucho más que con conceptos teóricos, con personas. Hablándole personas conocidas, se comunica con todos...

En este contexto, me pregunto: ¿Qué tipo de carta te escribiría a ti, la persona que tal vez está más relacionada con los conflictos existenciales y las aspiraciones de los salvadoreños, la figura nacional de la cual más esperan respuestas los salvadoreños?

¿Qué te diría, entonces hoy, 42 años después de tu asesinato? No te abordaría del lado espiritual, religioso, porque no es mi campo. Te abordaría desde el punto de vista político y ético.

Lo primero que te diría es: Te hemos fallado. Tú trazaste la ruta, de la manera más clara que un líder lo puede hacer. Entendimos el mensaje de paz, pero no lo supimos poner en práctica. Fuimos a una guerra que tú nunca quisiste.

Aunque luego de tu muerte fuimos a la guerra, la gran mayoría (en cualquiera de los dos bandos) nunca olvidamos tu imperativo categórico: la paz. Nunca dejamos de anhelarla, aunque nos tardamos 12 años en ponernos de acuerdo y construirla. Así llegamos al 1992, año de la ruptura histórica con el militarismo, la violencia política, la exclusión.

Pero luego te fallamos, nuevamente. Logramos la inclusión política, convirtiendo a El Salvador en un país pluralista. Pero no hicimos lo necesario para lograr la inclusión social. No cumplimos con esta parte de la ruta que marcaste. Te diría hoy: Con tu ausencia (y la de otros como Ignacio Ellacuría o los líderes asesinados de los movimientos sociales) nos faltó el liderazgo fuerte, legítimo, creíble, y al mismo tiempo visionario y pragmático que es indispensable para impulsar, entre todos, una transformación social. Luego de lo que El Salvador vivió durante décadas, no era suficiente que tuviéramos un liderazgo capaz de administrar la transición política, necesitamos más...

No teniendo a alguien como tú para exigirnos más, nos conformamos con los éxitos visibles de la transición: del militarismo a la paz y de la dictadura a la democracia representativa. No lo digo para minimizar estos logros: eran necesarios y reales. No eran farsas como hoy nos quieren decir. Pero no fueron suficientes. Hubo quienes lo señalaron, reiteradamente. Pero no hubo quien tuviera la solvencia moral y la fuerza moral intelectual necesaria para obligar a los partidos, a los académicos, a los empresarios y a los creadores de opinión a unirse y poner en la agenda nacional la inclusión social, a elaborar soluciones y obligar a la clase política a realizarlas.

Esta deuda la estamos pagando ahora, y muy cara. Esta falencia dejó un vacío, el cual se llenó de los depredadores de la corrupción y del populismo barato. El hecho de que gente sin principios y con desprecio por la institucionalidad democrática haya podido llegar -en elecciones libres- al gobierno y al control absoluto del Estado es casi inentendible en una sociedad que profesa haberte adoptado como santo y guía. No sólo los que están reviviendo el militarismo y la persecución política traicionan el legado tuyo, también quienes les hemos permitido llegar al poder y corromperlo.

En la gran crisis nacional del 1979/80, tú trazaste la ruta con claridad. Te fallamos entonces. Pero esta ruta es aplicable hoy para salir de la crisis nacional actual: hay que recuperar el diálogo; incluir a todos en la solución; buscar una solución que incluya la justicia social; y deshacerse de un gobierno antipopular y represivo.

La gente que comienza a protestar, muchos con fotos tuyas y frases de tus homilías, conoce cuál es la ruta y lo grita en las calles de San Salvador. Aunque lo expresan de forma diferente, están recuperando tu mensaje.

Espero que no te fallemos otra vez.

Saludos, Paolo Luers

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