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“¿Por qué nos quieren matar?, nos preguntábamos”, recuerda sacerdote estadounidense

El sacerdote Pablo Schindler recuerda los sucesos ocurridos el 2 de diciembre de 1980, cuando la Guardia Nacional secuestró y asesinó a cuatro religiosas norteamericanas.

Por Karla Arévalo, Lilian Martínez | 03.Dic.2021

Las religiosas Dorothy Kazel, Ita Ford, Jean Donovan (seglar) y Maura Clarke, detenidos, torturadas y asesinadas el 2 de diciembre de 1980.  Foto EDH / Archivo

El padre Pablo Schindler era ya párroco en el puerto de La Libertad, cuando dos de las misioneras norteamericanas que colaboraban en la catequesis de esa zona y otras dos religiosas que estaban en misión en Chalatenango fueron secuestradas y asesinadas por miembros de la Guardia Nacional el 2 de diciembre de 1980. Como parte del memorial digital Rostros y voces del conflicto, Schindler, ahora de 80 años, habló con El Diario de Hoy sobre el trabajo que ellas llevaban a cabo, su decisión de permanecer en El Salvador, pese al peligro, y el legado que dejaron tras su asesinato.

Padre Pablo Schindler
El padre Pablo Schindler es párroco del puerto de La Libertad, donde conoció a las hermanas Dorothy Kazel y Maura Clarke. Foto EDH / Damaris Girón

¿Cómo conoció a las religiosas Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y Jean Donovan? ¿Qué relación tuvo con ellas?
En el tiempo del Concilio (Vaticano II), el Papa Juan XXIII pidió a las iglesias de los norteamericanos que compartieran su dinero y su gente con el Tercer Mundo. Entonces el obispo de Ohio escogió un equipo para venir a trabajar ayudando a la iglesia aquí en la Arquidiócesis de San Salvador; pero también estuvimos en el departamento de La Unión; habían más o menos 15 de nosotros trabajando en equipo, algunos sacerdotes, algunas religiosas y algunos voluntarios del Papa que trabajamos en equipo. Dorothy (Kazel) y Jean (Donovan) trabajaron aquí en el Puerto de La Libertad y yo fui el párroco del Puerto de La Libertad. Así nos conocimos. Dorothy fue religiosa y Jean era voluntaria del Papa. (...) Yo estuve aquí desde 1972 hasta 1982, pero ya la diócesis de Cleveland estuvo aquí y sigue aquí, entonces más de 50 años que casi estamos aquí en El Salvador ayudando.

MIRA TAMBIÉN EL MEMORIAL DIGITAL ROSTROS Y VOCES DEL CONFLICTO

¿Usted tuvo conocimientos alguna vez que las hermanas fueran amenazadas?
Mire, las amenazas fueron indirectas, nunca directas, siempre decían “padre si usted va allá, lo van a matar”, y así las hermanas; porque ellas estaban en programas con niños, de ayuda de leche y comida, entonces ellas fueron a formar líderes y repartieron la ayuda de caridad que ellas daban a la gente y en cada comunidad habían líderes, en la formación de los líderes y era peligroso porque los que tenían el poder no querían que la gente se organizara.

¿Cómo supo lo que pasó el 2 de diciembre de 1980?
Aquel día iban a venir Ita y Maura de Nicaragua, porque estuvieron allá. Entonces Dorothy y Jean fueron a recogerlas y la cosa es que ellas iban a venir temprano, pero sus superiores necesitaban ir a los Estados Unidos y cambiaron asientos. Las hermanas se quedaron aquí en El Salvador y sus superiores fueron a Nueva York. Entonces Dorothy y Jean tuvieron que volver a recoger a Ita y Maura que se quedaron en el último vuelo. (...) Entonces estaban esperando y la policía llegó donde ellas en la sala de espera y las llevaron hasta migración con Ita y Maura (...). Nunca llegaron.
A la mañana siguiente (...) llamé al arzobispo. Me dijeron que las hermanas no llegaron. Entonces fuimos algunos de aquí al aeropuerto y fuimos a la radio YSAX donde dijeron que había cuatro religiosas que habían desaparecido. Entonces, la gente de Santiago Nonualco, porque las llevaron ahí y donde las mataron, la gente de Santiago Nonualco ha visto el carro con las hermanas y soldados con uniforme que llegaron hasta ahí, a las 11 de la noche, y ellos escucharon balas, y luego el carro regresó solo con los soldados, sin las hermanas. (...) Encontraron los cuatro cadáveres (...) Entonces, cuando ellos oyeron en la radio que estaban desaparecidas cuatro religiosas y llamaron a su párroco de allá. Después el sacerdote llamó a su obispo de San Vicente, quien llamó al arzobispo y él me llamó a mí. El obispo me dice que hay posibilidad de que sean ellas, porque hay cuatro cadáveres por Santiago Nonualco (...) Cuando fuimos allá, fuimos a la Hacienda San Francisco, cantón Santa Teresa, y encontramos donde pensamos que estaban, un local donde pudieran haber estado enterradas, porque ya habían mandado a enterrarlas, yo fui a una casa cerca y empecé a sacar la tierra hasta que encontramos el primero cadáver.

