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Presidente de Colegios Privados: “Vamos a tener 4 generaciones con déficit de aprendizaje”

Los educadores señalan que los escolares que están en los primeros niveles educativos llevan la peor parte

Por Susana Joma | Dic 21, 2021- 21:40

Las clases semipresenciales han tenido han sido un reto en la enseñanza-aprendizaje, que afecta la calidad educativa. Foto EDH / archivo

Para Ana Victoria Nolasco de Ibáñez, una entusiasta profesora que este año atendió a los niños de primer grado del Centro Escolar Profesor José Luis Ernesto Sánchez, en Colón, La Libertad, lograr que sus alumnos aprendieran fue en extremo retador entre la virtualidad y presencialidad, en el contexto de la pandemia.

Según cuenta la profesora Nolasco de Ibáñez, el proceso de adaptación que se llevó con los niños en las primeras semanas del año fue muy positivo pues le ayudó a crear lazos para poder trabajar por medio del teléfono. Sin embargo, cuando llegó la hora de que llegaran a las aulas de forma presencial “fue otra historia”.

Ella es de la opinión que las estrategias de ESLENGUA y ESMATE que, bajo orientación del Ministerio de Educación, se utilizaron para que los niños aprendieran a leer y a escribir, así como los números, son buenísimas porque trata de trabajar literalmente a la par de ellos cada actividad y de forma creativa, algo que ella aprovechó al máximo con sus alumnos.

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Sin embargo, reconoce que más allá del empeño y creatividad que puso para que sus niños aprendieran hubo cosas que escaparon de su control.

“Una de las cosas que yo considero más difíciles para mí fue (lograr) que se mantuvieran presencialmente, porque de repente me llegaban durante toda la semana, pero la siguiente semana (me decían) que estaban enfermos, que no podían llevarlos, y entonces ese cortar con los niños, para después volver a agarrarlos luego de una o dos semanas que no han llegado eso cuesta bastante, cuesta bastante poner en línea”, comenta la profesora Nolasco de Ibáñez.

En su grado tuvo inscritos 18 infantes, de los cuales un promedio de 14 o 15 se mantuvo asistiendo a lo largo del año, puesto que tres se retiraron debido a problemas familiares, según explica.

Igualmente para ella fue complicado el que no todos los niños cuentan con acompañamiento de sus padres para trabajar tareas en la casa o ayudarles para atender clases virtuales.

Ocurrió que durante los días que la escuela tuvo que cerrar porque a un docente le dio covid-19, de los 18 niños que tenía inscritos alrededor de 8 o 9 eran los que se conectaban por Google Meet, algo que cree es buen número tomando en cuenta que con esa plataforma no habían tenido una experiencia previa.

Sobre los avances de los escolares afirma que “sí aprendimos (a leer y escribir), no todos al cien por ciento. De los que no aprendieron detecté algunos problemas de aprendizaje. Yo trataba de trabajar con los niños, aparte de ESLENGUA y ESMATE, dictado en grupos e individual, oraciones”.

La profesora Ana Victoria sostiene que del total de alumnos cuatro niñas y dos niños aprendieron a leer completamente bien, con fluidez, los otros lo hicieron en menor ritmo.

Aunque según explica, ella trabajó bastante el área de comprensión lectora por medio de cuentos cortos, así como de ejercicios verbales y escritos, solo cuatro niñas mostraron un significativo avance en esto.

“A veces en tarjetitas les hacía dictados para que ellos se animaran”, recuerda.

La balanza a favor de la enseñanza presencial

Más allá de Lenguaje y Matemática este año además les impartió las asignaturas de Educación Física, Artística y valores, las cuales abordó con actividades al aire libre que, según dice, favorecieron la parte emocional y evitaron que los niños se aburrieran.

Si bien ella identificó que los niños que lograron tener acceso a la tecnología se desenvolvieron bien durante las clases virtuales, reconoce que esa modalidad no es mejor que la presencial.

“No, definitivamente lo presencial (es mejor), por lo mismo, porque es el contacto, es el vengan, hagamos, juguemos, cantemos, hagamos dictado, veamos la oración. Yo sé que hay muchas herramientas virtuales que son muy buenísimas y que las adaptamos a la edad de los niños pero siempre hay una pantalla de por medio”, comenta.

Los retos en el proceso de enseñanza vividos por la profesora Vicky, como le dicen de cariño sus alumnos, se replicaron en otras instituciones, pero el hecho de que no todos los niños alcancen el éxito en el aprendizaje, sobre todo en los primeros años, es visto con preocupación desde algunos gremios del sector educativo público y privado, así como de especialistas.

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Javier Hernández, presidente de la Asociación de Colegios Privados de El Salvador (ACPES), sostiene que si bien el 2020 fue un año difícil en términos de aprendizajes, como resultado de la crisis generada por la pandemia, “el año 2021 es un año que ha quedado a deber mucho sobre la calidad del servicio educativo”.

Hernández, quien también es educador de una escuela pública, señala que los aprendizajes que pudieron lograrse alcanzar en 2021 si bien es cierto fueron más y mejores que el 2020, estos no fueron más ni mejores que en el 2019, año que ya estaba complicado en lo que respecta a la calidad del servicio educativo.

Un documento publicado recientemente por la Fundación para la Educación Superior (FES), bajo el título “¿Y si no aprendo a leer?, un análisis del desempeño en la lectura de la niñez salvadoreña y la desigualdad”, plantea que antes de la crisis sanitaria mundial los niños salvadoreños mostraban déficit en la lectura, por ejemplo en segundo y tercer grado de Educación Básica leían entre 51 y 75 palabras por minuto, cuando debían leer por lo menos 65 o más en segundo y 85 o más en tercero.

