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Xu Jiayin, el presidente de Evergrande la empresa que lo convirtió en millonario y ahora lo arrastra a la quiebra

Con una fortuna valorada en 42.500 millones de dólares según Forbes, ahora Jiayin ve los estragos de fallidas relaciones con la élite política y económica de China.

Por S. López | Sep 21, 2021- 12:00

Foto: AFP

De la opulencia a las cifras en rojo, Xu Jiayin uno de los empresarios de bienes racíces más respetados de China está inmerso en una dura batalla por salvar su empresa Evergrande.

Su deuda asciende a 305.000 millones de dólares, y corre el riesgo de entrar en un proceso de insolvencia por culpa de dos de sus filiales, lo que provocó un nuevo desplome de sus acciones e incrementó los temores a que su caída pueda tener consecuencias para el sistema bancario.

A sus 62 años de edad, siempre atribuyó su éxito a la educación y al Partido Comunista: “Sin la reanudación del examen nacional de acceso a la universidad, sigo en el campo. Sin una beca estatal de 14 yuanes, no podría ir a la universidad. Sin la reforma y la apertura del país, Evergrande no es lo que es hoy”, dijo. “Todo lo de Evergrande viene dado por el Partido, el Estado y la sociedad”.

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Sus buenas relaciones en el Partido Comunista lo llevaron a recibir una invitación al congreso partidario del 2018, donde pronunció un discurso y saludó la contribución de la empresa privada al crecimiento de China.

Según la consultora Cercius Group, especializada en la política de la élite china, Hui se benefició de las estrechas conexiones con Zeng Qinghong, ex vicepresidente del país en la década de 2000, pero ya retirado de la política. También mantiene estrechas relaciones con otros multimillonarios de Hong Kong, como Joseph Lau y Cheung Chung-Kiu, con los que juega poker.

Recientemente, fue fotografiado en la plaza de Tiananmen durante el centenario del partido. Pero esa no sería una buena señal “El hecho de que Hui haya sido invitado al centenario del Partido este año significa que está en el radar de Xi Jinping, lo que no suele ser bueno”, señalan los investigadores de Cercius, citados por el Financial Times.

Es que recientemente, los magnates han caído en desgracia con Xi, que ahora impulsa la “prosperidad común”. Así, Xu se enfrenta a una ofensiva gubernamental contra la riqueza extrema.

Las acciones de la empresa en la bolsa de Hong Kong cayeron hoy más de un 11 %, acentuando una tendencia habitual de aproximadamente el último año, período en el que Evergrande ha perdido más del 80 % de su valor bursátil.

Un grupo de inversores protestó en el vestíbulo de la sede de la multinacional inmobiliaria, en la ciudad de Shenzhen (sur), con la esperanza de proteger sus intereses ante la posible quiebra de la empresa.

Los problemas vienen de atrás
El grupo Evergrande, fundado en 1996, se benefició de la ola migratoria a las ciudades y de las extensiones de los derechos de propiedad inmobiliaria en el país asiático y en 2009 empezó a cotizar en la bolsa de Hong Kong, donde tuvo un buen desempeño durante los siguientes diez años.

A raíz del crecimiento de la empresa, su fundador, Xu Jiayin, se convirtió en el hombre más rico de China con una fortuna valorada en 42.500 millones de dólares según Forbes a finales de 2017, año en el que el valor en bolsa de las acciones de Evergrande también alcanzó su pico.

Sin embargo, el éxito del grupo escondía una enorme deuda con la que había sufragado su expansión a otros sectores como los de servicios sanitarios, vehículos eléctricos o incluso el deportivo (en 2010 se hizo con el control del Guangzhou F.C., uno de los principales equipos de fútbol de China).

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La China en la que Evergrande había florecido había cambiado: cuando se fundó la empresa en 1996 la población urbana de China representaba el 29 % del total y en 2017 ya era el 57 %, todavía con margen de crecimiento pero no al ritmo frenético de las dos décadas anteriores.

En agosto del año pasado y para controlar el creciente precio de la vivienda y limitar el capital atraído por el sector inmobiliario, el Gobierno chino anunció la política de “tres líneas rojas”: si una promotora no cumplía ciertos requisitos en su coeficiente entre deudas y activos y en su apalacancamiento, las autoridades limitarían su acceso al crédito.

Evergrande, una de las empresas más endeudadas del sector, propuso entonces una estrategia de “reducción y control de la deuda” que incluyó grandes descuentos en la venta de apartamentos para tratar de cumplir con los parámetros marcados por las autoridades.

Sin embargo, sería insuficiente para hacer frente a los problemas que le esperaban en 2021.

Un año negro
En 2021, Evergrande tuvo que hacer frente a una caída del valor de las ventas de nuevas viviendas y a nuevas regulaciones del sector inmobiliario por parte de Pekín con el objetivo declarado de combatir la especulación.

Tanto los ingresos como los beneficios del grupo cayeron entre enero y junio de este año y algunos proyectos han quedado en suspenso mientras se sacaron activos a la venta para generar liquidez e intentar solucionar sus problemas en el flujo de caja, que se redujo en la primera mitad del año un 45 % interanual hasta los 86.800 millones de yuanes (13.431 millones de dólares, 11.345 millones de euros)

Pese a que el sector inmobiliario ha sido uno de los pilares del crecimiento chino y representa según la Oficina Nacional de Estadística el 7,5 % del PIB del país, el viceprimer ministro chino, Han Zheng, pidió en julio un todavía mayor escrutinio del sector y esfuerzos para “acelerar el desarrollo de la vivienda pública de alquiler” y evitar el uso del sector inmobiliario para “estimular la economía a corto plazo”.

La semana pasada, los rumores de quiebra se volvieron a disparar cuando Evergrande sufrió dos recortes en la calificación de su deuda por parte de las agencias Moody’s y Fitch, la cual alertaba de un “alto riesgo de impago”.

Hoy, la empresa anunciaba que el valor de las ventas de propiedades en los pasados junio, julio y agosto fue de 153.490 millones de yuanes (23.807 millones de dólares, 20.150 millones de euros), cifra que supone “una tendencia a la baja” y que se mantendrá en septiembre, aseguraba en un comunicado.

La quiebra de un gigante
El lunes la empresa publicó un comunicado para acallar los crecientes rumores de bancarrota en el que aseguraba que las noticias sobre su quiebra “son completamente falsas”, pese a que reconocía que el grupo “se enfrentaba a dificultades sin precedentes”.

Michael Pettis, profesor de Finanzas de la Universidad del Pueblo en Pekín, explicaba en su cuenta de Twitter: “siempre es un mal síntoma que una empresa tenga que negar oficialmente rumores de quiebra” y añadía que “es demasiado tarde para resolver este problema de forma interna”.

Por el momento, Evergrande se encuentra en negociaciones con los inversores en sus productos de gestión patrimonial, a quienes, según Caixin, les habría propuesto tres métodos diferentes de pago que posibilitarían a la empresa cumplir con sus obligaciones y mantener su liquidez.

El efecto de la posible quiebra de Evergrande, que da empleo a más de 120.000 personas, se sentiría no sólo en el país asiático sino también en los mercados globales dado el gran tamaño del grupo, cuyo pasivo es de casi 1,97 billones de yuanes (304.821 millones de dólares, 257.487 millones de euros).

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