Fotoperiodista capta durante un año la desgarradora historia de Jorge, quien murió de insuficiencia renal

La muerte le llegó antes de que se cumpliera su deseo de pasar de usar catéter rígido a uno blando para recibir la diálisis peritoneal en el Hospital Nacional Rosales.

Jorge sufrió una crisis mientras descansaba en su habitación el 24 de junio del año pasado.

Por Jorge Reyes

Ago 01, 2017- 19:00

Reina sonríe y clava la mirada en el cadáver de su esposo que está dentro del ataúd. Sonríe para evitar llorar. Lo despide con una sonrisa, la misma que le regalaba a José Alberto para animarlo, los tres años, un meses y 18 días que sufrió a causa de la insuficiencia renal. La historia fue captada durante un año por el fotoperiodista de El Diario de Hoy, Jorge Reyes, quien siguió con su lente el drama de don Jorge en su casa y en el Hospital Rosales.

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Jorge Alberto Reyes, de 71 años, falleció el miércoles 19 de julio, tenía insuficiencia renal crónica e hipertensión arterial. La muerte le llegó antes de que se cumpliera su deseo de pasar de usar catéter rígido a uno blando para recibir la diálisis peritoneal en el Hospital Nacional Rosales.

El uso del catéter rígido es obsoleto; sin embargo, en el Rosales lo siguen usando por la falta de presupuesto en el servicio de Nefrología, ya que sirve como tratamiento alternativo por la falta de máquinas de hemodiálisis.

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La diálisis peritoneal es el tratamiento que se realiza a través del abdomen con un catéter (tubo de plástico) especial para limpiar la sangre del paciente, a diferencia de la hemodiálisis que es una máquina que saca la sangre del cuerpo a través de una vena para luego regresar a través de un filtro.

Según el jefe de Nefrología, Ricardo Leiva, ambos procedimientos son realizados a los pacientes que ya no le funcionan los riñones para nada. “Lo que pasa es que en otras partes donde la tecnología está más desarrollada se le da a escoger al paciente qué tipo de tratamiento quiere, pero aquí dependemos de la diálisis peritoneal, por la falta de cupo”.

Jorge trabajó por muchos años como albañil, ante lo hizo en el campo, en su natal Tecapán, en Usulután. La tierra la trabajó cuando tenía 16 años, cosechó milpa, caña, yuca y otros. Las aulas las dejó muy rápido, solo cursó primer grado. Luego del campo pasó a la ciudad.

Él estaba trabajando en la construcción de un centro comercial cuando los primero signos de su enfermedad aparecieron. Un día fue a orinar y le salió sangre, pero no se preocupó por ese detalle. Días después siguió con dolor de espalda, entonces se fue al Hospital Saldaña, al sur de la capital, para buscar consulta médica.

Los esposos Reina y Jorge en el segundo aniversario de casados el 7 de mayo de 2017. En la casa se realizó un culto de Acción de Gracias.

Cuando la enfermedad se agudizó, reina dejó de ir a vender ropa a San Luis La Herradura, La Paz, para dedicarse por completo a su esposo.

Es 22 de junio. Reina está intranquila porque le han dicho que no hay catéteres rígidos en el Rosales y Jorge es uno de los 93 pacientes que fueron sometidos al tratamiento.

Dos días después, el 24 de junio, el Rosales está en el ojo público porque hay una crisis debido a la falta de catéter rígido; el hospital no los tenía y son pocas empresas las que continúan vendiendo. Jorge está hospitalizado.

La esposa de Jorge exclamaba “¡Primero Dios le pongan un catéter blando!. Si no a saber cómo vamos a hacer”.

Los médicos le dijeron que lo iban a evaluar para decidir si era conveniente que usara el blando, pero cuando lo intentaron tenía infección y no soporto el procedimiento médico.

Reina tuvo que prestar dinero para poder comprar un catéter rígido “para su viejito”, como le decía de cariño.

En esa ocasión, familiares de otro paciente que tenían tres catéteres de ese tipo le vendieron uno por 15 dólares.

Es el domingo 16 y es la 6 de la tarde. Jorge y su familia ven la lucha libre en la televisión. Ese día lo pasó acostado en la cama.

El martes 18 fue el cumpleaños de Reina Rodríguez. “Fue algo triste”, confiesa ella, su esposo estaba sufriendo, agonizando.

“No más comió un tamal de elote (y) un poquito de café”, añade Reina.

El resto del día se la pasó acostada junto él, tal como Jorge lo solicitó. Aunque le ofreció pastel del cumpleaños, él ya no lo aceptó.

Horas después, el 19 de julio, Jorge murió.

Reina consuela a su esposo en esos momentos de crisis causados por la insuficiencia renal.

Dos meses antes, Jorge y su esposa, Reina Rodríguez Alfaro, celebraron su segundo aniversario de bodas. El culto de agradecimiento fue el 7 de mayo en la casa de la pareja en la colonia Divina Providencia, de Santiago Texacuangos.

Jorge levantó sus manos al cielo, agradeció por su aniversario y por los casi tres años de lucha contra la enfermedad, la cual le detectaron en mayo de 2014.

Hubo alegría, paz y tristeza. Los hermanos de la iglesia de Dios, Profecía, la Santación oraron por el matrimonio, por la salud de Jorge y los niños de la congregación junto a los adultos cantaron con fervor y alegría.

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Hubo fiesta. Los hijos de Jorge participaron del agasajo; pero las dos horas y media del culto pasó factura a Jorge. Se sintió cansado.

Casarse fue una petición que Jorge hizo a Reina hace dos años, luego de ? de ser pareja. La propuesta de matrimonio llegó ocho meses después de que Jorge “aceptara a Cristo”.

El día de la vela Reina escuchó de nuevo las alabanzas de sus hermanos de la iglesia de Dios, La Profecía, la Santación.

Eran los mismos hermanos que cada quince días llegaban a la casa para orar y buscar consuelo cristiano para el enfermo y su familia.

A las 9:00 de la noche se escuchó la guitarra y las voces que decían: “Cristo viene pronto”.

El siguiente día, a la 1:00 de la tarde, el cortejo fúnebre comienza a recorrer calles polvosas, los amigos y dolientes van bajo un sol sofocante. La última voluntad del enfermo fue que lo enterraran en la Villa Tzu-Chi, en San Juan Opico, cerca de donde vive su suegra.

En el panteón, el pastor dijo: “sufrió en este mundo pero va ir a descansar”.

Diana, hija de Jorge y Reina, se recuesta sobre el ataúd de su padre y aunque la consuelan, nada repara lo que siente en ese instante.

“Me duele acordarme de todo la situación que pasó mi esposo y me siento triste”, dijo desconsolada Reina.

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