Carta a periodistas y lectores: Así nacen los medios independientes

Por Paolo Luers
Periodista

Oct 21, 2020- 16:24

Cuando en Alemania, en los años 70, nos hartamos de los periódicos conservadores, mentirosos, aburridos, ceremoniosos y mediocres fundamos uno nuevo. Queríamos dar una voz propia a nuestra generación marcada por la posguerra, por los pecados y el silencio de nuestros padres y por la rebelión estudiantil del 68. Soñábamos con hacer un periódico independiente, crítico, irreverente, creativo, plural y rebelde, y que fuera nuestro, dirigido por los periodistas de manera democrática.

Éramos periodistas muy jóvenes, recién salidos de carreras universitarias como sociología, literatura, política, leyes, economía lingüística, casi todos sin experiencia, graduados más bien en años de trabajo en movimientos ciudadanos, comités de barrios, iniciativas ecológicas o sindicatos. Yo fui uno de los pocos con más de 30 años. Para poder participar, habíamos modificado una de las consignas emblemáticas del 68: El “¡No confíen en nadie encima de los 30 años” lo reformulamos a “¡No confíen en nadie encima de los 40!”

Luego de meses de discusiones, diseños y levantamiento de fondos entre los académicos y profesionales jóvenes del país (que se convirtieron en socios del periódico), nació ‘Die Tageszeitung’ (El Diario) en 1978, apodado cariñosamente como ‘la TAZ’. Sabíamos que para mantener nuestra independencia editorial teníamos que desarrollar un modelo alternativo de financiamiento. Hubo muchas propuestas de cómo lograr esto, pero a nadie se le ocurrió mirar hacia el Estado para ayudarnos a competir con los medios comerciales.

Nuestras metas eran revolucionar la manera de hacer, administrar y hacer sostenible un periódico independiente; cambiar la manera de abordar los temas, desarrollando periodismo investigativo y de debate; y crear una voz opositora plural que no dependa de los partidos opositores. 

Sabíamos que la principal resistencia al desarrollo de este periódico vendría de la política, de los gobiernos de turno y de los partidos.

Algunos teníamos incluso metas más ambiciosas: Pensábamos que haciendo de manera tan diferente nuestro periódico y estableciendo una relación democrática y participativa con nuestros lectores podíamos obligar a los medios tradicionales y comerciales a modernizarse y abrirse hacia un periodismo pluralista. Y 42 años después me atrevo a decir que lo logramos, junto con otras iniciativas culturales, sociales y comunicacionales. Obligamos a los periódicos a ser mejores…

El nuevo periodismo obligó al Estado y los gobiernos de turno a tomar en cuenta el poder de la opinión pública, a respetar la pluralidad y a someterse al escrutinio crítico del periodismo investigativo.

En los primeros años de la TAZ todo fue cuesta arriba. Tuvimos que aprender sobre la marcha, corregir errores, volvernos más humildes y prácticos. Trabajamos con sueldos ridículos y horarios inhumanos. Contratar a periodistas experimentados, ofreciéndoles el doble de su salario, no era opción. Ni los queríamos atraer. Tuvimos pleitos internos, discusiones desgastantes. Pero logramos aprender rápido, sobrevivir, mejorar, crecer, sostenernos. Cuando luego de dirigir la sección internacional me fui a Centroamérica como corresponsal de la TAZ, el periódico ya estaba funcionando profesionalmente y en camino a crecer. Hoy la TZ es uno de los periódicos nacionales referentes de Alemania, igual que su hermana gemela ‘Libération’ en Francia o, con menos crecimiento e impacto, ‘Il Manifesto’ en Italia.

En El Salvador nacieron en los años 90, con esta misma concepción, medios escritos como ‘Primera Plana’ y ‘El Faro’. El primero fracasó por falta de inversionistas, pero logró dar un fuerte impulso de renovación al periodismo nacional; el segundo logró convertirse en un referente nacional de periodismo digital.

Independientes, humildes y rebeldes, así es que nacen medios que dan respuesta a una falta de apertura pluralista en el mapa de medios de comunicación. Nacen de abajo, nunca de arriba. Nacen de iniciativas ciudadanas, nunca del Estado. Nacen pobres, no bañados en lujos.

Saludos, Paolo Lüers

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