Tres campesinos que no sabían que fueron “dueños” de la isla Perico

Los campesinos que trabajaban para la familia Ímbers, fueron "dueños momentáneos", de más de 20 manzanas de terreno.

Foto EDH / Oscar Iraheta

Por Jorge Beltrán

Sep 26, 2018- 21:20

Crisanto Pineda, José Gonzalo Blanco y Juan Antonio Mendoza eran trabajadores del empresario Marcelino Ímbers Ferrer en la década de 1990. De los tres solo Gonzalo sabía leer y escribir y por eso sabía que su patrón lo usó para evitar que la Financiera Nacional de Tierras Agrícolas (FINATA) le expropiara parte de la isla Perico. Eso asegura él.

Aunque en archivos del Centro Nacional de Registros existen documentos que hacen constar que los tres campesinos recibieron, en conjunto, un aproximado de 20 manzanas de tierra de esa isla de parte de FINATA, Gonzalo y Crisanto niegan que hayan tomado posesión de esas tierras. Juan Antonio murió hace un par de años.

 

Quien se mostró sorprendido cuando se le preguntó sobre la parcela de tierra que tuvo en la isla Perico fue Crisanto, un hombre que a sus 76 años aún siembra maíz, sandía y cualquier cosa que pueda cosechar de la tierra.

Foto EDH / Oscar Iraheta“Yo no he vendido ni he comprado nada. Fíjese que ni conozco la isla Perico”, dijo entre risotadas al enterarse de que por unas horas fue propietario, según documentos del Centro Nacional de Registros (CNR), de una parte de la isla que en estos días ha crispado los nervios de quienes viven en ella y de políticos y funcionarios salvadoreños que están enfrascados en un jaloneo, unos por evitar que la isla sea vendida a empresarios chinos y otros porque los asiáticos se hagan de ese territorio insular en el que, supuestamente, construirán un complejo turístico.

Crisanto dice que un día de un año que no recuerda, su patrón le dijo que para el siguiente día tenía que prepararse, es decir, ponerse ropa distinta a la de trabajo, porque harían un viaje a San Miguel. Estando en aquella ciudad, recuerda que lo llevaron a una oficina donde le hicieron poner sus huellas digitales en algunos papeles. Pero él asegura que no supo de qué trataban aquellos documentos.

“Como los patrones de antes así eran, así hacían: solo decían hacé esto y los trabajadores tenían que hacerlo”, dice un hijo de Crisanto.

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Unas vez que Crisanto dio su explicación, se volvió a su trabajo agrícola, en las faldas del volcán de Conchagua.
Crisanto trabajó 26 años con los Ímbers.

Por su parte, Gonzalo dice que trabajó 30 años con Marcelino Ímbers Ferrer y, al igual que Crisanto, niega que haya tenido terrenos en la isla Perico. 

Foto EDH / Oscar Iraheta“Él lo hizo como una venta porque, supuestamente, lo iba a quitar Finata, como nosotros éramos trabajadores, nos usó nada más, porque eso de que nosotros fuimos dueños nunca fue cierto. Ni supimos cuánto era esa tierra. Simplemente firmamos un papeleo que ellos conservaron”, dice Gonzalo.

El 17 de febrero de 1994 dejó de trabajar con Ímbers Ferrer y se fue para Estados Unidos. Estando allá, su antiguo patrono lo llamaba para preguntarle cuándo iba a regresar para que le volviera a firmar los documentos de traspaso de la parcela.

“Yo ni me acordaba de eso, fíjese, hasta hoy que usted me lo ha explicado. Pero eso es fácil de investigar. Como nosotros éramos trabajadores viejos, él nos dijo que quería que le hiciéramos un favor”, explicó Gonzalo.

Marcelino les dijo que la isla se la iban a quitar pero que si hacía como si les vendía una parte a cada uno, entonces no se la quitarían.

“Entonces nos llevó a San Miguel a firmar unos papeles, a firmar las escrituras, pero eso era mentira. Luego andaba sofocado de que quería que le hiciéramos el papeleo de nuevo para entregársela de nuevo. Él tenía miedo de que se la quitáramos”, dice Gonzalo.

Gonzalo dice que aquellos papeles que firmó eran escrituras reales, pero realmente no recibieron nada y tampoco recuerdan que FINATA fuera quien les entregó las parcelas, aseguran ambos campesinos.

Sin duda, en esos documentos hubo algo que podría haber estado al margen de la ley y FINATA tendría mucho que explicar en qué se basó para elaborar el acta en la que daba por expropiada una parte de la isla Perico y que, años después, entregó a tres trabajadores de la familia dueña del inmueble.

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El Diario de Hoy contactó a Marcelino Ímbers Bonilla, uno de los propietarios de la isla Perico, pero dijo que “por el rumbo político que había tomado el tema y por seguridad para su familia, sería franco al decir que no estaban interesados en emitir opinión porque no lo consideraba prudente, relevante ni necesario”.

Invitan a Sánchez Cerén a visitar la isla

Felícita Marquina está al tanto de lo que ocurre en el ámbito político sobre la isla Perico, donde vive desde hace unos 60 años. Asegura que están más afligidos tras enterarse de que el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, vetó la reforma de ley que impedía vender islas a extranjeros.

Esa reforma fue aprobada por diputados de la Asamblea Legislativa luego de enterarse de que unos empresarios chinos estaban interesados en comprar las islas Perico y Periquito.

De alguna manera, esa especie de candado legal había tranquilizado a los adultos que viven en ese territorio insular.

Ante el veto presidencial, Felícita invitó al mandatario salvadoreño a que visite la isla y se entere de cómo viven sus 134 habitantes: pobres, prácticamente abandonados por el Estado, pero felices y que no es posible que de un plumazo les quieran arrebatar el modo de vida que han tenido prácticamente toda su vida.

“Invitamos al señor Sánchez Cerén a que nos visite y vea que aquí lo que necesitamos es ayuda y no más angustias. Somos gente humilde, gente pobre, que queremos seguir viviendo en esta isla, donde no le hacemos daño a nadie”, indicó, Felícita.

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