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"Estoy vivo de milagro, Dios me libró del río": agricultor que fue arrastrado con su carreta en Atiquizaya

El video de cuando Gabriel Rodríguez Cazún era arrastrado por una repunta del río Pampe se viralizó en redes sociales. El agricultor aún no puede creer cómo sobrevivió.

Por Lissette Lemus | Jun 16, 2021- 06:30

Don Gabriel Rodríguez relata los minutos de peligro que pasó al ser arrastrado por el Río y el milagro que lo salvó. Video EDH / Miguel Martínez, Eduardo Alvarenga.

Un milagro, sin más ni menos, así considera Gabriel Rodríguez Cazún al hecho de estar vivo tras ser arrastrado casi un kilómetro junto a su carreta y sus novillos por una repunta del río Pampe, el pasado fin de semana.

Los minutos de angustia, que se convirtieron en una hazaña sin precedentes en la localidad, fueron inmortalizados por un video que grabó Mauricio Vicente, un agricultor que se había acercado al río para narrar a sus tres hijos cómo en su infancia se divertía en ese lugar, sin sospechar que sería testigo de la crecida del caudal.

Foto EDH / Lissette Lemus

Gabriel es un hombre de estatura baja y complexión delgada, hecho a sol y el duro trabajo de la agricultura. Sin embargo, no pierde la sonrisa en ningún momento.

VIDEO: “Aviéntese, Gabriel, aviéntese”, le gritan a un hombre que luchaba por salvar su carreta y bueyes de la furia de un río

El río Pampe es la frontera natural entre los empobrecidos e inseguros cantones San Sebastián, de Chalchuapa, y El Espino, de Atiquizaya. Para cruzar, los habitantes deben hacerlo por un angosto puente peatonal o a pie, si llevan ganado.

Foto EDH / Lissette Lemus

El sábado a las 11:30 de la mañana el agricultor regresaba hacia San Sebastián con una carretera que recién había comprado al otro lado del río. La carreta era jalada por Canario y Pajarito, dos bueyes que también había comprado en días recientes.

Según narra Gabriel, el río, en el mismo que aprendió a nadar de pequeño, estaba tranquilo cuando él empezó a guiar a los animales para cruzar un aproximado de 30 metros que mide de ancho.

Cuando el agricultor iba a medio del afluente, en un abrir y cerrar de ojos, fue sorprendido por una repunta, pues río arriba estaba lloviendo sin que él lo supiera. La repunta arrastraba un árbol que lo golpeó fuertemente la carreta y los bueyes.

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Luego venía una segunda oleada que arrastraba todo a su paso, en ese momento Gabriel tuvo la valentía de subirse al yugo para tratar de soltar a los animales.

“Yo traté de defender a los animalitos porque son seres vivientes al igual que uno, yo pensaba cortar el yugo par liberarlos, pero me arrastró la correntada”, dice.

Mientras eso pasaba, sin que Gabriel se diera cuenta Mauricio le gritaba que se tirara. “Mi intención era tirarme a auxiliarlo por la orilla”, dice.

En segundos, como en una escena de película, al golpear contra una piedra, carruaje, bueyes y Gabriel fueron tirados por la fuerza del agua volcando la carreta en una caída de agua de unos tres metros de profundidad.

Los siguientes dos minutos, marcaron la diferencia entre la vida y la muerte del campesino.

Gabriel, sin perder la compostura, pero con voz un poco quebrantada dice que recuerda cómo sintió que se hundía hasta el fondo de la poza del salto Santo Antonio, el mismo en el que muchas tardes disfrutó de pequeño.

En ese momento de agonía, el hombre pidió por un milagro. “Le pedí a Dios y a la virgencita de Guadalupe que no permitiera que me ahogara, ni yo, ni los animalitos'', dice.

Gabriel y sus bueyes sobrevivieron a la fuerte corriente de agua en el río. Foto EDH / Lissette Lemus

Mientras tanto, Mauricio, sin dejar de grabar con su celular, dice que se sintió impotente al pensar que su vecino había perdido la batalla.

“En el momento que él cayó yo sentí una angustia y una impotencia no poder ayudar. Yo pensé: lo mató, pero solo pude decir que lo arrastró para que no entraran en shock mis hijos”, explica.

Gabriel no se explica cómo en ese momento sintió una fuerza que le permitió impulsarse y nadar hasta la orilla en el río revuelto que arrastraba todo a su paso. “Al salir a flote alcancé a ver que un novillo estaba nadando a la par mía y yo no sabía hacia dónde salir”, agrega.

Al salir dice que salió aturdido, agradeció a Dios e inmediatamente empezó a buscar al otro animal. Mauricio corrió en busca de ayuda. En minutos varios vecinos llegaron al lugar.

“Fue Dios el que lo sacó ileso de eso y él que es un hombre de buena madera” dice Mauricio.

Los pedazos de la carreta quedaron varios metros río abajo, mientras que Pajarito, el otro buey,  fue rescatado golpeado, aún con vida, a unos dos kilómetros abajo.

Gabriel narra que esa noche no pudo dormir ni un momento, pues sentía un nudo en su pecho al pensar lo que había pasado.

“Me levanté a medianoche a tomarme una taza de café, no podía creer que estuviera vivo después de eso”, comenta.

Gabriel se encarga de cuidar a sus padres de 92 y 97 años, a quienes, hasta ahora no les ha contado nada de lo sucedido porque piensa que se van a preocupar.

El lunes por la mañana una comitiva de la alcaldía de Atiquizaya, entre ellos el alcalde, una doctora y un promotor comunitario viajaron hasta el lejano caserío para dar asistencia al agricultor.

“Por el momento, me revisó la doctora pero todo está bien, solo tengo unos raspones. Y el señor alcalde me ha prometido que enviará un veterinario para que revisen a los novillos", dice.

Foto EDH / Lissette Lemus

La mañana del martes recibió la visita de su tío Pedro Arévalo.  “Es increíble lo que pasó, es un milagro que esté vivo” dice el anciano de 86 años, mientras observa que Gabriel es entrevistado.

Mauricio comenta que el video no fue subido por él en las redes sociales, sino que lo pasó a los familiares de Gabriel y a otros lugareños, el cual luego se viralizó rápidamente.

En el patio de la vivienda, de los hijos de Gabriel están los restos de la carreta que han encontrado días después: una llanta y la base con el yugo.

Canario y Pajarito pastan en las verdes colinas de la propiedad de Gabriel, pero "siguen asustados e inquietos", explica el sobreviviente.

Foto EDH / Lissette Lemus

La urgente necesidad de un puente 

La hazaña de Gabriel es el tema de conversación de los residentes, quienes lo ven con admiración por haber sobrevivido, pero el hecho también ha sacado a la luz una de las principales necesidades de ambos cantones: la construcción de un puente.

Según los habitantes de esta zona rural, un puente que les permita pasar con su ganado o en vehículo sería de gran beneficio para ambas comunidades, por lo que hacen un llamado al ministerio de Obras Públicas para que hagan una visita a ese lugar “olvidado”.

El único puente peatonal con el que cuentan fue construido con recursos propios y mano de obra de las comunidades, sin ayuda de las autoridades.

Los vecinos explican que hace años instalaron unas bases para construir un puente, pero el proyecto quedó en el olvido.

“Carecemos de un puente adecuado y viendo la tragedia que él pasó sería bueno que las autoridades competentes, nos dieran el valor que nos merecemos y nos ayudaran con un puente”, concluye Mauricio.

Foto EDH / Lissette Lemus

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