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¿Ha probado el pozol de Chilanga? Si le gusta la comida tradicional salvadoreña este platillo podría ser una tentación 

Marta Vásquez tiene más de 25 años de preparar y vender pozol de cerdo, una de las rectas tradicionales  de Chilanga en Morazán, hecha a base de maíz “reventado”.

Por Iliana Ávila | Oct 12, 2021- 11:22

En Chilanga se prepara el pozole que se ha convertido en una de las comidas tradicionales. Video EDH/ Iliana Ávila

El pozol de pollo o de cerdo es una de las comidas tradicionales de los habitantes del municipio de Chilanga, departamento de  Morazán. El popular caldo  es elaborado con carne de cerdo o pollo,  maíz reventado (similar forma a las palomitas de maíz), especies y tomate.

María Marta Felicita Vásquez, de 67 años, lleva más de 25 años elaborando este popular  platillo, además de sopas de gallina india con pinol, sopa de mondongo y tamales.

La receta la aprendió cuando trabajaba ayudando a una mujer conocida de  su familia.  “Después ella faltó, pero yo siempre quedé haciendo pozol. Como a la 1:00 de la madrugada lo arreglaba y a las 2:00 de la madrugada lo empezaba a vender”, narra.

Fotos EDH Iliana Ávila

Sus clientes eran los ganaderos y, también, jóvenes que se quedaban en el parque del municipio, quienes en la madrugada, cuando ya el pozol estaba listo, iban a la casa de doña Marta a comprarlo. “Ahora ya tengo como ocho años de vender el pozol por la tarde” comenta doña Marta, como es conocida en Chilanga.

Marta  es una mujer de estatura media, tez morena, de andar rápido y ágil, asegura que no se enferma  y que no le gusta estar sin cocinar o hacer oficio en la casa. Está casada desde hace 50 años y dio a luz cinco hijos, de los que le sobreviven cuatro; tres mujeres y un hombre.

María Marta Felicita Vásquez: “El día que no hago algo me siento mal, mi oficio es estar ocupada en la cocina”.

Comenzó a trabajar desde muy joven, elaborando petates, escobas, sombreros y cintas, estas últimas se utilizan para hacer sombreros cosidos, una tradición que ha perdido fuerza en el municipio de Chilanga.

La cocina de Marta es un cuarto que da hacia la calle, la hornilla está ubicada al lado de una gran ventana por donde ingresa la luz, el humo a cubierto de hollín el techo y las llamas de la  leña envuelve el fondo de la  olla donde  hierve por cinco o seis horas el caldo hecho con una cabeza de cerdo y varias libras de maíz.  Los ingredientes deben quedar lo más suave posible pero  sin deshacerse en la cocción.

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Una vez cocida la cabeza de cerdo es sacada de la olla y la deja enfriar. Mientras tanto,  Marta prepara abundante salsa de tomate y especias que es vertida sobre el caldo con maíz. Luego el caldo es puesto a hervir nuevamente  y de ahí a los platos de los comensales.

“Antes decía la gente vamos hacer pozol, era en tiempo que la gente hacia la milpa y quemaba los montes. Hacían el maíz salcochado, lo molían y hacían fresco y se iban a repartir a las milpas, en cántaro andaba la gente el fresco y ese era el pozol. Después descubrí  el pozol que nosotros conocemos, no sé cómo la gente después inventó el pozol así caldo)”, comenta doña Marta.

En Chilanga, Morazán el pozol es comercializado en cinco negocios, pero en su mayoría lo preparan con pollo, solo dos mujeres lo hacen con cerdo entre ellas doña Marta. El pozol es vendido a los comensales los días martes, jueves y sábado a partir de la 1:00 de la tarde, el platillo tiene diferentes precios $0.50, $0.75 y $1.00, esto por el encarecimiento de la canasta básica ya que antes su precio era de $0.35 y $0.50 centavos.

Con la cuarentena decretada en 2020 para reducir los índices de contagio por covid-19, Marta vio reducidos sus ingresos con la venta del pozol de cerdo, “vendimos solo para llevar, pero a la gente no le gustaba, después se fueron acostumbrando, ya ahora vienen de vuelta”, comenta y añade que   la venta no se ha recuperado en su totalidad.

“No es como antes, no se hacían estos poquitos se vendía más, se hacía una (olla) y la mitad. Empecé haciendo más poquito que esto porque la gente siempre buscaba, pero ahora no es normal”, lamenta.

Marta asegura que en su familia a la fecha nadie se ha contagiado de covid-19s, en su negocio mantiene todas las medidas de bioseguridad.

 

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