Gladys tuvo que cambiar su negocio de rosas por el comercio de verduras y lácteos

Ante la crisis, los propietarios de Flores de Guatemala pasaron de vender rosas y lirios a ofrecer verduras y quesos.

Gladys ha tenido que dejar su negocio de flores por ahora y se ha dedicado a vender verduras para sobrevivir.

Por Tania Urías

May 09, 2020- 11:46

Crisantemos, gerberas, azucenas, rosas de todos los colores, lirios, claveles y aves del paraíso eran hasta hace dos meses el negocio de doña Gladys de Flores y su esposo Tránsito de Jesús Flores, quienes llegaron a El Salvador hace más de tres décadas para fundar la floristería.

El negocio, que nació en 1992 con una sucursal en la colonia Miramonte, hoy día cuenta con dos tiendas propias y 11 en modalidad de franquicia, en donde venden al detalle y por mayor- a al menos 20 floristerías- y además, ofrecen arreglos personalizados.

Sin embargo, desde el 21 de marzo, cuando comenzó la primera cuarentena decretada por el Gobierno, las ventas de flores se fueron a pique y los ingresos también.

LEA TAMBIÉN: Comerciantes golpeados por la cancelación de pedidos para el Día de la Madre

Ella contó que pagó a sus 20 empleados- de las dos tiendas propias- solo el 75% del salario y los mandó a casa.

“Estaba desesperada, porque no sabía cómo íbamos a sobrevivir o cuánto iba a durar esto”, contó.

Sin embargo, se le ocurrió pensar en qué podía estar demandando la gente y guardó las flores para instalar una venta primero de verduras y frutas y que luego amplió a lácteos y otros productos.

“Cuando me dijeron que no podía vender flores, yo me puse a pensar qué podía hacer para generar dinero y se me vino la idea de las verduras y mi hijo me apoyó y fuimos a comprar y así empezamos”, contó.

Hoy la reconocida floristería se ha transformado en una surtida venta de hortalizas, productos lácteos y artículos de primera necesidad, aunque ella reconoce que no deja de lado las flores.

LEA TAMBIÉN: Los gemelos Xavier y Henry iban a vender su negocio: en dos meses creció y generó 14 empleos

“Dios nos ilumina y de ahí sacamos para comer y ha sido una bendición, pero yo mis flores no las dejo”, sentencia.

Doña Gladys cuenta que cuando tenía apenas quince años entró por primera vez a una floristería como aprendiz y de ahí el oficio se convirtió en su pasión.

“A mi las flores me fascinan, nunca me aburren, es mi pasión, yo amo tanto mi trabajo que lo hago con toda dedicación. Esta es mi vida”, cuenta emocionada.

La empresaria y su esposo tienen seis hijos, todos involucrados también en el negocio, ya que han crecido rodeados de los aromáticos y coloridos arreglos y, como su madre, han desarrollado el amor por ese trabajo.

Una hija se encarga de la finca de flores en Guatemala, otro ve el inventario de productos, otro más es el responsable de la caja y dos hacen arreglos y globos.

Ella dice que el negocio actual le da para vivir, pero su ilusión es que pase la pandemia y vuelva a lo que la apasiona, las flores.

Vea nuestro especial de Coronavirus

Utilizamos cookies y otras tecnologias para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestro sitio web.

Política de privacidad