¿Qué pasa si no me vacuno contra el COVID-19?

Una persona tiene derecho a decidir no vacunarse, pero al hacerlo se convierte en una potencial fuente de contagio, explica el doctor José Gonzalo Batres Baires.

Al 17 de abril de 2021, la vacunación contra COVID-19 se acerca al medio millón de personas en El Salvador. Foto EDH/ Jonatan Funes

Por Lilian Martínez

Abr 08, 2021- 07:33

No vacunarse “debe ser una opción”. Así lo reconoce el médico intensivista José Gonzalo Batres Baires, salvadoreño que ejerce la medicina en Alemania; quien ya recibió ambas dosis de la vacuna Biontech. No obstante, advierte que quienes deciden no ser vacunados cargan con la responsabilidad de “ser un riesgo para la sociedad”, pues  “la posibilidad de expandir el virus y que haga mutaciones es mayor”.

Se dice que la mejor vacuna es la que está disponible ¿qué tan cierto es esto?

La vacunación es uno de los mayores hitos en la historia de la medicina y de la humanidad. No hay que poner en duda cómo se ha beneficiado el mundo entero con la vacunación a través de los años. En situación de pandemia el tiempo apremia y todos quisiéramos tener respuestas claras, contundentes. Y sin embargo, la realidad es distinta, la investigación y el análisis de las terapias preventivas y curativas toma un tiempo necesario e inevitable. Apenas acabamos de cumplir un año de pandemia y ya tenemos varias opciones de vacunas, esto es un hito.

Todas estas alternativas se catalogan hasta el día de hoy como “candidatas a vacunas”, porque ninguna tiene la aprobación definitiva. La comunidad médica y científica sigue observando con mucha prudencia lo que sucede. Asegurar de forma absoluta que “la mejor vacuna es la que está disponible” sin tener garantías de los distintos mecanismos de acción, efectividad y riesgos es imprudente. Más aún, que una vacuna esté disponible no significa que sea recomendable. Factores como grupo etario, enfermedades subyacentes, medicamentos que se consumen, y otros no pueden olvidarse. Por otra parte, si tomamos en cuenta la situación desfavorable y el poco margen de negociación de El Salvador, es necesario poner los pies en la tierra y aceptar que cualquier vacuna con efecto clínico comprobado traerá más beneficio que riesgo para los salvadoreños. Siempre será mejor tener 100 ciudadanos vacunados que ninguno. Todo esto lo digo como médico que recomienda la vacunación y al mismo tiempo como paciente que ya fue vacunado.

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No vacunarse ¿debe ser una opción?

El principio de autonomía del paciente es uno de los derechos más preciados que los médicos debemos defender y respetar. Claro que “no vacunarse” debe ser una opción. El problema es que al tratarse de un problema de salud pública, invadimos áreas y disciplinas que se deben tomar en cuenta a cabalidad: ética, jurisprudencia, derechos humanos, entre otros. Aspectos como el derecho a trabajar, el acceso a la educación, la protección de personas vulnerables y la libertad de movilidad que deben ser garantizadas por el Estado están en juego. Creo que ningún gobierno puede obligar a sus ciudadanos a vacunarse, pero sí debe regular ciertos aspectos para que la sociedad funcione de forma segura. En Europa se discute la creación de una identificación de vacunación que permita el acceso a restaurantes, lugares y eventos públicos, centros vacacionales, viajes al extranjero, etc. Israel ha desarrollado el Green Pass de forma electrónica que también es un ejemplo de lo que se puede hacer.

En un mundo ideal todos deberíamos tener acceso a toda la variedad de vacunas contra el SARS-CoV-2, y luego de informarnos, podríamos escoger de forma empoderada cuál de todas queremos que se nos aplique. En este sentido, debiera exigirse al gobierno central que por existir distintas vacunas en circulación, al convocar a los ciudadanos se les informe automáticamente cuál vacuna recibirán. Así saben de antemano a qué tipo de vacuna darían su consentimiento. Ahora, las personas que niegan rotundamente cualquier vacuna, está científicamente comprobado que cargan con la responsabilidad de ser un riesgo para la sociedad: la posibilidad de expandir el virus y que haga mutaciones es mayor. La lógica que justifican “como todos los demás están vacunados, yo no necesito vacunarme” es egoísta, peligrosa e irresponsable.

