Arnoldo Carrillo, el sexagenario encantado por las “burletas” de la laguna El Jocotal

Es uno de los 260 pescadores registrados de la laguna El Jocotal. Junto a su familia fueron los segundos pobladores que llegaron a la zona. A sus 66 años es todo un referente de la historia y los acontecimientos que han marcado este lugar a través de los años.

Don Arnoldo tenía dos años. Ahora a los 66 años es todo un referente de la historia y los acontecimientos que han marcado el desarrollo y la evolución de la zona a través de los años.

Por Xiomara Alfaro

May 22, 2019- 06:40

Don Arnoldo Carrillo es uno de los primeros habitantes de los caseríos ubicados a las orillas de la laguna El Jocotal. Como si fuera ayer recuerda cuando llegó al Borbollón, en el municipio El Transito, departamento de San Miguel donde habita desde hace 64 años.

Su padre, originario de Usulután y su madre de Chinameca, emigraron a esta zona en 1953, solo una familia había poblado el lugar cuando los Carrillo se asentaron ahí. “Fuimos la segunda familia en llegar aquí”, resalta.

Don Arnoldo tenía dos años. Ahora a los 66 años es todo un referente de la historia, los mitos y los acontecimientos que han marcado la zona a través de los años.

“Si alguien conoce bien la laguna El Jocotal es don Arnoldo”, dice José Isidro Flores (Don Chilo), uno de los guarda recursos del Marn que desde muy temprano cada mañana, con bitácora y su pichingón de agua en mano, hace su recorrido por todo el perímetro de la laguna.

Don Arnoldo Carrillo tiene 66 años. Con el paso de los años ha sido testigo de los cambios que sufrido la laguna El Jocotal. Foto: Josué Parada

Sobre la poza azul , uno de los misterios que rodea el encanto del Jocotal dice que es real, que no tiene profundidad, la ubica a unas “cuatro cuadras” de la orilla y que en el fondo hay una iglesia. “Usted llega, si se sumerge encuentra unas gradas, como de una iglesia. Mi papá decía que era el respiradero del volcán. Si (la laguna) se seca, la poza azul siempre va a existir, es profunda. Al llegar ahí se siente hasta escalofríos, el agua es azul y usted siente que se va levantando, no jala hacia abajo si no que sube, no es como un remolino; en lo más profundo el agua es helada como hielo”.

Habla además de las “burletas”, las voces que se escuchan a altas horas de la noche y que, en sus palabras, podría enloquecer a quienes no creen que existen. 

Niños del Borbollón disfrutan un baño en la laguna El Jocotal mientras sus madres lavan ropa. Foto: Xiomara Alfaro

Don Arnoldo dice que las ha escuchado a media noche, cuando sale a pescar. “Es la voz de una mujer que se escucha en esa poza”, agrega mientras señala el sector frente a su humilde casa donde varias mujeres lavan ropa mientras sus pequeños hijos disfrutan de un baño.

Dice que, al escucharlas lo mejor es “quedarse (en el lugar)”, muchos se van buscando las voces “y pueden quedar (perdidos) en la montaña”.

“La laguna era buenísima para pescar”

El sexagenario dice que antes la laguna era más limpia. “Todo esto ha venido cambiando, con el tiempo hemos ido viendo como se va perdiendo, el monte va creciendo”, agrega el sexagenario refiriéndose a la ninfa que para esta fecha cubre grandes extensiones de la superficie del agua y dificulta la pesca.

“¡Nosotros aquí vivimos, pero como no queremos limpiarla!, lamenta.

La ninfa cubre grandes extensiones de la superficie de la laguna durante el verano. Foto: Josué Parada

Con nostalgia recuerda lo bueno que era en aquel tiempo para pescar y caminar  con toda confianza por las veredas, con carretas… ¿sabe usted cuáles eran las carretas?, pregunta refiriéndose a las yuntas de bueyes.

La laguna El Jocotal es considerada la comunidad ecológica más importante de la zona oriental del país, alberga una especie de mangle dulce en peligro de extinción, asimismo mantiene la población de aves acuáticas más diversas de la zona, entre migratorias y residentes.

Y agrega: “En el tiempo en el que era cipote la laguna era buenísima para pescar, habían poquitos pescadores, ahora no, hay más, por eso (es) que ahora la situación va más para abajo”.

Área de descanso de la laguna El Jocotal. Turistas nacionales y extranjeros visitan el lugar sobre todo durante el verano. Foto: Xiomara Alfaro

Don Arnoldo es uno de los 260 pescadores que se dedican de manera permanente a este oficio. Cor orgullo dice que fue este trabajo el que le permitió criar a sus cinco hijos (tres varones y dos mujeres). Cuando el tiempo se lo permite también se dedica a la siembra de maíz y ajonjolí. Ambos oficios son también la fuente de ingresos de los tres vástagos que viven junto a él. Los otros dos emigraron a Estados Unidos.

Su mirada se llena de esperanza al hablar de sus 14 nietos. 

“Mi papá me crío en la pesca y me crío trabajando en la tierra. De eso vivimos nosotros, más que todo de la laguna”, reitera.

Don Arnoldo recuerda cuando a finales de los 80 fue derribado un muro de contención que estaba unido al desagüe, en la parte sur poniente de la laguna a raíz de esto los lugareños denunciaron los niveles más bajos de la laguna y temieron que se secara. A través de los años este ojo de agua, ubicado a 138 kilómetros de San Salvador, ha ido experimentando varias transformaciones y la preocupación de los lugareños ha estado enfocada sobretodo en los niveles en descensos que refleja cada año. “Antes la laguna tenía un muro que detenía para que el agua no se saliera, pero los antiguos dueños al vender la hacienda lo botaron, desde hace tiempo venimos trabajando poniéndole esas piedras”.

Don Chilo, guarda recursos del Marn, junto a visitantes en uno de los puntos de observación de aves. El Jocotal es una área importante de aterrizaje de aves acuáticas que realizan su ruta migratoria desde Alaska hacia Sudamérica. Foto: Xiomara Alfaro

La platica podría extenderse por horas, la mística de este hombre cabisbajo, tal vez por los años y el trabajo de sol a sol que sigue siendo su diario vivir, envuelve de principio a fin: “La situación hoy para mantener a los hijos es difícil, hace mucho tiempo una tía tuvo 18 y todos se criaron, ella murió a los 115 años, vio nietos y bisnietos. Tal vez yo no llegue a esa edad, pero me siento satisfecho por lo que he vivido”.

Foto: Archivo

 

 

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