¿Usted lo reconoció?
Yo lo reconocí, llegaron vecinos y gente de otros lados y nos ayudaron a sacar los cuerpos (...), después ya vino el embajador de los Estados Unidos porque la noche anterior habíamos cenado con él y teníamos buena relación. Él llegó con todo su equipo de guardaespaldas y nos consiguió los permisos para sacar y transportar los cadáveres hasta San Salvador.

¿Qué significaron para la congregación estos asesinatos?
Al principio fue mucha confusión porque no estamos metidos en nada, “¿por qué nos quieren matar?”, nos preguntamos. Entonces estaban pensando nuestros obispos en que dejáramos El Salvador y tuvimos que convencerlos de no abandonar a nuestra gente; porque la gente a veces dice “mire padre, usted puede decir ánimos, pero cuando las cosas son difíciles, se van y nosotros estamos aquí”. Cuando volvimos después de 13 días, entonces dijeron “nosotros ya decimos que usted es uno de los nuestros, porque nosotros tenemos muertos y ustedes tienen muertos”. Entonces convencimos a la congregación de que teníamos que estar aquí y no abandonarlos, volvimos poco a poco.

En un documental, escuché que hasta el 2 de diciembre de 1980 no se creía posible que los cuerpos de seguridad estatales asesinaran a norteamericanos, ¿ustedes creían que esto iba a ser imposible, que se iban a quedar solo en amenazas?

Siempre sentimos que podíamos seguir trabajando porque no iban a tocar norteamericanos, pero hablamos con el embajador; porque hacía él habían muchas amenazas también. Bloquearon su casa el gobierno y la policía, pero lo que nosotros decíamos era que no podíamos abandonar a la gente, la gente nos esperaba y seguimos trabajando.

¿Cuál era el principal trabajo de las hermanas?

El principal trabajo era la formación de los líderes, dar fuerza a la gente, que nosotros enseñamos a ellos a hacer las cosas, para que en los 29 cantones se hicieran comuniones, confirmaciones y hay que organizar los grupos de alfabetización o grupos de reparto de comida, porque nosotros no podemos hacer todo, la gente tenía que hacerlo. Entonces nosotros les enseñamos y los organizamos, y eso es lo que temían, porque si en el país hay 5 millones de personas y la gente se organizaba iba a botar la corrupción.

¿Se conmemora la muerte de las hermanas?

Pues siempre hay misas. Hace poco me llamaron de Inglaterra para que fuera a predicar una misa allá, para la canonización de las hermanas también. Aquí, cada año, hay una misa allá por Santiago Nonualco y luego construimos una capilla allá por donde las mataron y siempre viene gente del extranjero que quiere ir a ver dónde mataron a las hermanas y siempre se hace una misa allá. A veces también viene el obispo de Zacatecoluca, han venido obispo de los Estados Unidos para celebrar. Entonces, siempre se ha estado celebrando, y también de Chalatenango porque las hermanas Ita y Maura fueron enterradas en Chalatenango y en los Estados Unidos siempre celebramos, en la comunidad de la Ursulinas y en todo el mundo hay conmemoración, no las olvidamos.

Para la gente que no conoce cómo funciona la canonización y por qué hay una petición para canonizarlas, ¿nos puede explicar cómo es este proceso y por qué la Iglesia podría declarar santas a las hermanas?

La cosa es que siempre la Iglesia siempre indica al pueblo que hay gente que ha vivido su fe y que hay un proceso, porque no se va a declarar a una persona con devoción y eso si la persona tiene algo malo, entonces hay un proceso que va revisando la vida con testigos para estar seguros que no estamos haciendo algo con hipocresía o algo así. Entonces ese es el proceso; ya se ha hecho con monseñor Romero que era una persona comprometida con el pueblo y las cosas de Dios y varios otros que iban trabajando y otros padres también.

¿Fue una época dura para la iglesia?

Sí, como ya lo había dicho hubo 19 sacerdotes muertos, religiosas y miles de catequistas. Yo tenía seis aquí en esta zona que los mataron, porque estaban organizando y enseñando al pueblo y entonces llegaron a su casa en la noche y los mataron frente a su familia, el tiempo era difícil.

En aquellos años, había rumores de que la Iglesia podía tener participación en actividades de la guerrilla. ¿Esos rumores no tenían fundamento?
Es lo mismo, estamos sirviendo a la gente y si estamos organizando a la gente para repartir comida, hay que organizarla, porque uno no puede hacerlo todo, hay que tener gente (organizada). Y ellos (los gobernantes) no querían que la gente se organizara, porque el pueblo decía “ya no vamos con estos partidos de corrupción” y “vamos a trabajar para el bien del pueblo”.

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