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“Al principio me emocioné, después me asusté”: Patricia, la usuluteca que tuvo trillizas

La joven madre vive en el área rural. Las infantes nacieron antes de la fecha y debido a ello tuvieron complicaciones de salud, dos aún están internadas.

Por Susana Joma / Iliana Ávila | Oct 16, 2021- 21:45

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Patricia Elizabeth Cortez, una residente en el cantón El Quebracho Cooperativa Campanero, de Alegría, en el departamento de Usulután, recibió con alegría la noticia de que iba a tener trillizas, pero la emoción se convirtió pronto en preocupación al darse cuenta que su familia creció rápidamente de 5 a 8 hijos, mientras enfrenta una difícil situación económica.

Diana Michelle, Mayerli Liseth y Heidi Melisa, como las ha nombrado, nacieron el 13 de septiembre, a las 31 semanas, por cesárea, luego de que Patricia experimentara una amenaza de aborto.

La usuluteca, quien tiene 38 años de edad y es madre soltera, afirma que nunca esperó que su sexto embarazo fuera de trillizas, mucho menos enfrentar complicaciones porque los partos anteriores no tuvo problemas: “Con ellas llegó un momento en que no podía caminar por el peso del estómago. Yo supongo que ya no daba mi estómago y se me vinieron”.

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La familia de Patricia creció rápidamente, de 5 a 8 hijos. Video EDH/Fabricio Jirón

Antes de la llegada de las trillizas Patricia Cortez ya tenía cuatro varones de 20, 17, 12 y 9 años, así como una niña de 6, a quienes ha sostenido con lo poquito que gana en sus trabajos de lavar ropa ajena, ayudante de echar tortillas y el de acarrear agua para algunos vecinos.

Las niñas nacieron en el Hospital Nacional de la Mujer Doctora María Isabel Rodríguez. Una de ellas, Diana Michelle, en donde han recibido cuidados para fortalecer su condición, dado que al ser prematuras nacieron delicadas de salud.

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El jueves pasado los médicos le dieron el alta a Diana Michelle, pero Mayerli y Heidi aún estaban ingresadas, una de ellas en cuidados mínimos y la otra en cuidados intermedios, esta última se resiste a comer.

“Al principio se les había puesto oxígeno porque nacieron con los pulmoncitos húmedos y cuando se le secaban por el calorcito de la incubadora se ponían bien, luego se ponían mal, pero gracias a Dios ahora las tres están en un programa que se les llama Canguro, las podemos ir a chinear porque ya no tienen oxígeno. Gracias a Dios están en recuperación. Según nos informan los doctores ya están comiendo bien y subiendo de peso”, comentó.

Explicó que a las niñas les han realizando análisis de orina porque tenían una bacteria, por lo que les han suministrado antibióticos.

Patricia expresó que su situación económica es difícil en este momento porque no tiene fuentes de ingreso, a lo que suma el hecho de que la casa en donde vive junto con sus hijos está en malas condiciones, a tal punto de vivir con el temor de que al ocurrir un temblor esta caiga sobre todos, incluyendo sus recién nacidas.

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Explica que si bien los médicos le han indicado que visite a las niñas tres veces por semana, para que mejoren rápido, ella solo logra viajar hasta San Salvador una vez a la semana.

“Según las doctoras entre más visite yo más rápido se recuperan porque el calorcito de la madre les ayuda bastante, pero yo por no tener suficiente solamente me he quedado con un viaje que me dan de la Alcaldía de Alegría, es una vez por semana y no puedo viajar mucho hasta allá porque queda lejísimos”, detalló.

De acuerdo a lo que manifestó, el viaje hasta el hospital le cuesta $20.00 porque tiene que llevar a dos de sus hijos mayores para que ayuden a cargarlas, comoparte de la terapia indicada por los médicos.

La joven madre y sus otros hijos tienen sentimientos encontrados con respecto a las pequeñas. Patricia señaló que por una parte están emocionados a la espera de llevarlas a casa, pero también afligidos por cómo harán para cuidarlas, así como por el hecho de que se incrementarán las necesidades por cubrir.

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“Yo nunca pensé que iban a ser trillizas, porque tengo más hijos y nunca me había pasado algo así, ni dos, mucho menos tres. Al principio me emocioné (al recibir la noticia) y algo pero después cuando caí a la realidad ya me asusté un poco porque sí iba a costar, pero si Dios me las dio, las va a bendecir también y me les va a ayuda para que ellas sobrevivan a esta vida”, indicó.

Ella aún desconoce cuándo le darán de alta a las otras dos niñas pero confía en que una vez ocurra pueda contar con lo necesario para darles atención básica, por ejemplo ropita, pañales desechables, toallas húmedas, leche, entre otros.

