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Tras vencer el cáncer, Marcos será profesional del derecho a los 70 años

Marcos Alfaro terminó su pensum en 2010, pero una enfermedad le impidió graduarse. Tras luchar contra esa enfermedad, decidió retomar el proceso de graduación.

Por Nohemí Angel | Dic 30, 2021- 04:30

Marcos Alfaro lleva una vida marcada por la sencillez. Su edad, el tiempo y varios obstáculos no le hicieron desistir en su sueño de ser un profesional del derecho, carrera que inició a cursar en 2001. Video EDH / Nohemí Angel.

En diciembre de 2021 la Universidad de El Salvador cerró el año entregando 352 títulos universitarios a nuevos profesionales. Marcos Alfaro, un hombre de 70 años de edad, está a punto de entrar a esa estadística. Su edad, el tiempo y varios obstáculos no le hicieron desistir en su sueño de ser un profesional del derecho, carrera que inició a cursar en 2001.

En noviembre de 2021, Marcos presentó su tesis de grado para obtener el título de licenciado en Ciencias Jurídicas, de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de El Salvador. Su trabajo de grado se tituló “La tutela de los derechos de los trabajadores del arte”. El resultado fue positivo.

Marcos Alfaro lleva una vida marcada por la sencillez. Tiene cuatro hijos mayores de edad, pero vive solo en una habitación que alquila en un mesón, al sur de San Salvador. Sus pocas pertenencias son su cama, una cocina y refrigeradora pequeñas, televisor, guitarra, varios discos compactos y un teléfono celular convencional, sin acceso a internet.

Para él, la tecnología no es una prioridad. A diferencia de sus compañeros, Marcos asegura optar por los métodos tradicionales de investigación, haciendo uso de libros en lugar de la tecnología e internet para llevar a cabo sus trabajos académicos.

Con lágrimas en los ojos, sentado en su cama, Marcos recuerda que no fue fácil finalizar su segunda carrera universitaria, debido a los obstáculos que tuvo en estos 20 años.

Marcos prefiere los libros a las nuevas tecnologías. Su celular no tiene acceso a internet. Foto EDH / Jonatan Funes

A pesar de los recuerdos, se muestra satisfecho por culminar su meta académica, misma por la que tuvo que luchar contra viento y marea.

La difícil infancia de Marcos

Marcos es huérfano de madre desde los 3 años. Fue criado por una madrina con problemas alcohólicos. Él reconoce que su infancia no fue como la de otros niños; su situación familiar de ese entonces le impidió desarrollarse de forma habitual. Frecuentemente, el alimento escaseaba en su hogar, y las condiciones en las que vivía no eran para nada cercanas a las que debe gozar un niño.

Con el sacrificio de sus hermanas mayores, criadas en un albergue infantil, Marcos comenzó a estudiar su primer grado a los ocho años, mismo que no finalizó por causa de conjuntivitis y falta de recursos económicos para atender la infección.

Un par de años después, en un segundo intento, ingresó de nuevo a primer grado. A mediados de año escolar tuvo que volver a desertar, debido a que sus hermanas se sumergieron en el alcohol y tuvo que huir de casa sin nada en sus manos.

Foto EDH / Jonatan Funes

“Me fui a la calle, anduve durmiendo en los portales en Santa Ana; soportando frío, tormentas y hambre”, recuerda.

Con un panorama poco alentador, Marcos comenzó a trabajar para poder obtener sus escasos alimentos. Entre los trabajos que desempeñó fueron la corta de café, vendedor
de periódicos y lustrador de zapatos; “Me ganaba la vida en mil oficios”, explica.

Al crecer, Marcos llegó a San Salvador. Una de las primeras formas de ganarse la vida en la capital fue cantando en la zona conocida como “La Praviana”, en el centro de San Salvador. Aprendió de manera empírica y llegó a conformar un trío musical.

Con una situación económica más estable, a sus 20 años decidió volver a las aulas. “Yo quería aprender a leer, escribir y hacer números”.

Marcos ingresó al sistema acelerado de aprendizaje para adultos en horario nocturno y posterior a sus clases, se sacrificaba trabajando como cantante para alcanzar su objetivo.

De esa manera, logró finalizar la educación básica y media. Luego, Marcos se inscribió en la Universidad de El Salvador, en 2001 para estudiar derecho.

Foto EDH / Jonatan Funes

Finalizado el pensum, en 2010, un cáncer de tiroides le impidió continuar y retrasó su proceso de graduación. Luego de su recuperación, en 2014 tuvo problemas para la aprobación de su anteproyecto de graduación, uno de sus asesores de tesis falleció y nuevamente quedó pausado su objetivo.

Siete años después de los inconvenientes, Marcos logró presentar los resultados de su tema de investigación ante el jurado evaluador, y ahora, con orgullo, espera recibir su segundo título universitario.

Marcos reflexiona que “el criarse pobre no es condición para dejar de luchar por los objetivos y por lo que uno ansía ser”.

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