OPINIÓN: G-7/G-20, Johnson y COVID-19

El primer ministro Boris Johnson confirmó ayer que tiene el virus, así como varios miembros de su gabinete.

Napoleón Campos, experto en relaciones exteriores. FOTO EDH.

Por Napoleón Campos

Mar 27, 2020- 22:03

El mundo sigue girando más por noticias de muerte, dislocación familiar y desesperanza por el coronavirus que por noticias de optimismo, recuperación y de una vuelta a la normalidad. Todavía no se diseña una vacuna, aunque existen varios esfuerzos que no parpadean hasta lograrla para luego ser enviada masivamente por el mundo.

Las plazas financieras siguen volátiles con pérdidas y números rojos. La economía tiene, por la crisis, pavimentado el camino hacia la recesión y no falta mucho para que sea declarada como tal.

Por ello, la semana que concluye ha sido de búsqueda de entendimientos entre quienes mueven política y económicamente al planeta: el G-7, club de naciones ricas, realizó el 24 de marzo una consulta entre sus ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales. En su comunicado, hablan de una coordinación entre ellos en términos de un amplio rango de medidas sanitarias y de alivio fiscal y económico. Reafirmaron el compromiso de sus líderes para restaurar la confianza y el crecimiento económico, así como proteger empleos, empresas, y al sistema financiero; no sin dar, en el corto plazo, los pasos conjuntos para nuevamente promover el comercio global, las inversiones y la prosperidad.

Dos días después, el G-20 (G-7+economías emergentes) y los altos funcionarios de la ONU, FMI, Banco Mundial, bajo la coordinación pro témpore de Arabia Saudita, realizó una teleconferencia, inédita, hito de este tiempo de COVID-19. Unos, productores de crudo, se quejaron de los bajos petroprecios, a sabiendas es consecuencia de la intervención saudita al elevar su oferta en el mercado. Otros pidieron que no existan exclusiones en el mercado de medicamentos y proponen que la ONU y otros organismos continentales gestionen el abasto para enfrentar al virus.

En su comunicado oficial, el G-20 habló de un espíritu de solidaridad global del que emane una respuesta unida ante la pandemia en términos de acciones transparentes, robustas, coordinadas, a larga escala y fundamentadas científicamente. Estableció el compromiso de salvar vidas; resguardar los ingresos y los empleos; minimizar disrupciones en el comercio y las cadenas de suministros; brindar ayuda a todos los países con necesidades de asistencia; coordinar las medidas de salud pública y financieras.

G-7 y G-20 hablan de restaurar la confianza del consumidor la cual se ha visto erosionada en los mercados nacionales como el de EE. UU., al ritmo de propagación del virus y aún ante los gigantescos paquetes de alivio económico y fiscal bajo total transparencia y supervisión para prevenir la corrupción, el despilfarro, el enriquecimiento ilícito y el tráfico de influencias. Para EE. UU., el dato es preocupante: el índice de confianza del consumidor ha caído en este mes de marzo a niveles de hace 3 años y medio. El consumidor promedio cree que ya el país está en recesión, y su pregunta es sobre la magnitud y la duración del shock. Más de 3 millones de solicitudes para beneficios por desempleo fueron suscritas las pasadas semanas, una cifra no vista desde 1982. Esta grave percepción del consumidor impacta sobre las empresas y los empleos en general, y en particular aquellos del sector servicios donde laboran cientos de miles de centroamericanos en EE. UU. La caída en las remesas, de no haber restauración de dicha confianza, será inminente como el 2008-2009, las cuales no se recuperaron hasta el 2011-2012.

El anuncio oficial de que el Primer Ministro británico Boris Johnson ha sido contagiado por el COVID-19 precipita más la recesión global y en su país, pues muestra vulnerable a los liderazgos de las grandes potencias. También dio positivo al virus ni más ni menos que su ministro de salud, Matt Hancock. Otros líderes mundiales son vulnerables al COVID-19.

Pero la verdadera tragedia no está en las filas políticas sino en los pueblos. Italia registró un día más de mil fallecidos, aunque en Italia y España los nuevos contagios parecen atenuarse. Entre desastres naturales y el cambio climático, el COVID-19 es ya la gran tragedia humana del siglo de la globalización.

Experto en Relaciones Internacionales

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