Carlos, el niño de 5 años que necesita un trasplante para vivir, sueña con crecer y convertirse en bombero

A sus cinco años, Carlos fue diagnosticado con una enfermedad hepática y necesita trasplante de hígado. La cirugía cuesta $25 mil y solo puede realizarse fuera del país. Comandos de Salvamento y otros voluntarios ayudan a los padres a recolectar fondos.

Carlitos fue diagnosticado el pasado mes de abril con hepatomegalia, una enfermedad hepática, por lo que necesita de urgencia un trasplante de hígado. Los padres solicitan ayuda a través de una campaña de recolección para pagar la primera cirugía que tiene un costo de 25 mil dólares y que sólo se puede realizar fuera del país.

Por Jonathan Tobías

Oct 13, 2020- 15:09

Marcela Velazco no tiene otra opción que vivir entre el miedo e incertidumbre. Ella es una madre que lucha contra el tiempo. Su hijo, Carlos, de tan solo cinco años de edad, fue diagnosticado con hepatomegalia, una enfermedad que afecta al hígado al obstruir las venas hepáticas y no permitir que el órgano deseche las toxinas nocivas para el cuerpo.

Debido a su situación médica, el menor se encuentra en cuidados intensivos dentro del Hospital Nacional Benjamín Bloom, en San Salvador. “Mi niño no se enfermaba, se encontraba normal”, recuerda Marcela, quien describe que, durante el embarazo, y en los primeros años de vida, no hubo indicios de la enfermedad.

La sospecha que algo andaba mal con la salud del pequeño sucedió el pasado mes de abril, cuando Carlos comenzó a mostrar algunas dificultades digestivas.

La madre de Carlos se encuentra moviendo cielo y tierra para conseguir los fondos para el procedimiento de su hijo. Foto EDH / Cortesía

Sus padres creyeron que se trataba de algún problema común. Sin embargo, pasaron varios días y la situación parecía no mejorar. Marcela recuerda que el estómago de su hijo crecía cada vez más de “manera extraña”. Lo llevaron a la unidad de salud más cercana. “El hígado de Carlitos no está funcionando”, fueron las palabras del médico y, desde entonces, todo ha sido una batalla constante.

“Sentí que todo mi mundo se vino abajo”, expresa Marcela, en medio de la desesperación de saber que la vida de su hijo está en una carrera contra el tiempo. Luego de numerosas pruebas y exámenes, los doctores determinaron que la única forma de preservar la vida de Carlos era a través de un trasplante del hígado y alertaron a sus padres que esa cirugía no se realiza en el país.

“No sabía qué hacer. No entendía porque nos estaba pasando esto”, relata Marcela. Para ella y el resto de su familia, cada día es más complicado que el anterior. Pero, en medio de la desesperación, ella confía que pronto su hijo recibirá el trasplante que le salvará la vida. “Es difícil, pero vamos hacia adelante”, dice.

Una lucha en medio de la pandemia

Debido a las medidas preventivas frente al COVID-19, Marcela no ha tenido la oportunidad de estar con su hijo cuando se encuentra ingresado en el hospital. La única manera de saber el estado de salud de Carlos es a través de llamadas telefónicas. “Es desesperante no saber si mi hijo ya comió o si se siente bien”, lamenta.

Marcela, en compañía de su esposo y su segunda hija, de ocho años, busca nuevas formas para generar ingresos que le permitan pagar el trasplante del hígado para su hijo. Los padres señalan que la primera cirugía que Carlos necesita tiene un costo de 25 mil dólares. Gracias a la ayuda de amigos y familiares, que residen en el extranjero, ya existe un acercamiento con médicos de un hospital especializado en Washington D.C, lugar en donde sí se realizan trasplantes de hígado.

Gracias a esa gestión, el próximo 22 de octubre, el menor será trasladado hacia Estados Unidos, en donde permanecerá mientras la familia recauda el dinero para la cirugía. “Es duro pensar que estaré lejos de mi niño, pero todo es por salvar su vida”, expresa la madre y no cabe duda que un nudo se empuña en su garganta.

Uno de los grandes sueños de la familia es lograr pagar la cirugía y que la familia llegue a estar unida bajo el mismo techo. “Espero que todo esto termine bien y contarle a mi hijo que todo lo que hicimos fue por amor a él”, dice Marcela, casi como una plegaria. “Cuando sea grande quiero ser bombero, me dice”, relata y justo, el juguete favorito de su hijo es un camión de bomberos.

Carlos sueña con convertirse en Bombero al crecer y su juguete favorito es un camión de bomberos. Foto EDH / Jonathan Tobías.

La familia mantiene activa una campaña para recaudar fondos, en donde personal de Comandos de Salvamento y otros voluntarios se han sumado para salir a las calles en busca de una moneda. Marcela ha habilitado el teléfono 7944-2343 para quien pueda unirse a la causa. “Cualquier ayuda, por más pequeña que sea, estaremos agradecidos. Carlitos en mi ángel, un niño sonriente que necesita de todos nosotros para poder vivir”, concluye.

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