Joven con problemas renales busca donante de riñón

La vida de Clarisa Leiva, de 20 años, está en riesgo, la enfermedad está generando que su corazón crezca, por lo que apela a personas altruista para que le den la oportunidad de vivir.

Foto EDH/Roberto Molina

Por Karen Salguero

Jul 27, 2018- 08:44

La insuficiencia renal crónica que sufre desde hace siete años Clarisa Sara Leiva, de 20 años, provoca que el corazón le crezca, por lo que urge de un transplante de riñón, de lo contrario su vida está en riesgo.

“Agradeceríamos infinitamente si encontráramos una persona que le diera a ella la oportunidad de continuar viviendo; para mi es traumático el dejarla todos los días en la casa y decirle hay nos vemos mañana, pero yo no sé si llegará” expresó Yesenia de Leiva, madre de la joven.

El tratamiento de hemodiálisis al que se sometió a partir de que le descubrieron la enfermedad fue reemplazado por terapia peritonial ambulatorio.

De acuerdo con la madre, el diagnostico de los médicos es que si no le realizan pronto un transplante, el tratamiento llegará a ser insuficiente.

A Clarisa la insuficiencia renal la sorprendió desde muy joven, cuando aún no sabía que significaba su enfermedad, pero con el tiempo descubrió el calvario por el que atravesaría ella y su familia, ya que sus dos riñones dejaron de funcionar al mismo tiempo.

“Quería un futuro normal”, comentó con timidez la joven, que asegura tener muchas ganas de vivir.

Clarisa es la mayor de tres hijos; sus hermanos son Yesenia y Mauricio Leiva, ellos viven en Santa Ana.

El 14 de febrero de 2012 fue la primera vez que Clarisa se sometió a un tratamiento de hemodiálisis, cuando tenía dos días de permanecer ingresada en el Hospital San Juan de Dios, de Santa Ana.

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Belyin Peña y Luis Vallejos comparten la juventud, la enfermedad que trunca muchos de sus sueños, y la fe en Dios de que sanarán. Ambos son pacientes del Servicio de Nefrología del hospital Rosales y reciben tratamiento de hemodiálisis para limpiar los tóxicos de su sangre, una función que hacen los riñones sanos.

La joven había asistido por sufrir constantes convulsiones y el tono de su piel cada vez era más pálido.

De acuerdo con la madre, cuando llegaron al hospital la primera vez, no le descubrieron la enfermedad; fue cinco días después, cuando regresaron porque continuó mal de salud.

Al observarla, el médico solicitó de inmediato la realización de un hemograma, que dictaminó que tenía una hemorragia interna debido a la insuficiencia renal que le diagnosticaron en ese momento.

“Los doctores dijeron que ya no se podía hacer nada, tenía que entrar de inmediato a hemodiálisis porque su cuerpo estaba lleno de toxinas y como se le habían acumulado en el cerebro, eso le provocaba las convulsiones”, explicó Yesenia.

A Clarisa le diagnosticaron insuficiencia renal crónica en etapa cinco, fase en la que no existe función alguna de ambos riñones.

En ese año, Clarisa recién iniciaba séptimo grado, el que rápidamente abandonó porque su condición de salud ya no le permitió asistir y las visitas e ingresos en el hospital se hicieron cada vez más frecuente.

“Tenía que ir a la hemodiálisis o hacerme el tratamiento ambulatorio cada cuatro horas, entonces ya no me permitió seguir estudiando” dijo Clarisa.

La enfermedad le cambió la vida, la rutina de una adolescente normal a la que le gustaba hacer vídeos, cantar y bailar; fue intercambiada por días de tristeza, desánimo e incertidumbre.

Todos los días a las 3:00 de la madrugada, Clarisa asistía con su padres al hospital para recibir el tratamiento de 7:00 a 11:30 de la mañana.

