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Criseyda: madre de tres hijos, emprendedora y próxima graduada con honores en la UES

La joven, de 34 años y quien estudió modalidad en línea y a distancia, recibirá su título en octubre, si la pandemia no vuelve a retrasar el proceso.

Por Susana Joma | Ago 08, 2021- 22:00

De izquierda a derecha Edwin Alexander Henríquez Sánchez, ingeniero Marlon Martínez Pérez, Criseyda con Jissel Abigaíl, y Cristian Antonio López Zepeda. / Foto EDH cortesía

A sus 34 años, Criseyda Guadalupe Araujo de Meléndez, una residente en el cantón Ánimas, de San José Guayabal, en Cuscatlán, es un ejemplo de que cuando se tiene una meta clara hay que luchar con fuerza para alcanzarla: la de ella ha sido estudiar y graduarse de la licenciatura en informática educativa de la Universidad de El Salvador.

Criseyda, quien estudió bajo la modalidad en línea a distancia, comenzó sus estudios en la UES en 2016, pero debido a los atrasos causados por la pandemia egresó hasta este año y está lista para graduarse en octubre próximo, con un cum honorífico de 8.21. Esto último le valió para no hacer tesis.

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Cuenta que cuando era soltera uno de los impedimentos que tuvo para seguir sus estudios fue la parte económica; sin embargo, una vez que se casó y formó su familia nunca perdió de vista su sueño, el que según dice ha conquistado con el apoyo y comprensión de su esposo Luis y sus tres hijos: Cristofer, de 15 años; Diego, de 12 y Jissel, de 3 años y medio.

Criseyda se concentra en una clase en línea mientras alimenta a su hija Jissel cuando era una bebé. Ahora la niña tiene tres años. / Foto EDH cortesía

Para ella la modalidad de estudios semipresencial que brinda la UES, que fue abierta con el impulso del anterior gobierno, significó una gran oportunidad, porque no tenía que ir todos los días a clases, sino que solo los fines de semana, lo cual le evitaba viajar todos los días y reducía sus gastos en transporte.

“Aparte de orgullosa estoy agradecida con Dios, con mi esposo, con mis hijos, igual con mi demás familia que estaban al tanto del esfuerzo que yo he estado realizando”, afirma al hablar de su logro.

Araujo de Meléndez sostiene que ella trabaja desde que tenía 17 años, pero una vez que formó hogar se vio en la necesidad de buscar una actividad que le permitiera tener ingresos para seguir contribuyendo económicamente en casa, al tiempo de estar cerca de sus pequeños; así fue como en 2011 montó su pequeño negocio “Papelería y variedades Cristofer”.

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Antes de la pandemia su negocio tenía buena demanda de recursos que necesitaban los alumnos de la localidad, entre ellos cartulinas y maquetas sobre distintos temas. Con el cierre de las escuelas eso decayó y tuvo que reenfocarse a la elaboración de manualidades, artículos para fiestas, como bouquets de globos decorados y muñecos de foamy, entre otros.

“En los foamys uno de mis productos característicos son los fofuchos personalizados, son los muñequitos que se parecen a las personas”, dice, tras comentar que durante varios años asistió a las ferias de Pueblos Vivos, en distintos municipios, para vender sus productos.

La joven, quien no solo gusta de la tecnología sino también de hacer un derroche de creatividad con diversas manualidades, explica que durante cinco años ha combinado marea la atención de su proyecto de negocios, su familia, así como la exigencia de la carrera, incluso en horas nocturnas o fines de semana.

El esfuerzo académico de Criseyda le valió incluso para saltarse el requisito de hacer tesis. / Foto EDH cortesía

Criseyda afirma que los primeros años en la universidad fueron duros porque cuando retornó a la vida de estudiante ya había transcurrido mucho tiempo desde su graduación de bachiller (2004). Eso le significó hacer un doble esfuerzo para entender algunos temas, sobre todo al llevar en paralelo sus situaciones de familia.

“Al inicio había cosas que se me complicaban más hacerlas, que eran más difíciles; había días también en que me sentaba a las 9:00 de la noche a empezar una tarea, entonces mi esposo se acostaba en la hamaca y me decía ‘aquí te voy a hacer barra’, pero él se levantaba al siguiente día a las 3:30 a 4:00 de la mañana y yo todavía sentada escribiendo”, dice.

En su mente están frescas las imágenes de cuando en el tercer año de la carrera se veía en la necesidad de llevar a sus hijos a las clases prácticas que le impartían en el laboratorio de cómputo del Instituto Nacional Walter Thilo Deininger, ubicado en Cojutepeque, porque no podía dejarlos solos en la casa. En ocasiones su esposo también la acompañaba para cuidar de ellos.

“Siendo madre cuesta un poco más, no es como estar uno solo, sólo con la preocupación de salir bien en las cosas. Se vuelve un poco más difícil. No dormía”, expone.

Ella recuerda que incluso, cuando tuvo a su hija Jissel, como esta no quiso tomar pacha la llevaba a la clases para poderla amamantar. En esa ocasión no faltó algún maestro que cargara a la pequeña mientras ella hacía los ejercicios en computadora.

Criseyda asegura que otra de las dificultades que tuvo que sortear fue la limitante en tecnología, puesto que cuando inició la carrera en el lugar en donde vive le resultó bastante difícil conectarse a internet, así que cuando les dejaban como tarea de ver un video tenía que ir a un cyber porque en su casa no podía: “Me tocaba andar para arriba y para abajo buscando con un cable la señal del modem o del teléfono”.

La profesora afirma que si bien hubo jornadas difíciles, gracias a Dios eso ya pasó, así que hoy, luego del esfuerzo, confía en que tras graduarse logre colocarse en un empleo relacionado con lo que estudió, como docente de informática o encargada de aula de cómputo.

Lograr una plaza en una institución educativa le permitiría contar con un ingreso fijo, porque según sus palabras hay días en que los ingresos que deja el negocio no son buenos; no le salen pedidos, pero las cuentas están a la orden del día.

Otro de sus sueños es sacar adelante a su familia, dar estudios a sus hijos, sobre todo en momentos que el mayor de ellos, Cristofer, está por terminar el noveno grado y siguiendo sus intereses y el ejemplo de su madre contempla continuar estudios de bachillerato y luego informática a nivel universitario. La joven docente no descarta que, pese al reto de estudiar debido a sus responsabilidades, en cuanto encuentre un empleo irá por otro proyecto, el de sacar una especialidad, ya sea en la misma área de la tecnología, en lo relacionado con la pedagogía, el diseño gráfico o en otro campo como la psicología.

 

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