¿Cree que los gobiernos han tomado en cuenta la información científica sobre las vacunas  antes de decidir cuáles comprar?

No. Como lo he repetido en varias ocasiones, en el manejo de la pandemia ha predominado más la política que la ciencia. Hay suficientes ejemplos en todo el mundo. Como médicos es fastidioso enterarse sobre lineamientos o directrices que no se basan en la ciencia. En el caso concreto de El Salvador, la improvisación, la falta de documentación, la anuencia a brindar información epidemiológica oportuna, la recomendación de terapias fallidas, la falta de transparencia fiscal y muchos más han sido el pan de cada día durante la pandemia. Se ha notado que el país ha recibido el apoyo de organizaciones internacionales y también que no han escatimado en gastos económicos, pero al preguntarnos cómo han dirigido todos los recursos surgen muchas dudas. El país sale muy mal calificado en la estrategia de vacunación y otros aspectos.

La vacunación es el “Game Changer” de la pandemia, el país que mejor y más rápido vacune a su población es el que ganará. Atraer el turismo, reactivar la economía, garantizar la educación de las nuevas generaciones, todo esto depende de una buena vacunación. Hace varios meses escuchamos al ministro de Salud decir que ya tenían compromisos con uno de los fabricantes más grandes de vacunas. En lo personal me alegré porque se intuyó que desarrolladores como AstraZeneca o Pfizer estaban en juego. Lastimosamente esto no se ha traducido en vacunaciones concretas. Por un lado, se ha dependido de la iniciativa COVAX y por otro, se recurre sorpresivamente a la vacuna de origen chino, incluyendo donaciones de dosis.

En El Salvador ya se está aplicando la vacuna fabricada en China ¿Qué se sabe y qué no se sabe de la SINOVAC?

SINOVAC es una de las empresas chinas que han desarrollado una vacuna. En este caso concreto la vacuna se llama CoronaVac y su plataforma se basa en virus inactivados. Es decir, que el paciente recibe el virus SARS-CoV-2 que ha sido cultivado y luego tratado químicamente para que no genere la enfermedad. Una de las ventajas que puede ofrecer una vacuna de este tipo es que produce una protección más rápida y amplia, pues incluye todos los componentes de un virus. Por otro lado, el hecho que el virus sea tratado químicamente puede afectar también la producción de anticuerpos adecuados. Los virus inactivados son muy conocidos y hay muchas enfermedades que se previenen de esta forma, con la salvedad que la inmunidad o protección que ofrecen es relativamente baja en comparación a otras vacunas. Esto obliga a dosis de refuerzo. 

Precisamente la evidencia científica de la vacuna de SINOVAC señala que tiene un efecto protector máximo de sólo 50%. El primer estudio (Fase 1/2) de CoronaVac fue publicado en febrero pasado e incluyó a menos de 1000 pacientes. En lo personal lo considero un número muy pequeño de participantes en comparación a la importancia que tiene la iniciativa. SINOVAC aún no publica el ensayo clínico de Fase 3 lo cual es determinante en medicina. Para ejemplificar la relevancia del número de participantes podemos mencionar que en el caso de la vacuna de AstraZeneca se han necesitado más de 3 millones de pacientes en Alemania antes de detonar las alarmas por posibles eventos trombóticos en el cerebro. Extrañamente AstraZeneca ha decidido cambiar el nombre de su vacuna a Vaxzevria, se desconoce si estos efectos adversos tienen algo que ver. 

Lo que hizo SINOVAC es anunciar en conferencia de prensa algunos resultados del estudio Fase 3 que ha realizado en Chile, Brasil y otros países. La empresa dice que la prevención de una forma mortal de la enfermedad es en el 100% de los casos e incluso especularon con una protección a infectarse arriba del 80% en pacientes jóvenes. Pero insisto que la valoración médica y científica de la vacuna no se puede hacer a través de anuncios de prensa, sino solamente cuando se publiquen los detalles del ensayo a través de la literatura especializada. Yo desearía ver publicados los datos finales de SINOVAC antes de aprobar el uso masivo de CoronaVac en El Salvador.

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