Servano, el apopense que construye arte con fósforos

En la elaboración de una estructura puede pasar hasta dos meses

Servano acondicionó como taller una habitación de su casa en Apopa. Sus principales herramientas son una guillotina (elaborada por él mismo) pega y limas de diferente tamaño. Foto/ Enrique Carranza

Por Enrique Carranza

Ene 21, 2018- 16:44

Fósforos reciclados, pega blanca y limas, además de mucha paciencia, utiliza Roberto Servano, de 63 años, para elaborar pequeñas y detalladas estructuras las cuales representan iglesias y la vida diaria en los pueblos salvadoreños.

Inició hace 10 años, cuando se jubiló y además buscaba tratar la enfermedad que le estaba dejando sin motricidad fina la parte derecha de su cuerpo.

“Estaba por guardar un carrito de madera que me regaló mi esposa, pensé en hacer uno similar, pero no lograba idear como trabajar la madera, en eso me llamó la atención los colores y tonalidades de los cerrillos y así comencé, hasta que terminé la replica del auto”, narra Servano.

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Entre sus trabajos destaca la elaboración de las iglesias de Apopa, Panchimalco , Candelaria, Ahuachapán y Suchitoto.

Además, ha construido pozos con sus respectivos lazos y techos, carretas tiradas por bueyes, instrumentos musicales y floreros.

“Inicio retirando la parte quemada de los fósforos (con una diminuta guillotina que él mismo fabricó), luego clasifico por colores, grosor y flexibilidad cada fósforo”, detalla Servano.

Continúa el armado de cada segmento de la estructura y la elaboración de los detalles, luego junta las partes y la obra esta terminada.

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“Ya he pasado hasta dos meses trabajando una iglesia. Fácilmente le puedo dedicar hasta seis horas diarias, aunque a veces me vence la fatiga y lo dejo, quizás hasta por semanas”, comenta Servano.

Para elaborar una iglesia, el apopense puede utilizar hasta 8 mil 400 fósforos; ese fue el caso de Panchimalco.
Un canal de televisión local ya ha hecho campaña para recaudar fósforos quemados y así aportar algo de materia prima a Servano.

“Todas tienen un grado de dificultad, las piezas pequeñas, los detalles… y así”, comenta Servano.

Los trabajos de este apopense han traspasado fronteras, algunos han sido llevados a Estados Unidos, Argentina y Canadá.

“Todo comenzó como un pasatiempo, pero hoy hasta pedidos me hacen”, concluye.

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