La dura faena que viven a diario los sepultureros de Soyapango con cada entierro por COVID-19

Un incesante calor y la eterna preocupación de protegerse de la amenaza del COVID-19 es el diario vivir de quienes se dedican a sepultar los cuerpos de las víctimas de pandemia.

En abril el Cementerio Jardín, del municipio de Soyapango fue destinado para enterrar a las víctimas por COVID-19. Hasta la fecha el personal del cementerio ha enterrado a más de 100 personas víctimas de la enfermedad.

Por Óscar Portillo y Yessica Hompanera

Jul 11, 2020- 11:23

La sensación térmica era de 35 grados, la poca brisa que soplaba se sentía como vapor en el cuerpo y en una colina se veían cinco siluetas caminando. Esas cinco personas son los encargados de dar sepultura a las víctimas por COVID-19 en el cementerio el Jardín del municipio de Soyapango. Un camposanto destinado por la municipalidad para enterrar a las víctimas de esta enfermedad.

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Entre los sepultureros estaba Félix Orellana, él vestía un traje de bioseguridad blanco, tres pares de guantes y unas botas de hule. Toda esa indumentaria lo convertía en un horno caminante, pues el hombre afirma que el traje amplifica considerablemente el calor.

Un año atrás, Orellana asumió el cargo de administrador del cementerio número 2 del municipio. Nunca pensó que además de su labor administrativa, tendría que vestir un traje de bioseguridad para sepultar o que tendría que lidiar con el estrés constante de llegar a infectarse.

Foto EDH/ Yessica Orellana

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“Jamás cuando comenzamos esta administración nos imaginamos que estaríamos en una situación de pandemia”, afirma el sepulturero.

Tampoco se imaginó que su familia se preocuparía por él, debido a su oficio, pues él y sus compañeros temen a que pueda contagiarse; no obstante, tras casi tres meses de sepultar a víctimas del COVID-19 afirma que ni él o sus compañeros se han enfermado. Eso lo atribuye a las medidas de seguridad que tomó la administración, pues los capacitaron en el uso adecuado del traje de bioseguridad y los inmunizaron con vacunas para aumentar sus defensas.

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Con una voz nerviosa comienza a narrar el primer entierro de este tipo que tuvieron en el Cementerio Jardín. “El día llegó y sentimos ese nervio de la primera vez. Nos costó un poco porque los trajes y la mascarilla sofoca. Hubo momentos en que el aire nos faltaba.” y luego agregó: “El primer día nos entró una paranoia de no querer regresar a la casa y que teníamos ese temor de contagiar a nuestra familia, pero conforme pasó el tiempo comprendimos cómo cuidarnos

El sol comenzaba a ponerse en su punto más alto y Orellana sabía que sería un día más caliente de lo normal. El sudor se notaba a través de la careta que llevaba, pero él sabe que no puede tocarse el rostro para limpiarse. Poco tiempo le queda para pensar en eso, pues los dos primeros entierros del día están a punto de llevarse a cabo.

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Son las 10 de la mañana y dos pickups se parquean frente al cementerio. El equipo comienza a preparar una camilla donde pondrán el ataúd que previamente desinfectan antes de entrar. Los sepultureros se ponen en formación y comienzan a cargar el ataúd de aproximadamente 300 libras. Lo único que se escucha son los llantos de dos familiares que tuvieron acceso al entierro.

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Los entierros finalizaron y el sol repentinamente se ocultó tras las nubes grises que de pronto invadieron el cielo. El encargado del cementerio les aviso que había un entierro en camino.

Bajo la lluvia el equipo del Cementerio Jardín continuó su labor. Ese día Félix Orellana y sus compañeros enterraron en un solo día a 7 personas fallecidas por COVID-19. Hasta el 10 de julio el equipo de este camposanto ha enterrado a 154 cadáveres bajo el protocolo de COVID-19.

FOTOS:

Así se prepara el equipo encargado de enterrar a los fallecidos por COVID-19 en el cementerio de Soyapango

El cementerio municipal Jardín de Soyapango es el único de la localidad que realiza inhumaciones bajo el protocolo COVID-19. Desde el 30 de abril hasta el 5 de junio habían realizado 135 entierros. El protocolo de seguridad es determinante para salvaguardar al personal.

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