A eso se suma que los infantes no estaban desarrollando a un nivel mínimo la fluidez lectora, una situación que los pone al filo de enfrentar el fracaso escolar.

“Hemos tenido el problema que aumentó la deserción escolar y eso es mala calidad educativa, aumentó el ausentismo escolar y eso es mala calidad educativa; aumentó la sobreedad y eso es mala calidad educativa”, dice Hernández Amaya, al advertir que por mucho esfuerzo realizado durante esta pandemia algunas disciplinas y contenidos fue difícil trabajarlas de manera virtual.

El pedagogo subraya que los niveles educativos que han estado en más desventaja con la modalidad virtual son Parvularia, Educación Inicial y el primer ciclo de Educación Básica, puesto que son los que más tendieron a trabajar de manera virtual o remota, ante el persistente temor de los padres de familia a enviarlos a clases presenciales, pero que al mismo tiempo fueron grupos con los que se hizo más difícil trabajar porque no tenían acompañamiento requerido en casa.

Se perpetúan deficiencias

El dirigente gremial precisa que la situación se agudiza porque el sistema educativo está regido desde hace muchos años por “La Evaluación al Servicio de los Aprendizajes”, es una normativa bajo la cual tienen que aplicar la “promoción estimada” e implica que los niños de los primeros grados son promovidos sin que tengan los conocimientos y habilidades requeridas, con la idea de que sean reforzados en el grado inmediato superior.

No obstante, el año pasado el sistema de evaluación se flexibilizó más luego de que el Ministerio de Educación (MINED) emitiera otra normativa que favoreció promover a estudiantes del resto de niveles de la Educación Básica y Media.

“Vamos a tener la promoción del 2019, 2020, 2021 y 2022 con cuatro generaciones de estudiantes con deficientes aprendizajes para los años siguientes. Quiere decir que tendríamos que en un segundo ciclo del 2023, en adelante, trabajar contenidos similares de relleno que no pudieron trabajarse en el primer ciclo de educación básica”, expone Hernández Amaya.

Sin embargo, el educador precisa que en educación es una apuesta muy difícil llenar los vacíos que arrastran los escolares: “Se torna complicado para el docente, el rellenar en once años los vacíos de conocimientos que los alumnos no adquirieron en los primeros siete años, esto sobre todo porque los niños (más adelante) ya tienen otras necesidades que requieren suplirse y que no favorecen el alcance de esos aprendizajes”.

Según detalla la apuesta que el sistema educativo tiene, del año 2023 en adelante, con los grados de primero, segundo y tercer ciclo de educación básica se torna bastante complicada en medio de esta realidad.

“Es complejo y es triste (la situación educativa del país) porque es poca la gente que le pone atención a este tema de la evaluación, pero en realidad allá por el 2025 vamos a tener serias dificultades, digamos con promociones que aunque queramos aplicar cualquier ajuste de aprendizaje la deficiencia siempre va a permanecer ahí, en esos niveles”, reiteró.

Calidad educativa en saldo rojo

Consultado también sobre los aprendizajes, Paz Zetino Gutiérrez, un experimentado educador miembro de la gremial de profesores Bases Magisteriales, afirma que “la situación de la educación es muy complicada. Hemos decaído” y “hablar de calidad en estos tiempos de pandemia es realmente mentirnos”, tal como para él lo evidencia la alta tasa de reprobación que hubo entre los bachilleres que se sometieron al examen para entrar a la Universidad de El Salvador.

“Tenemos ya la promoción Covid que tienen dos años prácticamente de estar siendo atendidos de la forma que hemos estado. No hay esfuerzos ahí de calidad, ahí lo que estamos haciendo es mantener a los estudiantes matriculados, atendiendo algunos de mejor manera; otros que ni siquiera buscan conectarse o comunicarse con los profesores”, comenta.

Zetino Gutiérrez señala que la problemática educativa nos supera en estos momentos también porque padres de familia y estudiantes se han vuelto cómodos.

“Muchos padres de familia están exigiéndole al maestro que con un poquito de guías que (los niños y jóvenes) hacen al final del año los aprueben, los promuevan de grado a otro sin importarles el fracaso académico y los problemas que va a tener el estudiante en su formación futura”, apunta.

Sostiene que esa actitud de los padres estaría asociada al interés de que les entreguen a sus hijos la computadora prometida por el Gobierno, aunque realmente no se estén enfocando en su utilidad para el estudio.

El dirigente de Bases Magisteriales coincide con Hernández Amaya sobre el hecho de que los niños de Kínder, Parvularia y primer grado son los que se han llevado la peor parte, edades en que la estimulación temprana es clave.

“Lo peor es que las escuelas públicas no es como en el colegio privado (…) En la familia de clase media o media alta si el hijo tiene alguna deficiencia le ponen un refuerzo. Ahí (en la escuela) no, ahí (queda) a lo que logró hacer el maestro, y ahora a lo que logró hacer el padre de familia”, indica.

En este contexto Hernández Amaya afirma que para poder encarrilar el barco se requiere una adecuación curricular, algo que ya en otros momentos se ha hecho pero no de forma suficiente; también que el sistema educativo se reinvente, que se reestructure toda la normativa de evaluación, así como la normativa de administración de resultados de aprendizaje.

“Si eso no se hace y queremos seguir trabajando con el sistema educativo actual, con la misma normativa del sistema educativo de 2019, creo que eso sería un grave error para todo el sistema educativo”, advirtió.

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