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“Mi papá murió de covid… no nos dejaron ver su rostro”

La OMS recomienda respetar los rituales y costumbres de cada país al manejar y entregar cadáveres de fallecidos por covid, con las medidas de bioseguridad necesarias. Las autoridades de Salud también deberían garantizar que cada familia doliente reciba la atención en salud mental necesaria, recomienda psiquiatra.

Por Lilian Martínez | 24.Oct.2021

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“No nos permitieron reconocerlo (ver su rostro), fue terrible y triste porque no supimos de sí él iba en el féretro”. Así recuerda Raúl Vásquez como él y su familia se despidieron de su padre después que falleció por covid en julio de 2020. En el entierro, a varios metros de distancia de donde eran inhumados los restos de su padre, solo estuvieron su madre, su hermano y él. “Me pregunté ¿él ya no pasa el virus? Aun así no pudimos reconocerlo. Ese mismo día que salió del hospital salió otro fallecido por la misma causa y nos quedamos con la duda”.

Esa “duda” es la que persiste en la mente de las miles de familias salvadoreñas que han perdido a uno o varios de sus miembros durante la pandemia a causa del covid: “¿Era él? ¿quién iba en la caja?”. Esto debido a que el protocolo dictado por el Ministerio de Salud no establece que se permita a un familiar ver el rostros del fallecido para confirmar su identidad.

La OMS, al contrario, recomienda que si ver el rostro del fallecido (reconocerlo) es parte de las costumbres y cultura de un país, y si la familia así lo quiere, esto sea permitido.

“Si la familia desea ver el cuerpo, permítaselo, pero dígales que no toquen ni besen el cuerpo, y que mantengan al menos 1 metro (m) de distancia uno del otro y de cualquier personal durante la visualización y que realicen higiene de manos después de la visualización”, se lee en la guía de la OMS “Prevención y control de infecciones para el manejo seguro de un cadáver en el contexto de la covid-19”, publicada el 4 de septiembre de 2020.

Pero el epidemiólogo Wilfrido Clará advierte que “El Salvador tiene uno de los protocolos de manejo de cadáveres de fallecidos por COVID-19 más restrictivos de América Latina”. Él afirma esto luego de investigar los protocolos establecidos en 18 países de la región, donde 7 permiten que los deudos hagan un velorio con uso de mascarilla y distanciamiento físico: Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, México, Panamá y Uruguay.

Entre los 12 países que permiten un funeral, con aforo controlado, El Salvador es el único que lo limita a 4 personas. Uruguay  y Perú le siguen con aforos de 5 y de entre 2 y 5 personas respectivamente.

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Un protocolo estricto

“No hubo un proceso de reconocimiento. No lo permiten en el Hospital El Salvador. El cadáver lo entregan en ataúd sellado. Lo transportan a toda velocidad en ambulancia del Ministerio de Salud hasta el cementerio. Lo escoltan los policías y militares y la unidad de saneamiento ambiental. No se pudo hacer ninguna ceremonia religiosa. Solo la familia puede ir al entierro”. Ese es el testimonio que compartió Jenny Domínguez cuando elsalvador.com preguntó en sus redes sociales cómo había sido la experiencia quienes han perdido familiares debido al covid.

El documento del Minsal  “Lineamientos técnicos para el manejo y disposición final de cadáveres de casos COVID-19” prohíbe de tajo los rituales fúnebres, velaciones, actos religiosos y abrir el ataúd. A excepción de esto último, el instructivo de la OMS no prohíbe las velaciones ni los actos religiosos, sino que pide limitar los aforos, guardar la distancia, usar mascarilla y seguir las medidas de higiene necesarias.

La guía de la OMS añade: “Identifique alternativas locales a besar y tocar el cadáver en entornos donde dicho contacto es tradicionalmente parte de los procedimientos funerarios”.

"En relación a riesgo de contagio viral, si se mantiene el ataúd cerrado y no se toca el cadáver, no hay ninguna diferencia entre la velación de un fallecido por COVID-19 y de otro no COVID-19. Por eso, una velación limitada y supervisada sería más que suficiente en el primer caso".

Dr. Wilfrido Clará, .

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El impacto en la salud mental

No reconocer al familiar fallecido, ni velarlo ni tener un funeral con más de 4 personas ¿puede dificultar el proceso de duelo de los salvadoreños? La psiquiatra Yolanda Villatoro considera que sí.

En su opinión, lo que se vive desde el momento en que se recibe la llamada desde un hospital avisando que el familiar que estaba ingresado ahí ha muerto, hasta el hecho de tener que ver desde varios metros de distancia la inhumación del ataúd con los restos del ser querido, todo ello tiene un impacto en la salud mental de los deudos.

Villatoro explica que “velarlos, hacer las misas de cuerpo presente o los cultos y todos los rituales religiosos tradicionales de nuestra cultura para poder despedir a alguien son pasos muy importantes para poder adentrarse en el duelo, que nos permite el primer periodo de de las etapas del duelo”.

Este duelo tiene varias etapas, la primera es cuando se recibe la noticia del fallecimiento y se confirma y evidencia la muerte del ser querido al reconocerlo en el hospital. Después de eso, el proceso de duelo pasa a las siguientes etapas. “Pero cuando no hay esa confirmación, cuando no existe esa posibilidad de evidenciar que el cadáver es el de nuestro ser querido, es difícil atravesar esas etapas y siempre queda una sensación, una idea o un pensamiento ‘mágico’, podríamos decirle así, de esperanza, de que no era él; de que, tal vez, era alguien más”, agrega la psiquiatra. Esto deja en las personas una sensación de que en realidad no se ha perdido al ser querido o de que está en un lugar desconocido: “Una sensación similar a cuando hay un desaparecido”.

Por ello, la especialista considera necesario que de parte de las autoridades de Salud haya un acompañamiento para cuidar la salud mental de los dolientes.

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Villatoro afirma que la consulta psiquiátrica de emergencia por duelo ha aumentado, tanto en los consultorios privados como en los hospitales públicos.

Agregó que en el oriente del país, en el Hospital San Juan de Dios no hay atención de emergencia en Psiquiatría, pero en el Hospital General del Seguro Social sí. “Ahí se ha visto un incremento de las consultas por problemas de duelo”, tanto en la población en general como en el personal médico, que no solo ha enfrentado el fallecimiento de familiares sino también de colegas.

Ella considera que se necesita más recurso médico preparado para atender este tipo de situaciones.

“Lo ideal sería que a todas estas familias a las que se les llama de los centros de atención explicándoles que su familiar ha fallecido, lo ideal sería que esta familia recibiera una intervención de primeros auxilios psicológicos por parte de de un psicólogo o una psicóloga”, concluye.

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