VIDEO: Marta, la guerrera que vuelve a jugar baloncesto tras vencer el cáncer

Marta de Valladares, de 55 años, se sometió a una cirugía radical de seno. Esta valiente mujer es testimonio vivo de que a la enfermedad se le puede ganar.

Marta de Valladares, una profesional y amante del basquetbol, a sus 54 años recibió la noticia que padecía cáncer de seno, pero su fe y su familia fueron la energía para no dejarse ganar por la enfermedad.

Por Rafael Cerna

Abr 01, 2019- 07:27

Marta de Valladares tiene más entusiasmo, deseos de vivir y fortaleza que muchos. Corre para arriba y para abajo. Está chapuda. Recibe la pelota, la rebota, hace un par de fintas, la pasa, la vuelve a recibir y tira. ¡Dos puntos! Levanta los brazos y sonríe. Celebra y sus compañeras le aplauden. Ella, plena, acaba de vencer el cáncer de seno. Y hace 18 años le donó un riñón a su hermano. Y allí está, decidida a enfrentar lo que venga.

Su familia la apoya. Su esposo Fernando está junto a ella, dispuesto a dar cualquier lucha. Esta tarde (14 de marzo) él está entusiasmado viendo el partido de baloncesto entre la UES (Universidad de El Salvador) y FISDL, en el Polideportido del Alma Mater.

Mira a su esposa correr y correr. Y cuando el juego termina, con la victoria de la UES, él aplaude.

“Ella puede vencer cualquier cosa. Imagínese, acaba de vencer el cáncer de seno y mírela. Apenas ayer dejó de usar peluca y ya anda jugando”, dice Fernando.

Martita, como le dicen de cariño, en los duros meses de la quimioterapia, perdió por completo el pelo, las cejas y hasta las pestañas. Para verse como ella misma dice “guapa”, decidió cubrir su cabeza. Ahora, con un nuevo pelo, ella está sonriente, a la moda, con un corte que le favorece.

Como asistente administrativa de la facultad de Química y Farmacia de la UES, Marta de Valladares ha hecho carrera en la UES. Lleva allí más de tres décadas de labores. Allí quiere jubilarse y planea hacerlo pronto. Foto EDH/ Marcela Moreno

“Es terrible vivir con cáncer y lo vive también la familia”, comenta en Química y Farmacia en la UES, donde ha trabajado más de tres décadas y donde piensa jubilarse.

Allí, en la facultad, sus compañeros la aprecian. Han orado por ella. Le han brindado su apoyo incondicional. Ella lo sabe y lo agradece. Eso la hace vibrar.

Vivir… sí, vivir
Martita de Valladares dice que siempre llevó sus controles de mujer de forma rigurosa. Nunca tuvo indicios ni síntomas de que algo estaba en su seno derecho. Pero en junio de 2017 le descubrieron el cáncer.

“Un tipo muy raro, que iba del pezón en línea recta hasta cerca del pulmón”, cuenta. “La expresión del doctor me lo dijo todo”, agrega al recordar el momento en que la biopsia confirmaba su diagnóstico.

Antes de recibir la noticia que le reconfirmara su enfermedad, tenía esperanzas de que todo se tratara de un mal diagnóstico. Pero no. Aunque encapsulado, el cáncer amenazaba con propagarse. Había que actuar rápido y el Seguro Social no era opción, pues le programaron su intervención para seis meses después.

 

El apoyo de su familia ha sido fundamental para Martita. Foto EDH/ Marcela Moreno

Optó por un tratamiento particular y esa misma semana la sometieron a la mastectomía. Le quitaron pecho, ganglios, parte de músculo. Fue radical. Al recordarlo, Martita llora.

Después llegó la etapa aún más dolorosa, la quimioterapia, la recuperación física, la emocional. Volver a encontrar ese deseo de vivir.

“Quise que mi vida acabara -vuelve a llorar- y ya le pedí perdón a Dios por esos pensamientos”, insiste.

El 22 de diciembre del año pasado recibió su última quimioterapia. Hace poco más de un mes se enteró que había vencido al cáncer. Le agradece a Dios, a su esposo, a sus tres hijos, a sus amigos y a los miembros del Tabernáculo Bíblico Bautista en el que sirve. Ninguno de ellos la abandonó.

Hoy, sana, a pesar de sus cicatrices físicas y emocionales, Martita sigue dando muestras de deseos de vivir.
Ha vuelto a practicar el deporte que tanto le gusta, el baloncesto. Ya no juega como pasadora, pues extralimitarse le pasará factura. Pero le echa más ganas que nadie en la cancha.

De repente, durante el juego, vuelve a ver a su familia, que está entre el escaso público. Le están aplaudiendo. Martita sonríe.

A pesar de todo, de sus momentos de debilidad, “nunca me rendí con el cáncer. Se lo debo a Dios, se lo debo a mi familia”, dice.

 

FOTOS: Marta de Valladares disfruta del baloncesto tras sobrevivir al cáncer de seno

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