Confinamiento hizo despuntar el servicio a domicilio, según sondeo

Cuatro de cada 10 repartidores consiguieron empleo gracias al confinamiento, según un sondeo hecho por estudiantes de la Universidad Dr. José Matías Delgado.

La mayoría de los repartidores de comida y medicinas utilizan la moto como medio de transporte. Foto EDH/archivo

Por Tania Urías

Jun 19, 2020- 20:30

¿Alguna vez se ha preguntado quién es el motorizado que toca su puerta y le lleva medicamentos o comida? ¿Cuánto ganan? ¿Cómo se transportan?

Estas y otras interrogantes son posibles de responder gracias a un sondeo realizado por un grupo de estudiantes de la cátedra Géneros Periodísticos de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Dr. José Matías Delgado (UJMD).

El sondeo realizado con repartidores del Gran San Salvador permite acercarse al perfil de los salvadoreños dedicados a este oficio.

Uno de los datos más relevantes es que cuatro de cada diez repartidores a domicilio, 50 de un total de 118 consultados, consiguieron ese empleo después que El Salvador se sometiera a un confinamiento obligatorio como parte de las medidas de contención de la pandemia. Para la mitad de los consultados no hay otro ingreso más que el que reciben en este empleo.

Y es que aunque muchas empresas ya contaban con su propio servicio a domicilio y otras realizaban sus envíos a través de terceros como Hugo, Get my Food, Gourmet Express o UberEats, aplicaciones digitales que facilitan el acceso al “delivery”, la emergencia forzó a muchas otros negocios que no ofrecían el servicio a tenerlo para continuar sus operaciones.

Esto ha generado un incremento en el número de personas que trabajan como repartidores, pero también provocó que las jornadas de trabajo se extendieran.

Estas son las medidas que aplicarán los negocios que venden comida para llevar y a domicilio

De acuerdo al sondeo de los estudiantes, el 40.4% de los repartidores trabajan de 7 a 8 horas diarias, el 30.3% de 4 a 6 horas y el 19.3% trabaja más de 8 horas por día.

Más de la mitad de los repartidores realiza entre 10 y 20 entregas por día. Cada pedido se pone en marcha cuando el repartidor recibe la notificación, va por el producto solicitado a un lugar en específico y luego se dirige hasta el punto de entrega.

Es por esta razón que el 68.8% comenta que entre los percances con los clientes al realizar un pedido es el retraso en la entrega.

El consumidor ha estado acostumbrado a un servicio a domicilio despachado directamente desde el local que ofrece el producto que ordena y lo recibe en un lapso determinado. Hay incluso empresas que, después de cierto tiempo transcurrido, ofrecen el producto gratis o con otro tipo de incentivos para contrarrestar la larga espera del cliente y hacerlos fiel a su marca.

Sin embargo, esto no ocurre cuando el servicio es hecho a través de terceros, puesto que el cliente es el que debe de pagar extra por el envío.

El principal medio de transporte que usan los entrevistados es la motocicleta, medio que facilita el desplazamiento en el tráfico normal de la ciudad, aunque un 38.5% se desplaza en carro y un 7.3% lo hace en bicicleta.

Muchos respondieron que al ser los dueños de los medios en los que se transportan responden por daños ocasionados al mismo. Pero tres de cada diez asegura que es la empresa para la que ellos trabajan la que responde por daños y solamente un 16.5% dice que es la empresa la que responde mediante una aseguradora. Siete de cada diez encuestados niega haber tenido un accidente de tránsito mientras trabajaba.

¿Cómo enfrentan la COVID-19?

Cuatro de cada diez de los repartidores entrevistados tiene miedo de contagiarse del virus a la hora de realizar su trabajo, según refleja el sondeo de la UJMD.

Ciertamente, con poco o mucho miedo, todos están conscientes del riesgo al que se enfrentan al salir a trabajar cada día.

Por ello, todos indicaron que cumplen con sus debidas medidas de precaución, tanto para su seguridad como para el consumidor. Todos los encuestados incluyen mascarillas entre sus medidas sanitarias.

El 71.6% incluye alcohol gel y un 64.2% guantes. Estas son las medidas de bioseguridad más populares a nivel mundial para protegerse del contagio, pero existen otras como lentes, almohadillas desinfectantes para zapatos y desinfectante en spray que son utilizados por menos del 30% de los repartidores.

Del corazón a la mesa, la historia de un repartidor

Luego de tomar el último sorbo de café Christian emprende su primer viaje en moto de su casa a la “sede” de su empleo, un improvisado espacio en los parqueos de un centro comercial en Santa Elena, en San Salvador.

Allí se reúne con otros repartidores, en su mayoría hombres cuyas edades van desde los 18 hasta los 40 años, quienes llegan en motos, carros, pick-ups, taxis y hasta bicicletas.

Todos esperan minuto a minuto recibir una notificación en su teléfono que indique que su hora de trabajo ha comenzado. Una repentina vibración en el teléfono de Christian le alerta que llegó la hora de separarse de sus colegas y emprender el primer viaje del día.

Apenas son las siete de la mañana y los servicios a domicilio de todos los restaurantes que tienen menú de desayunos se activan. La “sede” queda vacía.

Abastecer las necesidades y antojos de millares de salvadoreños que han estado en confinamiento ha sido la rutina de los ahora más de 600 repartidores que se han unido a la plataforma de Hugo, una de las más conocidas y donde trabaja Christian.

Él es uno de los miles de salvadoreños que no pararon de trabajar en la cuarentena, al contrario, la emergencia ha provocado que sus horas de trabajo se alarguen.

Después de terminar de entregar los desayunos y un par de artículos más, una oferta de los servicios de comida que Christian visitó le ayuda a calmar el hambre. ¡Al fin a desayunar!

Pero el hambre de otro grupo de clientes llega una hora antes del mediodía y no le queda más que darle “aceptar” al botón de la aplicación, terminarse el desayuno de un bocado y seguir el mapa que marca el teléfono.

El trajín y la rutina deja pocos momentos de descanso a Christian, quien va al restaurante y pide al pie de la letra la orden del usuario. Luego, con el casco en mano, toma su orden, enciende su moto y a rodar. Esta acción se repite por lo menos cinco veces más durante el día. A las 8 de la noche el joven se desconecta de la plataforma, su turno ha terminado y es momento de regresar a casa.

Al volver toma medidas sanitarias para proteger a su familia y recupera fuerzas para hacer sus tareas, pues está a punto de egresar de la universidad. Al otro día vuelve al ruedo.

Colaboración de Paola Vallecampos, Erika Bonilla, Mario Alvarenga, Mayra Hernández, Eduardo Cáceres y Noé Díaz, estudiantes de la Universidad Dr. José Matías Delgado.

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