Al momento solo ha logrado reunir algunas piezas de ropa,dos latas de leche y unos pampers que le han donado personas altruistas que conocieron su situación en internet.

El reto es grande, considerando que apenas logran tener para los alimentos con apoyo de un sobrino que cosecha algunos granos básicos.

En medio de este panorama adverso Patricia se muestra ilusionada con la idea de que su padre, quien tiene 72 años y vive en una casa de lámina que está contigua a la suya, le ha prometido que fabricará una cuna para las niñas con unos cuartones que tiene. Según dice, él se la ha ofrecido como una herencia para las pequeñas.

Sin embargo, a largo plazo acaricia el sueño de que algún día podrán tirar la casa rústica y dañada en donde viven actualmente para construir otra que brinde más seguridad a su familia.

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Patricia cuenta que ella no culminó el tercer grado de Educación Básica porque no le gustaba el estudio, además sus padres tampoco la motivaban para que continuará asistiendo a clases, a que hiciera el esfuerzo aunque la escuela le quedará muy distante, sino más bien dejaron a discreción de sus hijos el continuar estudiando.

Externa que cuando era pequeña su familia vivía en el Cantón Quebracho Centro, así que tanto ella como sus hermanos tenían que viajar hasta el distante municipio de Mercedes Umaña para poder asistir a la escuela. A diferencia de ella sus hermanos culminaron el noveno grado, uno incluso el bachillerato.

De ahí que a pesar de las precarias condiciones en que vive, ahora sí está empeñada en que sus hijos asistan a la escuela, por ello dos lo hacen en la modalidad a distancia, otros están en la educación regular atendiendo quinto grado, segundo grado y kínder.

“Me ha tocado duro, porque la vida de quedarse así, sin estudiar, es dura, no es igual, porque uno necesita dinero y se le complica. Yo me arrepiento de no haber estudiado, ahora les digo a ellos que solo me queda animarlos. Yo les paso motivando, hasta a los chiquitos que a veces no quieren ir a la escuela les digo tienen que sacar su bachillerato y trabajar para ustedes mismos aunque sea”, comenta.

Patricia reconoce que si se hubiera preparado académicamente muchas cosas hubiesen sido diferentes, le hubiese ido mejor en la vida, no solo tuviera algún empleo formal sino que a lo mejor no hubiese comenzado a tener pareja e hijos a los 18 años, como ocurrió; incluso, aunque considera que sus niños son una bendición no descarta que hubiese tenido menos, puesto que ella se rigió con el mismo pensamiento de su madre en relación a la maternidad, es decir en cuanto que iba a tener los hijos que Dios le diera.

“Mi mamá solamente tuvo seis (hijos), sin esterilizarse, sin ir al hospital, y hasta ahí los que Dios le dio porque sin planificar ya no tuvo más niños. Entonces yo decía quiero ser igual a mí mamá, pero ya con las trillizas hasta me pasé. Hoy dije que no pude ser como ella y ahora sí me esterilicé”, afirmó.

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La historia de esta usuluteca no dista mucho de la realidad que viven muchas jóvenes del área rural, pues tal como señala el reciente Mapa de Embarazos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el hecho de que las adolescentes no tengan acceso a la información y servicios de salud sexual reproductiva, es uno de los factores que está detrás de las elevadas tasas de embarazos en este sector de la población.

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Según el mencionado informe titulado “Llegar a cero embarazos en niñas y adolescentes” del UNFPA en 2019 hubo 15,270 inscripciones prenatales de niñas de entre 10 y 19 años.

El estudio precisa que la tasa de fertilidad entre la población de 15 a 19 años a nivel mundial es de 42.0 nacimientos por cada 1,000 mujeres; en América Latina y el Caribe ese indicador sube a 62.1 y en el caso de El Salvador asciende a 68.6, situación que mantienen encendidas las alarmas.

“Todas las niñas y adolescentes salvadoreñas deberían poder educarse, jugar, soñar y contar con el tiempo y el apoyo de sus familias y comunidades para crecer sin preocuparse por ser madres a temprana edad”, advirtió Neus Bernabeu, representante de UNFPA El Salvador.

Otros estudios educativos que se han realizado en el país durante varias décadas también apuntan que el abandono de la escuela por parte de las niñas tiene un gran impacto, puesto que las hace más vulnerables a tener embarazos más tempranamente, más hijos, a no acceder a mejores oportunidades de empleo como le ha ocurrido a la madre de estas trillizas que vive en Alegría.

Las personas interesadas en colaborar con Patricia y sus trillizas pueden comunicarse con ella al teléfono 7631-5972.

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