Cuatro de cada 10 ninis buscan trabajo activamente

El estudio de Fusades, que es parte de la investigación del BID, revela que en El Salvador ser nini es una “realidad temporal” que depende de la situación personal, familiar y del entorno.

El 74 % de los que entran al mercado laboral, se quedan trabajando en la informalidad, el 40 % con menos horas y casi la mitad gana menos del salario mínimo.

Por Vanessa Linares

Nov 26, 2018- 19:09

Cuatro de cada 10 jóvenes salvadoreños de entre 15 y 24 años son ninis o lo han sido alguna vez; es decir, personas que no estudian, ni se capacitan, ni trabajan, según indica el estudio “Escuchando a los jóvenes del Área Metropolinana de San Salvador (AMSS)”, elaborado por la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades).

Los resultados de la investigación, que encuestó a 1,442 salvadoreños de entre 15 y 24 años de edad en el AMSS en los primeros meses del año pasado, señalan que los jóvenes se distribuyen entre los que se dedican exclusivamente a estudiar (53 %), los que solo trabajan (16 %), aquellos quienes combinan estudios y trabajo (8 %) y los que no hacen ninguna de las actividades anteriores, los ninis (24 %).

La directora del Centro de Investigación y Estadísticas (CIE) de Fusades, Margarita de Sanfeliú, señaló que pese a que el término nini es despectivo y suele hacer referencia a una persona improductiva u ociosa, “la realidad es que los ninis no están sin hacer nada”.

Cerca de un tercio se dedican a trabajo de cuido no remunerado (sobre todo las mujeres, que promedian 9 horas diarias) y casi 4 de cada 10 del total de ninis buscan trabajo activamente.

“No están desocupados. No son vagos. Quitando eso, nos deja un 5 % del total de jóvenes que podríamos decirles ninis, a esos les hemos llamado ninis real; pero de esos, la mitad, por lo menos, trabajaron y otro 20 % buscó trabajo aunque no lo encontró”, dijo Sanfeliú.

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En total, cuatro de cada 10 jóvenes es o ha sido nini alguna vez en su vida. En el estudio, el 47 % de los que ahora estudian y trabajan y el 12 % de los que se dedican exclusivamente al estudio, dijeron que en alguna ocasión fueron ninis.

De ahí que, “ser nini es una realidad temporal” que depende de la situación personal, familiar y del entorno de los jóvenes, consideró la directora del CIE.

Aunque varían, al consultar sobre las razones por la que no estudian ni trabajan ni se capacitan, en la actualidad o alguna vez, los jóvenes reconocieron obstáculos concretos como las dificultades económicas y la falta de oportunidades.

Además, un 40 % de los hombres de 15 – 17 años dijo que no estudia por la inseguridad. La dominación territorial de las pandillas limita que vayan a estudiar o trabajar, y también sufren de estigmatización por su lugar de residencia.

“La percepción es que ser nini se asocia con conductas antisociales; sin embargo, los resultados muestran la relación inversa: la inseguridad contribuye a que algunos jóvenes sean ninis”, aseveró Fusades.

El caso salvadoreño se incluye en el capítulo 5 del recién publicado libro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) denominado “Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar?”.

De acuerdo con la publicación del BID, los jóvenes en la región enfrentan algunas limitaciones comunes, pero también se observan diferencias importantes entre los países.

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15 mil jóvenes que no hacen nada serán beneficiados. En mayo, un estudio reveló que en El Salvador, hasta el 2012, había 415 mil jóvenes que ni trabajan ni estudian.

Por ejemplo, el contexto de violencia en el que los jóvenes toman sus decisiones educativas y laborales es particularmente relevante en El Salvador, mientras que, en Haití, las oportunidades que enfrentan los jóvenes están altamente marcadas por los desastres naturales que han azotado al país y por el fenómeno de la migración masiva.

Mientras en Paraguay y Colombia, el 27 y 24 % de los jóvenes logra combinar el trabajo con el estudio, en El Salvador, solo el 8 % está en esta situación.

Sanfeliú detalló que el principal objetivo de libro del BID, y en particular de la investigación en El Salvador, es responder preguntas como ¿qué hay detrás de las decisiones educativas y laborales de los jóvenes? y ¿qué políticas pueden ayudarlos a hacer una transición exitosa al mercado de trabajo?

Aquellos jóvenes salvadoreños que deciden trabajar se encuentran con un entorno complicado, de bajo crecimiento, donde las oportunidades de empleos formales son escasas.

En 2008, con la crisis económica mundial, se perdieron trabajos en todos los niveles, pero al 2011 ya se habían recuperado todos los trabajos perdidos de los adultos, y, aunque poco, han seguido creciendo; no obstante, en 2017 habían 9,000 empleos menos para jóvenes que los que habían antes de la crisis.

De los que deciden insertarse al mercado laboral, el 74 % se queda en la informalidad, el 47 % gana menos del salario mínimo y la tasa de rotación laboral para los empleados más jóvenes es mucho más alta que la de los adultos. Al momento del estudio, Fusades encontró que solo un 15 % tenía más de un año de trabajar en su empleo actual.

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Los que no estudian son los que tienen más deficiencias

“Los ninis salvadoreños no son muy diferentes de aquellos jóvenes que solo trabajan. Las diferencias grandes se observan entre los jóvenes que continúan estudiando (ya sea que trabajen o no) y los demás”, resumió la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades) en su estudio sobre los jóvenes en el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS).

Para el caso local, la investigación, que formó parte de la del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre los millennials en América Latina y el Caribe y sus dificultades para decidir si estudiar o trabajar, incluyó algunas pruebas congnitivas de habilidades numéricas, de lenguaje, especiales y algunas técnicas y reveló que en términos generales, para desenvolverse en el mercado laboral, los jóvenes salvadoreños muestran un perfil heterogéneo, con áreas fuertes y otras débiles, y predomina su permanencia en el sistema educativo.

Las mayores deficiencias están en las habilidades numéricas. Se les pidió, por ejemplo, dividir una cantidad de dinero entre cinco amigos y solo el 37 % de los participantes pudo hacerlo. Sacando a los que no lo hicieron, los que sí, apenas lograron un 53 % de las respuestas correctas, una cifra casi 10 puntos porcentuales más baja que la media de la región. También se advirtieron brechas entre hombres y mujeres.

Por otro lado, en el manejo de inglés, con un 27 %, los jóvenes salvadoreños tuvieron el promedio más alto de la región.

Las fortalezas se encontraron en que 9 de cada 10 jóvenes manejan dispositivos tecnológicos con facilidad “lo que es clave para la inserción laboral en un mercado cada vez más tecnológico” y que, en general, tienen altas habilidades socioemocionales como valores de autosuficiencia y perseverancia.

No obstante, también se alertó que los jóvenes tienen bajos valores de autoestima y, especialmente los ninis, perciben que su situación depende más de factores externos que de su propio esfuerzo.

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