Lucrecia Hernández Mack: “El presidente (Bukele) que ha sido encantador en redes mostró finalmente su lado autoritario”

La diputada guatemalteca afirma que el intento de golpe a la Asamblea del 9 febrero derribó la imagen fresca, joven y “alivianada” de un Nayib Bukele que recurrió a la fuerza para amedrentar al Congreso.

Por Ricardo Avelar

Feb 27, 2020- 21:45

Al tiempo que el presidente de la República, Nayib Bukele, entraba acompañado por militares enfundados con armas largas al Palacio Legislativo, la joven diputada guatemalteca Lucrecia Hernández Mack advertía en Twitter: “Los autoritarios más peligrosos son los que se disfrazan de democráticos”.

La referencia parecía clara y elocuente. Por ello, El Diario de Hoy abordó a la legisladora del país vecino, quien confirmó las sospechas: el mensaje iba dirigido al mandatario salvadoreño, el cual a su juicio busca verse joven y “alivianado” pero termina mostrando una faceta autoritaria que recuerda al peor pasado de la región.

Además de esta condena, Hernández Mack del nuevo Partido Semilla comentó la política de su país. Al respecto, no luce tan optimista y ve en el nuevo gobierno continuidad a las etapas más oscuras de la gestión anterior y cercanía con lo que en su momento se conoció como el “pacto de corruptos”, es decir diputados que buscaron blindar a sectores vinculados a ilícitos. Ella, que fue ministra de Salud de Jimmy Morales hasta que él mostró estar del lado de la impunidad, no ve tantas razones de esperanza en su país. Esto conversamos:

¿Qué quisiste decir con ese tuit?

Obviamente hacía referencia a esto que había ocurrido en El Salvador, en donde hubo una entrada por parte de las fuerzas de seguridad al Congreso e iba dirigido a amedrentar a los congresistas salvadoreños para que se aprobara un préstamo. Esto tiene que ver con la popularidad que sí tiene el presidente Bukele. Haber ganado de forma arrasadora sus elecciones presidenciales y gozar de esa imagen fresca de un presidente joven, alivianado, pero que finalmente cuando se trata de convencer o persuadir a un Congreso que no es afín, al no tener argumentos o una estrategia política recurre al uso de las fuerzas armadas para intimidar.

Lamentablemente, parece haber generado que un presidente “encantador” en redes sociales muestra finalmente ese lado autoritario.

Bukele busca desmarcarse de los abusos de los bandos ideológicamente separados en el país. ¿Qué tanto se puede separarse de estos con las acciones del 9F?

No conozco cómo funciona el tema ideológico en El Salvador o cómo lo utiliza él. En Guatemala esa dicotomía de izquierda o derecha ha sido utilizada por varios actores políticos o actores, que se plantean ni de izquierda ni derecha y manejan una ambigüedad ideológica que les permite navegar y ser atractivos para un público más amplio. Al final resultan ser más conservadores que progresistas quienes no quieren definirse ideológicamente. Pero la ambigüedad ideológica es utilizada frecuentemente por los políticos.

En Guatemala parece haber una fascinación por Nayib Bukele. ¿Crees que después del 9F se desinfla esa imagen?

En mi caso, no existe esa fascinación. Sí puedo decir que cuando fue la toma de posesión de Alejandro Giammattei el 14 de enero y se anunció a los presidentes presentes, cuando mencionaron al presidente Bukele hubo muchos aplausos y mucho júbilo alrededor de su presencia. Y obviamente los tuits que hizo sobre la demora de la toma de posesión le generan popularidad aquí.

Sí creo que puede ser que en algún sector de Guatemala ha habido un desencanto con esta acción tomada (por Bukele) de usar las fuerzas de seguridad para intimidar congresistas. Yo, siendo congresista de Guatemala, sí tengo una clara sensación de que eso no se hace. Si algo define la soberanía en un país es la independencia de poderes. 

Recurrir a eso, con una historia de conflicto armado interno, nos remite a los tiempos de autoritarismo y represión.

Ahondando en este pasado de represión, ¿qué tan mala noticia es ver militares extendiendo sus funciones?

No puedo hablar mucho de El Salvador, pero en Guatemala a partir de la firma de la paz (en diciembre de 1996) los militares retirados han mantenido una relevancia y han jugado un papel importante en muchos espacios. Sabemos que el actual presidente tiene un círculo de veteranos militares cercanos. El mismo partido de gobierno anterior (FCN-Nación) es un partido fundado por veteranos militares y vemos que se encuentran presentes en muchos espacios. También hay congresistas que son militares retirados y siguen jugando un papel importante en la política.

¿Cómo interpretas que Alejandro Giammattei sea probablemente el único jefe de Estado que salió a defender a Bukele ese mismo día que llevó tropas al Congreso?

