Iota causó pérdidas de cultivos en Las Pilas, Chalatenango

El paso de Iota impactó la zona alta del país. Agricultores resienten que autoridades aún no les han brindado ayuda.

Las plantaciones de Gutiérrez que habían quedado dañadas por los vientos y las lluvia de Eta, terminaron por perderse por completo. Foto EDH / Jonatan Funes

Por Magdalena Reyes

Nov 21, 2020- 04:15

Juan Gutiérrez, un agricultor de la zona alta de Las Pilas, en San Ignacio, Chalatenango, observa con desconsuelo sus cultivos y lamenta que éstos terminaron de perderse con las afectaciones de las lluvias de la tormenta Iota en el país.

Después de los estragos que ya les había causado la tormenta Eta, aún tenía esperanza de rescatar su producto, pero debido a las intensas lluvias y ráfagas de viento tras el paso de Iota sus cultivos terminaron dañándose por completo.

Juan Gutiérrez es uno de los agricultores de Las Pilas, en San Ignacio, Chalatenango, que las lluvias de Eta e Iota dañaron sus siembras dejándolo sin ninguna ganancia.

Gutiérrez es dueño de 30 manzanas, de estas cultiva seis en las que tiene distribuido frijol, granadilla, tomate, repollo, ayote, rábano, maíz, papa y aguacate con el único fin de comercializarlos a los mercados nacionales y supermercados, en su mayoría de San Salvador.

“La zona alta ahorita ha tenido una pérdida millonaria”, lamenta y a su vez confirma que son 260 personas de 14 caseríos que se dedican a la agricultura y que todos han salido perdiendo con las inclemencias climáticas.

Entre sus cuentas, el agricultor explica que perdió $12,000 en dos manzanas de cultivo de tomate, $3,500 en tres manzanas de frijol, $4,000 en la huerta de granadilla que se fueron al suelo tras las ráfagas de los vientos, esto sin contabilizar las pérdidas de los demás productos. Por otra parte, en el tiempo que duró la cuarentena estricta se echaron a perder 85,000 matas de repollo.

 

La calabaza es de las otras verduras que también se perdió. Agricultores aún no contabilizan las pérdidas. Foto EDH/ Jonatan Funes

Gutiérrez también resiente que las autoridades no se han hecho presentes para brindarles alguna ayuda, a pesar de que ellos son parte de los que más productos cultivan y distribuyen.

“El problema acá es que no se puede rescatar nada porque deja de llover, pues cuando sale el sol esto igual se arruina. Perdimos todo, aquí no queda nada”, dice con resignación.

La esperanza que mantiene es en la siembra de maíz que no resultó dañada y admitió que no estaban preparados para los fenómenos naturales que se han presentado en el año, en mención a la pandemia y a las depresiones tropicales Eta e Iota.

“Es de ir pensando qué podemos hacer si más adelante se presentan otros eventos de esta magnitud”, apuntó.

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