VIDEO: Los trabajadores ciegos que fabrican colchones a puro tacto y vocación en San Salvador

Pastor Echeverría y otras siete personas ciegas laboran en la Colchonería Santa Lucía, donde fabrican colchones, almohadas y ropa de cama. Los colchoneros piden al Gobierno y a la empresa privada que los apoyen en el consumo de sus productos, pues temen quedarse sin una fuente de ingresos.

Pastor Echeverria y otras siete personas no videntes trabajan en Colchoneria Santa Lucía donde elaboran colchones, almohadas y ropa de cama. Los colchoneros piden al Gobierno y empresas privadas les apoyen en el consumo de sus productos.

Por Cecilia Fuentes

Ago 13, 2019- 06:27

El arte está en sus manos, tener discapacidad visual no ha sido ningún impedimento para trabajar y en la industria colchonera encontró su pasión, asegura Pastor Echeverría, quien perdió su vista a los 28 años debido a una enfermedad.

Echeverría ahora ya tiene 73 años. Todos los días sale a las 4:00 a.m. desde su casa, ubicada en Mejicanos, hacia su trabajo junto a otro compañero. Ambos, con el apoyo de sus bastones blancos.

Luego de abordar dos autobuses, lo que le equivale a una hora de camino, don Pastor, como le gusta que le llamen, llega a su destino: “Colchonería Santa Lucía” donde trabaja él y otras siete personas que también tienen ceguera total.

Mesas, máquinas de coser, tijeras, tela y algodón es todo lo que los ocho no videntes utilizan para elaborar colchones, almohadas y ropa de cama.

En la Colchonería, que está ubicada en la colonia Providencia de San Salvador, todos tiene un espacio asignado donde trabajar. Pastor y dos costureras trabajan en el salón principal de la casa. Todo está adecuado para que puedan movilizarse sin problemas.

Otros dos cuartos están designados para el preparador y relleno de algodón.

Foto EDH/David Martínez

Echeverría tiene más de 33 años de laborar en la colchonería. Al inicio “me costó adaptarme un poco pero por la necesidad de ganarme la vida lo hice”, asegura.

Colchonero

La idea es que los ciegos no pidan, que trabajemos porque podemos hacerlo

Pastor Echeverría,

“Se me enseñó a trabajar, antes lo hacía en el campo y cuando ya no pude trabajar buscaba alguna forma. Ocho años luego de quedar ciego vine acá”, dice Echeverría.

El arte de hacer colchones

Él es el encargado de cortar la funda. Sus instrumentos de trabajo solamente son tela, una regla y tijera. Desde que llegó a trabajar a la colchonera también aprendió a preparar el algodón.

Sus demás compañeros tienen asignadas diferentes tareas, como el caso de Fidel Majano, de 78 años, quien es el encargado de preparar el algodón. Entre los demás trabajadores se distribuyen otras actividades como cortar y cocer los materiales.

Majano es quien toma las riendas en el proceso de fabricación, inicia su jornada laboral colocándose una mascarilla en el rostro y con sus dos manos comienza a preparar el algodón, que no es más que desmenuzarlo de los grandes bloques que reciben de material.

“Lo que se hace es hacer blando el algodón”, dice Majano, quien se apoya con un trozo de madera para golpear los grandes trozos.

Posterior a la preparación del material, se pasa al área de corte y costura.

En un salón, no tan grande, tiene su espacio Echeverría, quien en su jornada pasa cortando las fundas, las cuales varían dependiendo del tamaño del colchón.

“Hacemos colchones de esponja desde dos hasta siete pulgadas de altura. También colchones de algodón y almohadas. Se corta la funda, se cose y luego se rellena ” menciona el colchonero.

Para terminar la funda está el apoyo de dos costureras. Con paciencia y mucha delicadeza, cada una de ellas cose la tela que prepara Echeverría. Ambas, son las únicas que pueden utilizar máquina de coser.

Luego de elaborar la cubierta, pasa a otra sala donde se rellenan los colchones de algodón.

“Se llena las bolsas, se puntean y luego están listos ya para la venta” dice Narciso Menjivar, de 80 años, quien es el encargado de este proceso.

Por la discapacidad visual que todos poseen, el procedimiento de elaboración varía al tradicional, “acá lo hacemos un poco lento porque lo hacemos así a tijera, por la clase de material y porque las cortadoras eléctricas no las podemos usar” asegura Echeverría.

Foto EDH/David Martínez

Todo el esfuerzo y la gran capacidad que tienen estas 8 personas  se ve reflejado en las unidades que producen diariamente.

“Para mi es admirable el trabajo que hacen porque el no ver no es impedimento para ellos. A veces uno que tiene buenos sus ojos no tiene la capacidad o no se esfuerza para tenerlas. Sus productos son muy buenos” dijo una clienta, Margarita Flores.

“Pedimos trabajo para podernos ganar el pan dignamente”

La producción de la Colchonería Santa Lucía se ha reducido en los últimos años. Para todos los trabajadores es lamentable la situación en la que se encuentran, ya que no reciben los ingresos suficientes para sostenerse.

Echeverría asegura que ya no reciben tanto apoyo de instituciones públicas ni privadas como en años anteriores. “Aquí no la pasamos muy bien por la falta de trabajo” cuenta con tristeza.

En El Salvador, hay más de 118 mil personas con discapacidad visual. No todos cuentan con una posibilidad de empleo. Al respecto, Echeverría asegura que es una lástima que la falta de ingresos no les permita poder contratar más personal y enseñarle a otros ciegos el arte de hacer colchones.

Clienta

Es admirable el trabajo que hacen porque el no ver no es impedimento para ellos. A veces uno que tiene buenos sus ojos no tiene la capacidad o no se esfuerza para tenerlas. Sus productos son muy buenos.

Margarita Flores,

“Nosotros pedimos más gente, entre más trabajo más contratos, más gente podemos llamar a que nos apoyen a trabajar aquí”, dice el colchonero.

Para los ocho trabajadores  es preocupante saber que si no continúan recibiendo pedidos, la colchonería puede desaparecer.

“El Estado, las alcaldías nos pueden comprar, poquito aunque sea pero pueden hacerlo. Con 100 unidades que lo hicieran es suficiente, con tal que nosotros pasemos ocupados, que estemos trabajando” afirma Echeverría.

Los colchoneros hacen un llamado a la empresa privada y gubernamental que apoyen este tipo de industria, ya que un pedido, aunque sea mínimo, es suficiente para que tengan un ingreso fijo.

“Para los que consumen, compran a donde hay bastante. A nosotros no es necesario que nos compren grandes cantidades” explica Echeverría.

“La idea es que los ciegos no pidan, que trabajemos porque podemos hacerlo. Aun con la edad que tengo, me siento con toda la fortaleza y digo que falta mucho que hacer para luchar” dice, con mucha alegría, Echeverría.

Colchonería Santa Lucía

El proyecto manufacturero se remonta a principios de 1945. Un grupo de personas con discapacidad visual estableció el primer taller para la elaboración de colchonetas y colchones.

Al pasar los años, el grupo ya organizado se unificó en una cooperativa denominada ACOPASANTAL.

Durante los primeros quince años, la Cooperativa se dedicó a la producción de colchones de algodón, por el auge de las camas de hierro y además a consecuencia el conflicto armado que sufrió El Salvador había mucha demanda de colchonetas livianas para usos temporales.

Actualmente, en la colchonería, ubicada en la calle Madrid y avenida San Antonio, Colonia Providencia, San Salvador, este grupo de personas trabaja en la elaboración de colchonetas de algodón y espuma, almohadas y ropa de cama. Además, hay una sala de masajería.

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