Es bastante preocupante pues si algo hemos estado tratando de descifrar es cuál va a ser el carácter de este gobierno. Estamos a poco más de un mes de haber iniciado este nuevo gobierno y de repente vemos a un presidente que se muestra democrático, abierto, llevando el gabinete a diferentes lugares, hablando de un gobierno de puertas abiertas, hablando de reunirse con sectores y mostrando apertura para reabrir relaciones con países con que se perdieron, como Suecia, fortalecer la relación con la ONU.

Pero de repente vemos atisbos de autoritarismo que no sabemos cómo va a terminar. Si va a ser un gobierno que busca una unidad nacional, que se abre a tener discusiones democráticas, participativas, incluyentes o si en el momento de crisis o difícil va a golpear la mesa y saldrá el autoritario que pueda llevar dentro.

El hecho de ver que desde la presidencia de acá se ve con buenos ojos este tipo de acciones autoritarias en el país vecino genera preocupación.

Hablemos de Guatemala. En 2017, fuiste la primera en salir del gabinete de Jimmy Morales al considerar que el presidente favorecía la impunidad. ¿Ves algún cambio con el nuevo gobierno?

Jimmy Morales fue presidente sin realmente quererlo, hubo un golpe de suerte y un contexto que lo favoreció. Ganó la elección a la primera vez que participó, no tenía ninguna preparación, no había estado en un puesto de gobierno y llega a la presidencia sin un plan de gobierno y sin un equipo. Esa es la primera gran diferencia con el presidente Giammattei, que había participado en muchas elecciones presidenciales y uno supondría que tenía ideas de qué políticas implementar y con quiénes conformar un equipo de gobierno.

Y sí podemos ver que a pocas semanas de haber ganado ya tenía una política general de gobierno o un plan como la gran cruzada por la nutrición y ya tenía un equipo que intentaba hacer un trabajo de transición para asumir el 14 de enero. Yo creo que este gobierno sí tiene un poco más de claridad sobre qué hacer y de alguna manera algunos cuadros y equipos de trabajo ya conformados.

Hubo reportes de posible continuidad de estructuras corruptas con este gobierno. ¿Ves continuidad o cercanía con el pacto de corruptos del Congreso?

Esa relación o continuidad puede estar ocurriendo y no solo a nivel del Ejecutivo, pero también hay una continuidad de la agenda regresiva que se impulsó en la legislatura pasada. 

Ahorita se reveló con la ley anti ONG que el Congreso aprobó el 12 de febrero (que le da al Gobierno la facultad de controlar y hasta cancelar organizaciones no gubernamentales). No tengo información sobre quiénes pueden estar vinculados con estructuras identificadas en los años pasados y que mantienen presencia en el actual gobierno, pero se mira esa lógica de continuidad en agendas regresivas, de leyes que atentas contra derechos humanos muy básicos y habría que ver en términos de corrupción si son las mismas estructuras, pero la lógica sigue siendo muy parecida.

¿Se mantienen los pactos corruptos en el Congreso?

El Congreso es el más fragmentado que ha tenido el país. Tiene 19 bloques legislativos y muchos de ellos tienen de 1 a 3 diputados. Incluso en estas bancadas pequeñas hay quiebres. 

Sin embargo, a la hora de votar a la ley anti ONG, sí vemos que se conforma un bloque oficialista con los números y la disciplina para pasar estas leyes regresivas heredadas de la legislatura pasada. Es donde vemos la presencia de algunos diputados que han sido reelectos y han sido parte de lo que en algún momento se conoció como el pacto de corruptos.

¿Crees que en Guatemala hay una crisis de la política tradicional?

Yo no siento que se esté dando el fin de la política tradicional. El mismo Jimmy Morales era tan político tradicional como cualquier otro. No había estado en ningún cargo público, pero de alguna manera tenía las mismas prácticas de la política tradicional que cualquier otro. La mayoría de los partidos políticos siguen con las mismas prácticas, no ha habido ninguna reforma a la Ley de Partidos y tampoco ha cambiado nada para las elecciones recientes.

Pueda ser que un cambio en las reglas electorales abra y genere más opciones, obviamente esperamos que opciones como Semilla vengan a refrescar, pero yo veo que podemos participar como otros partidos pero eso no significa que haya un fin de la política tradicional. 

Guatemala se quedó sin una CICIG y sin una fiscal activa como Claudia Paz y Paz o Thelma Aldana. ¿Qué pasa con el combate a la corrupción hoy?

Hay que reconocer que estamos en una etapa distinta. El país inició una fase de la lucha contra la corrupción pensando en una lucha muy atractiva y muy sexy, lo de tener casos, aprehender gente de alto nivel, buscar culpables, explicar cómo está cooptado el entramado público en los jueces, Congreso, Ejecutivo y otras entidades autónomas. La corrupción está en todos lados y eso ya se reveló. 

Ante eso hubo una respuesta y los corruptos se defendieron y yo pienso que la salida de CICIG y personas como Thelma Aldana o Claudia Paz y Paz fuera del país, quienes se metieron de lleno a la lucha contra la corrupción están siendo castigados. Estamos en una fase en que el sector proimpunidad y corrupción ganó.

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