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La muerte de Rutilio Grande inspiró la vida de María Julia Hernández

La defensora de derechos humanos y fundadora de Tutela Legal aseguró en una entrevista televisiva, en 2005, que su vocación la decidió durante el sepelio de ese sacerdote, cuando escuchó predicar a Monseñor Romero.

Por Eduardo Alvarenga | Ene 09, 2022- 10:34

Dos abogados cercana a la activista de derechos humanos relatan cómo era trabajar con ella y el legado que dejó en la defensa de esos derechos. Video EDH / Eduardo Alvarenga.

Era marzo de 1977, durante la misa de cuerpo presente del sacerdote Rutilio Grande, el primer sacerdote asesinado en El Salvador por odio a la fe. Dentro de los asistentes, se encontraba la entonces joven María Julia Hernández.

“Cuando oigo a monseñor predicando en la catedral, porque el cuerpo del padre Rutilio había sido llevado allí, él predica de una manera que yo dije ‘esta es mi opción’, la opción por la defensa de la vida, de las personas”, relataba Hernández durante una entrevista hecha por Canal 33, a inicios de 2005.

Hernández comenzó estudiando Filosofía, en la Universidad Centroamérica José Simeón Cañas (UCA). Quince días después del sepelio del padre Grande, una compañera de la universidad la invitó a una reunión convocada por Monseñor Romero, arzobispo de San Salvador, en aquel entonces.

Tras esa reunión con distintos sectores sociales, entre ellos los estudiantes, el arzobispo les pidió ayuda para desarrollar distintos proyectos sociales que tenía en mente. María Julia aceptó sin dudarlo. Ella se convirtió en asistente de él.
“Era un hombre súper ocupado, le llegaban muchas cosas. Ese ámbito me permitió a mí ser testigo de personas que lo visitaban, se le acercaban, madres que lloraban y le pedían por sus hijos, esposos y familiares. Monseñor les consolaba y les decía que sí. Entonces, yo veía a monseñor como a Jesucristo, como cuando la viuda de Nahín está llorando por su hijo muerto y él la consuela”, recordaba Hernández.

Durante esos años, María Julia tomó una iniciativa importante para la memoria del santo salvadoreño. Grabó todas sus homilías y las transcribió. “El mismo monseñor se oponía, pero María Julia estaba convencida y siguió con su idea”, asegura Ovidio Hernández, abogado que trabajó con ella por casi 20 años.

El legado de Hernández
La inspiración que Romero provocó en María Julia, desde la muerte de Rutilio Grande, la hizo determinar su vida. Tras el asesinato de Romero, en 1983 ella formalizó el proyecto de Tutela Legal, con el apoyo del arzobispo sucesor Arturo Rivera y Damas. Se dedicó por completo al trabajo de esa pequeña oficina, ubicada al final del pasillo de la primera planta del edificio del Arzobispado de San Salvador.

En ese espacio, recibía casos de lo que podían ser violaciones a derechos humanos. Ella y un grupo de abogados se encargaban de investigarlos. Se dedicó a ese trabajo hasta el momento de su muerte, en 2007. La entrega era a tiempo completo, nunca se casó ni tuvo hijos.

La oficina de Tutela Legal acumuló cerca de 5,000 expedientes sobre los casos más atroces de violaciones cometidas en el país, desde el tiempo del conflicto armado.

María Julia y su equipo de abogados se trasladaban hasta el terreno para hacer sus propias indagaciones. A partir de ello, rendían informes y tomaban acciones legales.

“Era una persona muy activa. Ella decía ‘los derechos humanos son las 24 horas’. Y en la noche te hablaba para que investigaras cualquier caso”, relata el abogado Ovidio Mauricio, actual director de la Asociación Tutela Legal "Dra. María Julia Hernández".

Mauricio trabajó con Hernádez desde 1988. Según recuerda, otro de los legados de ella fue la lucha para que se incorporara la prueba científica al caso de El Mozote. Durante la década de 1990, a través de la oficina de Tutela Legal, trajeron a un grupo de antropólogos forenses argentinos para que realizaran las exhumaciones de los restos de las víctimas.

“Fue un batallar, con la Corte Suprema de Justicia, Medicina Legal, con el gobierno, para que se aceptara la pericia de los forenses, en restos de larga data”, explica Mauricio.

Hernández estuvo involucrada en la lucha por la justicia de ese caso desde el principio. El abogado David Morales trabajó con ella desde 1990. Ese año dieron acompañamiento al señor Pedro Chicas, quien puso la primera denuncia penal por la masacre.

En el Mozote, la figura de esta defensora de los derechos humanos es muy conocida por todos los habitantes que repoblaron ese lugar. Su retrato está en el jardín de la iglesia de ese caserío, junto al de Rufina Amaya, sobreviviente de la masacre, en 1980.

“Fue muy simbólico que partieran el mismo mes, el mes de los y las mártires en El Salvador. Yo le di la noticia en el hospital, Rufina murió el 6 de marzo de 2007 y le impactó mucho”, recuerda Morales, quien visitaba a Hernández en sus últimos días. Murió ese mismo mes, el 30 de marzo, en un hospital del Seguro Social, con sencillez, como vivió toda su vida.

El legado de María Julia también es reconocido a nivel internacional, por ejemplo, el Alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Alberto Brunori, dijo durante la conmemoración de los 40 años de la masacre de El Mozote y lugares aledaños: “Lo que no hicimos en el pasado, sigue estando aquí. Pero también, todo lo que se hizo, y en particular lo que se hizo bien, produce aún notorios resultados. Es por ello que quiero utilizar esta ocasión para recordar el trabajo inagotado que impulsó en su momento nuestra apreciada María Julia Hernández y su equipo, un trabajo que rinde sus frutos aún hoy, en las salas de audiencias".

Una mujer de convicciones
Otra persona cercana a María Julia fue el sacerdote jesuita José María Tojeira, quien la conoció en 1986, cuando él desarrollaba trabajos de comunicación en el Arzobispado.

Tojeira recuerda que fue él mismo quien le pidió apoyo investigativo cuando ocurrió el asinato de los mártires jesuitas, en 1989. Gracias a sus investigaciones se determinó que, debido al abundante armamento que se había usado en la masacre, los responsables del hecho eran la Fuerza Armada.

Tojeira también fue testigo del carácter y convicción de María Julia. “En un almuerzo con monseñor Rivera, monseñor Gregorio Rosa y otros sacerdotes que estábamos con ellos, María Julia estaba sirviendo la comida. Monseñor Rivera bromeó diciendo que María Julia les daba todos los sábados catequesis a los obispos. Se refería a que María todos los sábados daba un informe a nuestros dos obispos sobre las violaciones cometidas durante la semana contra los derechos humanos. A María Julia, que quería muchísimo a ambos obispos, no le gustó la broma. Y le dijo a Rivera que su obligación como pastor era enterarse del sufrimiento de su pueblo, y que no bromeara con eso. Era muy libre para decir lo que pensaba”, relata.

Han pasado casi 17 años desde esa entrevista en Canal 33 y las carencias en derechos humanos en El Salvador aún son latentes. “Que el pueblo salvadoreño tenga realizado todos sus derechos humanos, ese es el deseo para mí”, concluía en aquella entrevista.

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