“No soy mártir ni héroe; me da miedo no volver a ver a mis hijos”, el estremecedor relato de doctora contagiada de COVID-19

Un médico documentó el testimonio de su colega dentro de las “Anécdotas de una pandemia” que comparte en sus redes sociales, donde relata las vivencias del personal que “sigue siendo blanco del virus” ante la falta de recursos para protegerse.

Pacientes con sospechas de COVID-19 esperan a ser atendidos en el Hospital General del ISSS. Foto EDH/ Jessica Orellana

Por Liseth Alas

Jul 22, 2020- 14:55

Un médico salvadoreño se desahoga a través de sus redes sociales y relata las vivencias que enfrenta día a día el personal de primera línea a cargo de la atención de pacientes de COVID-19 en el país.

El doctor Benjamín Pompilio Coello trabaja en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) al frente de la emergencia por coronavirus y casi a diario tras terminar su larga jornada comparte en su Facebook las “Anécdotas de una pandemia”, en donde desde junio pasado documenta la situación que se enfrenta en el hospital en que labora y la triste realidad que agobia al gremio de salud.

Dentro de sus experiencias laborales, el internista ha narrado la impotencia y frustración con la que ha visto cómo muchos de sus compañeros de labores se han contagiado y hasta han perdido la vida en la batalla contra la enfermedad debido a la falta de recursos para protegerse.

“Son días y días de estrés absoluto, tensión al máximo, miedo, frustración, impotencia, rabia; jornadas agotadoras hasta el límite, que por momentos se siente que el cuerpo se rinde, que se abandona a la derrota, que ya no da más”, detalló en una de las vivencias del 8 de julio.

Incluso a finales de junio, el médico se vio obligado a someterse al tratamiento de COVID-19 tras presentar algunos síntomas y debió permanecer aislado en su casa. Sin embargo, se angustiaba y desesperaba al pensar que “las necesidades en el hospital son inmensas”, ya que “cada vez hay menos personal disponible, los que están siguen dándolo todo; y siento que en casa soy inútil. Yo debo estar allí, sirviendo”, se cuestionaba él mismo.

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Al retornar a sus labores, el doctor expresaba su satisfacción por volver a prestar la atención médica: “Cada paciente es una historia dolorosa, cada familiar allí conmueve hasta las entrañas, pero todo ello también nos impulsa y es lo que nos motiva. Somos lo que somos, un equipo, tratando de hacer lo mejor que podamos por nuestros pacientes”.

Sin embargo, en su publicación del 20 de julio externa su angustia y dolor porque sus compañeros siguen siendo víctimas del virus ante la indiferencia de las autoridades:

“Lunes 20 de julio. Pareciera que la epidemia nos está dando tregua. Este día hay menos pacientes esperando cama de hospital, y durante toda la mañana no hemos recibido ningún paciente en condición delicada. Tengo 6 pacientes más o menos graves, pero ninguno en agonía de muerte.

Sin embargo, nuestro personal sigue siendo el blanco preferido del virus. Cada día que pasa encuentra nuevas víctimas de entre colegas, enfermeras o personal de salud. Parece un chiste de mal gusto: héroes, sin ningún super poder para derrotar la enfermedad, sin armas para combatirla eficazmente (al día de hoy ya escasean los medicamentos en nuestra institución), sin equipo suficiente para protegerse”, inicia la historia.

Posterior se enfoca en el caso de colegas que se contagiaron de COVID-19 y que han requerido hospitalización y otros que se han negado ingresar a un centro médico por temor a “morir” en soledad.

“Ayer (domingo 19 de julio) ingresaron a otro colega internista. Con fiebre, con disnea, con miedo. Y así vamos contando víctimas, día tras día.

El viernes (17 de julio) se fue a su casa otra colega internista del hospital. Ya tenía una semana de síntomas; pero a medida que la enfermedad progresa, debe acudir por ayuda. Los resultados son inequívocos: Tiene neumonía por COVID-19, y necesita tratamiento urgente, debe hospitalizarse antes que la enfermedad progrese y sea tarde. Pero la colega ha decidido ir y confinarse en casa, y recibir tratamiento allí, a pesar de que no es lo adecuado”, cuenta el médico.

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Pese a que el doctor Coello asegura que le ha insistido en que lo mejor es que la atiendan en un centro médico, su colega ha rechazado esa opción.

“Yo le insisto, le ruego, le suplico que se quede en el hospital. No queremos seguir contando muertos. Nadie va a suplir a los que se han ido; nadie va a agradecerle el sacrificio; al menos no nuestras autoridades. De ellos ya no esperamos nada. Pero la colega no escucha razón alguna: Va a resistir en casa”, señala el médico.

Pero cuenta que “esa misma noche, me escribe un mensaje estremecedor, explicando el por qué de su conducta irracional, el cual transcribo íntegramente:

‘Hola. Yo sé que no entiende por qué no me quise ingresar. Es que tengo miedo, más bien pánico después de lo que he visto estas últimas semanas. Me da miedo salir de la casa y no volver a ver a mis hijos. Miedo a morir en una cama, en una esquina del hospital, sola… Le voy a contar que en un turno un muchacho de unos 30 y algo de años, estaba ya mal, y cuando me acerqué a evaluarlo me dijo que sabía que se iba a morir y que me quedara con él, que no quería estar solo. Y me quedé tomándole la mano hasta que falleció. Eso me ha marcado, y tengo miedo de que me pase igual a mí. Por eso le estoy haciendo huev…. en mi casa, con mis hijos; al menos puedo verlos de lejos, escuchar sus voces, y ellos saben que estoy aquí. Y me estoy cuidando, cumpliendo el tratamiento para curarme, por ellos, por mis hijos. No soy mártir ni héroe; al contrario, soy miedosa. Y estoy clara que en el momento en que yo realmente me sienta mal, saldré corriendo al hospital. Pero ahora quiero pasar el mayor tiempo con ellos. Casi no los veo; vengo tarde todos los días, y nos han puesto más turnos. Ellos son todo para mí, y yo para ellos. Gracias por preocuparse por mí, de todo corazón…’

¿Qué le puedo responder a la colega? Sólo le hice la promesa de orar por ella y su familia. Y esperar que Dios tenga misericordia de ella. A estas alturas, sólo Dios es con nosotros y por nosotros”,  finaliza la más reciente “Anécdota de una pandemia” que publicó el doctor Benjamín Pompilio Coello en su Facebook.

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