OPINIÓN: Más riesgos que beneficios en una prórroga a la restricción de derechos constitucionales

Por Salvador Samayoa

Abr 12, 2020- 16:57

El segundo decreto de restricción temporal de derechos constitucionales estuvo en la frontera de un fraude de ley. Para algunos lo fue. Yo acepto que se haya tomado como un nuevo decreto en vez de tomarlo como prórroga del primero por una razón importante: los diputados que no votaron a favor (FMLN) y los que votaron por hacerle cambios querían asegurar que las personas que fueran retenidas por transitar en la vía pública no fueran llevadas a sedes policiales o a centros de cuarentena, sino a sus casas. Este era un propósito loable y a tono con la resolución de la Sala de lo Constitucional.

Pero lo que hemos visto desde su aprobación el pasado 14 de marzo es que el presidente ha desafiado y ha contrariado la letra y el espíritu de este decreto y ha ignorado por completo  la potestad del Órgano Judicial.

Así las cosas, a un presidente que no quiere gobernar con límites y contrapesos, no se le pueden extender poderes extraordinarios.

Esos poderes, en casos de emergencia, se otorgan para que los gobernantes manejen con mayor efectividad la crisis, no para que tomen medidas que en vez de preventivas son punitivas y son contraproducentes al propósito de evitar los contagios.

Evitar el contagio es la única razón legítima para que la autoridad pública detenga a un ciudadano en la vía pública. Pero si en vez de eso lo que se pretende es castigar a los que no obedecen al presidente, se desnaturaliza por completo la medida y se incrementan en vez de reducirse las posibilidades de contagio

El presidente tiene que entender que necesitamos un gobierno firme, pero no arbitrario; un liderazgo serio y coherente, no prepotente. Un gobernante con facultades y recursos extraordinarios, pero que respete el Estado de Derecho, que respete en vez de desafiar  al poder legislativo y al poder judicial. Necesitamos, en resumidas cuentas, un presidente que pueda ejercer el poder con determinación, pero con madurez y con mesura. Sin arrebatos, sin bravuconadas.

El estilo de comunicación del presidente, sus formas y sus palabras se pueden traducir con mucha facilidad como un empoderamiento para la rudeza, la arbitrariedad y la matonería por parte de policías y militares.
La gente está abatida, afligida, con graves problemas y ansiedades. Lo que menos necesita es que además le pongan una bota en el cuello.

Ahora, además está amenazando con toques de queda. Cada vez más militarización. Cada vez mayor el nivel de amenaza. El pueblo debiera sentirse guiado y protegido por sus gobernantes, no amenazado y maltratado por ellos.
En este sentido, a la luz de lo que hemos observado en las últimas semanas, resulta más peligroso que beneficioso extenderle poderes extraordinarios al presidente. Además no los necesita. Es suficiente con una ley de Emergencia Sanitaria. Ojalá los diputados proceden con lucidez y valentía.

Utilizamos cookies y otras tecnologias para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestro sitio web.

Política de privacidad