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Ariana, la enfermera salvadoreña radicada en Nueva York que ayuda a otros migrantes a educarse

La profesional, que anteriormente laboró en un hospital, hoy está a cargo de la subdirección de una escuela de carreras técnicas médicas, en donde motiva a muchas mujeres, incluyendo compatriotas

Por Susana Joma | Nov 28, 2021- 21:00

La compatriota Ariana Hernández, quien emigró a Estados Unidos cuando tenía 20 años y tras muchos esfuerzos obtuvo en 2019 su título de enfermera de la Adelphi University, en Nueva York. Foto Archivo

La compatriota Ariana Hernández, quien emigró a Estados Unidos cuando tenía 20 años y tras muchos esfuerzos obtuvo, en 2019, su título de enfermera de la Adelphi University, en Nueva York, está haciendo realidad otro sueño, el de ayudar a inmigrantes a educarse para mejorar su situación de vida.

Hernández, ahora de 35 años, es subdirectora de la Ideal School of Allied Health Care, una institución de carreras técnicas médicas neoyorkina, en la que migrantes legales e ilegales hallan una oportunidad de estudiar cursos relacionados con cuidados de la salud, pero también de colocarse en un empleo.

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La salvadoreña comenta que la institución, en la que además trabaja como instructora debido a la necesidad de enfermeras bilingües, fue creada por una afroamericana inmigrante a la cual admira mucho porque llegó a los Estados Unidos sin saber hablar inglés y poco a poco sacó cursos de enfermería, hasta que se hizo enfermera.

Es así como, Ari desde el 13 de septiembre pasado, atiende cursos en español, en los cuales ha identificado que muchos de sus alumnos provienen de distintos puntos de su natal El Salvador, entre ellas muchas mujeres que tienen dos o tres trabajos, ya sea limpiando casas, en maquilas o en ventas de comida rápida.

Entre la población estudiantil hay personas que provienen de Morazán y San Miguel.

“Son madres solteras en su mayoría, otras casadas pero adultas y también tengo jovencitas que quizás vinieron solo a terminar acá la High School, y aunque culminaron el bachillerato, la barrera del idioma es el problema. Les da temor empezar a estudiar en la universidad o en el College porque no saben inglés. Tengo muchachas desde 18, 19 años, hasta señoras en sus 60 que quieren prepararse”, detalla.

Ari Hernández, enfermera residente en Nueva York. Foto Cortesía

A inicios de octubre, cuando se le entrevistó, acababa de graduar a 45 estudiantes migrantes, un buen porcentaje salvadoreños.

En forma previa, Ari, como cariñosamente le llama toda su familia, laboró como enfermera en el área de cardiología de un prestigioso hospital de esa ciudad, empleo que, a pesar de ganar bien, se vio forzada a dejar para cuidar su salud física y mental, dedicar más tiempo a su familia, disminuir los riesgos, además de comenzar la búsqueda de una forma de ayudar a su comunidad, algo que anhelaba desde hace tiempo.

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Y es que según cuenta, tras la llegada de la pandemia, el hospital volcó su atención a los pacientes Covid-19, fue así como para el personal de enfermería las jornadas se volvieron cada vez más largas, extenuantes, un desgaste que se agudizó no solo por la llegada de más pacientes, sino porque muchas valorando los riesgos para su salud empezaron a renunciar.

“Como es bien desgastante el área de trabajo del Covid yo venía a veces bien afectada y entonces mi esposo, que ha sido testigo de eso, me decía deberías de encontrar otra cosa porque siento que te está afectando mucho emocionalmente y no se ve claro cuánto va a durar, cuando se va a terminar”, expone la compatriota quien tiene una niña.

Aunque su vocación de servir a los pacientes es firme, el temor a que por el agotamiento pudiera cometer un error en su trabajo le hizo valorar el seguir o no en el hospital, pues no quería correr el riesgo de perder su licencia.

Fue en medio de ese dilema que un día su esposo vio cerca de su casa un rótulo de oferta de empleo para una enfermera y sabedor de que ella también tenía interés por el trabajo comunitario la motivó a visitar la escuela.

“(En el hospital) Se mejora (laboralmente) pero como le digo no todo se trata a veces del dinero. A veces uno tiene (también) que hacer cosas que lo retan a una tanto personalmente, profesionalmente y que lo inspiren, porque la verdad es que ha sido gratificante ver cómo poder ayudar en estas áreas hemos estado deficientes como la comunidad hispana. Muchas (alumnas) ya logré que se inscribieran en el curso de inglés, otras se han inscrito en el curso para Asistente de Enfermeras aunque sea solo en inglés”, precisa.

Ella sostiene que laborar en la escuela, cuyos cursos hoy en día tienen más demanda, implica siempre estrés de otro tipo pero se siente satisfecha de estar trabajando por la comunidad hispana, sobre todo porque la mayoría que llegan son salvadoreños que luego de trabajar hacen tiempo para ir a clases por las noches.

Ari Hernández afirma que hay mucha tarea por hacer para ayudar a los inmigrantes a que aprendan el inglés, para que tengan la oportunidad de seguir estudiando y encontrar mejores trabajos, porque muchas mujeres pese a que son inteligentes no logran superarse por la barrera del idioma; también, se requiere buscar alternativas para que puedan salir adelante aquellas que tienen problemas de lectura y escritura, de comprensión puesto que es algo que no abona en sus exámenes escritos.

En aras de lograr mejoras en la escuela, para beneficio de sus estudiantes ha empezado la búsqueda de más instructores bilingües, algo complicado porque según dice pocos enfermeros hablan español fluido.

En su nueva faceta de vida esta esforzada salvadoreña dice sentirse muy contenta, sin arrepentimientos del cambio de empleo, porque escuchar las historias otras migrantes le ha motivado, ha aprendido nuevas cosas y al mismo tiempo les ha demostrado a sus alumnas que se puede salir adelante: “la conexión que uno llega a tener con el alumno, que lo vean a uno y digan bueno si ella lo pudo hacer y viene de donde yo vengo yo también puedo”.

La connacional sostiene que su salud mental ha mejorado, también su parte emocional, además de su situación familiar porque ya no sufre de ansiedad.

Ella está consciente de que con su licencia de enfermera puede tener más oportunidades más allá de trabajar en un hospital, por ejemplo atender pacientes en sus casas, trabajar solo aplicando vacunas, en el área legal, así como en escuelas o con pacientes de diálisis.

Inspirada por el trabajo con la comunidad también tiene entre sus nuevos planes lograr que los programas de la escuela sigan creciendo, encontrar nuevas opciones para que los alumnos que llegan a Estados Unidos con bachillerato puedan sacar equivalencias para seguir estudios superiores.

“Como meta personal y profesional quiero regresar a la universidad. Quiero sacar un master en salud pública o en educación. No sé cuál de los dos todavía, porque ahora que estoy en esto de la docencia puede ser que sea mejor que lo saque en educación, pero también está el área de salud pública ya que me gusta el trabajo en la comunidad”, explica.

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