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VIDEO: El sufrimiento de Anita por la desaparición de su hijo en el centro de San Salvador

Julio José Quijada Maldonado vendía verduras con su madre en el Mercado Central y desapareció el pasado 1 de septiembre.

Por Lissette Lemus | Sep 12, 2021- 22:01

Video EDH / Alicia Pérez

“Por el amor de Dios, si usted sabe el paradero de mi hijo o sabe cómo han sido las cosas, le pido que me lo entreguen, aunque sea para verlo por última vez”, es el mensaje desesperado que Anita Maldonado colocó en su cuenta de Facebook ocho días después de que su hijo mayor desapareció en el centro de San Salvador.

La señora, de tez blanca y cabello rizado, no oculta la tristeza en su rostro mientras atiende con amabilidad a sus clientes en un puesto de verduras improvisado en un pick up estacionado, en los alrededores del Mercado Central de San Salvador, donde se ha ganado la vida desde que tenía 15 años.

El pasado 1 de septiembre, Anita y su hijo José cenaron en el puesto, alrededor de las 10:30 de la noche, ella se fue a su casa, él se quedó vendiendo y desde entonces no sabe de su paradero.

Foto EDH/ Lissette Lemus

Julio José Quijada Maldonado, de 21 años, es el hijo mayor de Anita, y no es ajeno a las calles de San Salvador, pues ahí creció acompañando a su madre en el negocio.

Esa noche, después de que su madre se retiró, Julio le dijo a su tío que iría a dar una vuelta, y que pronto regresaría, y aunque el joven maneja un pick up, se fue caminando con otros amigos.

Uno de los amigos ha comentado a la familia que se fueron a departir a una cervecería que se encuentra en el sótano del otrora Cine Central, en el centro de San Salvador. Es una zona vigilada por cámaras de seguridad del centro de monitoreo.

Sobre la salida de José de ese lugar hay dos versiones: una que el joven se quedó en ese lugar hasta cerca de las 3:00 de la mañana y luego tomó un servicio de transporte privado. La otra es que el joven se retiró a las 5:00 de la mañana y que se fue esperar un bus sobre la avenida España y la primera calle poniente.

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Estas versiones solo agobian más a su madre, quien lo ha buscado de manera desesperada durante estos diez días por barrancos, quebradas, hospitales y morgues, sin tener una pista que hasta ahora la lleven al paradero de su hijo.

Ese miércoles en la madrugada, Anita tuvo un presentimiento de madre. Se despertó a las 4:30 de la madrugada y se percató de que su hijo no había regresado del mercado. Le llamó a su celular y le mandó varios mensajes, pero no tuvo respuesta.

Al día siguiente, la madre de Julio pidió la ayuda de la Policía para buscarlo. Un grupo de agentes la acompañó para buscarlo en las casas de algunas personas cercanas y en Medicina Legal. “Hasta ahí llegó la ayuda de ellos, con mi familia lo hemos andado buscando por varios lugares”, lamenta Anita.

José se graduó en diciembre del año pasado del Liceo América de Alas, en Ciudad Delgado, y su mayor sueño era viajar y conocer a su abuela materna que vive en Estados Unidos.

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Foto EDH/ Lissette Lemus

La comerciante comenta que la abuela y el padre de José emigraron cuando él solo tenía un año, cuando creció siempre anhelaba conocer a su papá personalmente pero su sueño de hijo se vio truncado por el destino. Su padre murió en 2016 en un accidente automovilístico en Miami.

“Él ama mucho a su abuela, tiene muy buenos recuerdos de ella y siempre quiso obtener una visa para poder ir a visitar a su familia a Estados Unidos”, expresa Anita.

La desconsolada madre describe a su hijo como una persona carismática y amigable, trabajaba de domingo a viernes junto a su madre, y los sábados le ha gustado salir con ella a comer o tomar café a Los Planes de Renderos.

Julio también era amante del fútbol, durante una época estuvo en entrenamiento para poder ser parte de la reserva del Alianza, el equipo al que es aficionado.

Foto EDH/ Lissette Lemus

El día que desapareció, el joven vestía un pantalón joker azul, camisa negra, sandalias, calcetines negros y una sudadera gris. “La ropa de salir la dejó en el carro, mi hijo se fue con ropa de trabajo por eso creo que no era su intención quedarse mucho tiempo, pero ya no volvió”, explica Anita.

Para Anita, que es creyente, lo único que le da consuelo en este momento es su fe, pero en medio de su drama hace una súplica a las autoridades: ”solo pido que no dejen impune los casos de personas de escasos recursos como yo, porque somos seres humanos”.

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