Los padres, Yesenia y Mauricio, que siempre se han dedicado al comercio, hacían esfuerzos para costear los gastos, que en muchas ocasiones eran más de $400 al mes, porque el hospital no contaba con los insumos necesarios para proveerle a los pacientes.

“Pasábamos meses comprando medicamento para la hemodiálisis. Un paciente renal no puede estar sin tratamiento”, aseguró la madre.

Unido a la insuficiencia renal, la joven también enfrentó complicaciones de anemia y de pancreatitis.

La pancreatitis es una inflamación en el páncreas, situación que puso en dos ocasiones en riesgo la vida de Clarisa, ya que habitualmente sufría de convulsiones.

Los siete años en que Clarisa a luchado contra la insuficiente renal, Yesenia y Mauricio, lo describen como un calvario, vivir entre la incertidumbre y bajo un proceso traumático.

Según la madre, el estado de salud de la joven es cambiante, por momento se encuentra estable y hay otros en los que entra en crisis, por lo que cada día temen por su vida.

Hace seis meses, el procedimiento médico de Clarisa comenzó a ser tratado por el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), donde los médicos identificaron una cardiopatía mixta.

La cardiopatía es una complicación que el paciente puede experimentar por padecer insuficiencia renal, unido a una hipertensión o diabetes, lo que ocasiona que el corazón crezca.

Tras el nuevo diagnostico, la modalidad del tratamiento fue modificada a diálisis peritonial ambulatoria, una terapia manual en casa, que consiste que todas las noches se conecte en una maquina para que mientras duerma reciba la medicación necesaria.

Su cuerpo está marcador por los catéteres implantados en su cuello, abdomen y estómago, que es donde accede el tratamiento.

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La joven se ha tenido que adaptar y depender de una maquina para sobrellevar su condición de salud, que pese a la dificultades cada día es un motivo para sonreír.

Su rutina diaria consiste en levantarse y realizar los labores del hogar, a las 10:00 de la mañana, prepara los utensilios del trabajo y se dirige hacia su puesto de venta en la 11a. calle oriente en el barrio San Rafael, de Santa Ana.

Clarisa es una amante de la cocina, tiene una venta de enchiladas en diversas degustaciones: pollo, res y camarón. Con gran dedicación prepara las enchiladas, le gusta complacer al cliente y ese servicio va acompañado de una sonrisa. Allí se está hasta las 5:30 de la tarde.

“De verla que estaba muy enfrascada en su problema de salud, le propusimos que porque no se centraba en hacer algo de comida para que su mente estuviera distraída” explicó la madre, que ahora cuentan con una coctelería.

En un principio, la joven pasaba deprimida y no quería salir, por lo que la familia decidió animarla a abrir su propia venta.

Sin embargo, su nivel de energía no siempre es optimo, hay momentos en los que decae y eso involucra la preocupación de toda la familia.

Los padres y hermanos se han sometido a pruebas para ser donantes de riñón pero la respuesta ha sido negativa.

En Yesenia, la situación por la que pasa a diario con Clarisa ha desmejorado considerablemente su salud, a tal punto que tuvo síntomas de infarto, lo que la descartó como donante.

En el caso del padre y hermana no son compatibles y el hermano menor, no se le es permitido por la edad.

“Esta es una etapa en la que nos sentimos agobiados porque no sabemos si la vamos a tener mucho tiempo, el doctor dice que si no se hace un transplante luego, va a llegar un momento en que el corazón crecerá demasiado”, dijo Yesenia.

Clarisa es una de las paciente actas para someterse a una cirugía de transplante de riñón en el ISSS, pero requiere de un donante. El tipo de sangre es O positivo.

“Pido ayuda, decirles que tengo planes, que de otra manera no voy a lograr”, manifestó Clarisa mientras secaba las lágrimas de su rostro, apelando a los sentimiento de personas altruistas.

Si usted desea contactarse con Clarisa puede llamar al 72222628, número de Yesenia, su madre o al 79784953, contacto de Carlos Sánchez, esposo.

 

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