VIDEO: Veterinaria de Medio Ambiente, una segunda oportunidad de vida para los animales rescatados

Los expertos aseguran que los garrobos e iguanas son los animales que reciben el peor trato cuando son atrapados por los humanos.

Los expertos aseguran que los garrobos e iguanas son los animales que reciben el peor trato cuando son atrapados por los humanos.

Por Enrique Carranza

Jun 19, 2019- 06:55

Dos policías cargan un jaula mediana y blanca. Tocan la puerta. Quien atiende el llamado es el biólogo Jordi Segura, y tras una breve conversación, regresa por un guante, al parecer de cuero, y toma al elegante e inquieto gavilán joven que llevan los agentes.

El gavilán, ave en peligro de extinción

- En gavilán es una ave rapaz que se encuentra en peligro de extinción; el uso de pesticidas en el pasado o los accidentes contra estructuras humanas, entre otros percances, son los culpables de que se encuentre en tal situación.

- Durante la etapa adulta, esa ave presenta gran dimorfismo, es decir, diferencias anatómicas según el sexo, y en este caso es la hembra más grande que el macho. Alcanza hasta un 25% más de tamaño, con una envergadura entre 67-80 centímetros y alrededor de 300 gramos de peso.

- Su plumaje es gris azulado en la parte superior, mientras que el dorso se muestra blanquecino con abundantes franjas pardas. Esta dualidad de colores lo hace atractivo a la vista.

Esta es la clínica veterinaria del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), el lugar donde reciben atención animales rescatados en diferentes circunstancias.

El recinto es pequeño, es la segunda casa dentro de una propiedad, y se ubica en la colonia San Francisco, al poniente de San Salvador.

A la conversación con los agentes se suma Kattia Gómez, veterinaria del MARN en ese lugar.

“Unos compañeros de la Policía de turismo lo recogieron, estaba la zona donde están trabajando en el parque Cuscatlán”, explica uno de los policías.

El gavilán, en manos de Segura, intenta aletear y a la vez emite algunos sonidos, parece asustado.

La doctora Gómez se acerca y revisa el ave, le extiende sus alas y patas, palpa su cuerpo y plumaje. “Parece que se encuentra bien, es muy joven y aún no vuela. Pueden probar dejarlo en el mismo lugar donde lo encontraron, se alejan, sin perderlo de vista, y esperan, es posible que la mamá llegue en su auxilio”, recomienda.

Los agentes reparan y argumentan que el gavilán es demasiado frágil y puede volver a quedar expuesto y ser víctima de algún humano; Gómez, asiente y suma que esta por llover, y si la mamá no lo ayuda a volver al nido la lluvia lo enfermera y causará la muerte. Tras acordar detalles sobre el papeleo, el ave es ingresada a la clínica.

Gavilán joven encontrado en el parque Cusctlán. Foto EDH/ Mauricio Cáceres

Cerca de la puerta de la clínica se encuentra un bioterio, sitio destinado a criar ratas y larvas que sirven para alimentar a las aves y animales carnívoros ingresados en esas instalaciones.

Dos filas de jaulas forman un pasillo, en una se encuentran las aves -cubiertas con mantas para evitar el estrés y reptiles-; en la otra algunos mamíferos. Al final, se encuentra una camilla, el brillo del acero de la misma destaca en medio de otros muebles.

Un gato zonto o montes, resguardado en una jaula metálica,  se oculta dentro de una caja de cartón, por momentos solo la luminosidad de sus ojos es visible, los visitantes lo mantienen alerta. Otro animal que llama la atención en el recinto es un Muyo, pariente de mapache y micoleón.

Muyo, pariente de los mapaches y micoleón. Foto EDH / Mauricio Cáceres

“Somos los responsables de los animales rescatados, los que la gente entrega o la Policía decomisa; los identificamos, verificamos su estado de salud y destino final”, comenta Gómez.

Los animales que con más frecuencia reciben atención en este lugar son: aves rapaces, gavilanes, búhos, pericos -de todas clases-; mapaches, tacuazines, crías de venados. “Vienen en diferentes condiciones, algunos se pueden ir el mismo día; a veces son crías que dependen del cuido de la mamá; algunos vienen con fracturas o tal vez otras lesiones”, comenta.

Uno de esos animales entregado al Marn fue Chepito, un polluelo de búho de montaña rescatado por  una familia salvadoreña en la colonia Santa Leonor, en el municipio de San Marcos, departamento de San Salvador.  El ave  cayó desde la punta de un árbol de mango, y desde entonces la mantuvieron a salvo hasta entregarla a los biólogos del Marn.

Kattia Gómez, veterinaria del Ministerio de Medio Ambiente. revisa algunos de los medicamentos. Foto EDH / Mauricio Cáceres

De acuerdo a la experta, la recuperación de las aves tarda más, en especial cuando les han cortado la punta de las plumas de las alas, en esos casos hay que esperar todo un año para que cambie el plumaje.

El corte de las plumas de las alas se encuentra entre las lesiones más difíciles de tratar, tarda un año. EDH / Mauricio Cáceres

Gómez y Segura hacen el paréntesis y hablan de los animales que reciben el mayor maltrato: las iguanas y los garrobos.

Esos con reptiles con frecuencia son heridos al momento de su captura; luego para exponerlos ante los posibles compradores sus patas son amarradas hacia atrás -en su lomo- (en ese momento algunos de sus huesos se quiebran); y muchas veces para amarrarlos son utilizados sus propios tendones.

“Por las condiciones que los mantienen muchos mueren antes de ser rescatados. Cuando los atendemos vienen heridos, con golpes en la cabeza, sin dedos o cola, deshidratados. La mismas características de ellos les permiten soportar tanto, pero al final se convierte en una muerte lenta y dolorosa”, concluye Gómez.

Garrobo rescatado y entregado al personal de Medio Ambiente. Foto cortesía.

Uno de los más recientes decomiso de garrobos y otras especies tuvo lugar en el cantón San Felipe, de Apastepeque, San Vicente, allí la Policía decomisó a inicios de febrero un zorro, 14 pericos verdes y 10 garrobos, los cuales estaban siendo comercializados, indicaron las autoridades. El procedimiento se realizó

Los lugareños tenían a los animales en condiciones inadecuadas, por lo que la Policía intervino.

Se desconoce si las aves y los garrobos fueron cazados en bosques y aéreas montañosas de San Vicente, o si los compran en otras zonas del país.

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