Los embutidos, rica tradición de Cojutepeque

Entre las familias que han mantenido vivo el gusto por los chorizos, las butifarras y longanizas en la cabecera departamental de Cuscatlán, está la de Eva Alegría Dávila. Ella tiene más de 50 años de producir y comercializar estos productos que son muy buscados y apreciados por nacionales y extranjeros.

Por Susana Joma

May 20, 2018- 16:27

Para muchos salvadoreños, el nombre de Cojutepeque, la cabecera del departamento de Cuscatlán, está asociada con la de sus embutidos, su tradición gastronómica, y algunos residentes como Eva Alegría Dávila se han encargado de que se mantenga viva.

Eva, ahora de 87 años, es toda una institución en la producción de chorizos, butifarras, longanizas, salchichones, lenguas de res prensadas y lomitos de cerdo.

“Hace como 55 años comencé con una receta (de salchichones y butifarras) que tenía mi mamá y fui cambiando, variándola un poco, hasta que dije ‘hoy sí me gustan’”, comenta sobre una actividad en la que se embarcó viendo la doble necesidad de complacer el paladar de su esposo, quien como ingeniero civil laboraba en carreteras; y la de cuidar de sus cuatro hijos en casa.

Así, ensayando con más ingredientes pasó de comprar los embutidos a prepararlos, y de compartirlos con su familia a venderlos bajo la marca Doña Evita, hoy incluso en otras naciones como Estados Unidos: “Yo trato de hacerlos lo mejor que puedo, con la mejor carne, con las mejores especias”.

Dávila explica que con la producción de embutidos también contribuyó a sacar adelante a su familia, y sostiene que siempre se han vendido sin la necesidad de hacer campañas publicitarias, pues la gente siempre los busca por el testimonio de sus clientes satisfechos.

Comenta que los cojutepecanos que se trasladaron a vivir a San Salvador y visitan su lugar de origen siempre van a su tienda, al igual que lo hacen extranjeros quienes, una vez prueban los deliciosos embutidos, no pierden oportunidad de regresar.

Entre sus clientes ha habido gente de todos los ámbitos, incluso recuerda la vez que uno de los embajadores de Estados Unidos, que antecedió a Carmen Aponte y Jane Manes, visitó su casa que está cerca del parque de Cojutepeque.

“Primero entraron un montón de personas que cuidan del embajador y me dije ‘qué pasa’. No -me dijeron- es que va a entrar el embajador de Los Estados Unidos y tenemos que ver primero la casa”.
Para ella todos los productos que comercia en su pequeña fábrica familiar son “estrella” y han sido preparados con mucho gusto y amor.

Cuando está a punto de delegar la actividad a su hija Elizabeth confía en que la tradición continuará por muchos años y que se mantendrá el sello de calidad con el que los ha venido haciendo.

Aunque los embutidos Doña Evita empezaron con dos personas, ahora da empleo a siete, la mayoría de ellas son mujeres.

María Cruz Ángel de Prado, quien es originaria del cantón El Carmen, siempre de esa cabecera departamental, explica que ella tiene 30 años de laborar ahí: “Fui poco a poco aprendiendo a partir carne, a amarrar, a revolver lo de las carnes para hacer butifarras, los chorizos y salchichones”.

Ángel de Prado explica que luego de limpiar cuidadosamente el área de producción proceden a recibir la carne, la parten, la muelen, la separan y posteriormente Evita la sazona con las especias.

Una vez hecho eso empiezan a embutir. Algunos de los productos se venden crudos, como el caso de los chorizos, que se cocinan en casa; pero otros como las butifarras y el salchichón, entre otros, llevan 24 horas de humo. “A mí me gustan la butifarra y el chorizo”, confiesa María.

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