¿Cómo la isla Perico llegó a ser propiedad privada desde 1859?

El Diario de Hoy revela cómo llegó a ser propiedad privada parte de la Isla Perico desde 1859. Hoy sus propietarios están dispuestos a venderla por varios millones de dólares.

El insular situado a un costado de la isla Perico es el principal punto de interés para los chinos, según los pobladores. Foto EDH / Marvin Romero

Por Jorge Beltrán

Sep 26, 2018- 21:31

El primer dueño particular de la Isla Perico fue un hombre nacido en Costa Rica. Se llamaba Joaquín Eufracio Guzmán. No hay certeza sobre cómo la obtuvo, si la compró o simplemente se posesionó de ella. El Centro Nacional de Registros (CNR) no tiene documentos que prueben la forma cómo ese territorio insular pasó a manos privadas.

Lo cierto es que la biblioteca virtual de la Corte Suprema de Justicia hace relación a documentos de 1859 (no se especifica fecha exacta) en los que hubo una “Orden facultando al Supremo Gobierno para que pueda vender en Pública Subasta a ciudadanos de Centro América, las Islas Perico y Punta Zacate; y emplear su producto en la adquisición de terrenos contiguo al Puerto de La Unión”.

 

En ese mismo año, cuando se faculta al Supremo Gobierno a vender ambas islas, Joaquín Eufracio Guzmán fungió interinamente como Presidente de la República del 9 de enero al 15 de febrero, y en sus manos quedaron esas islas. El era vicepresidente de El Salvador. Guzmán fue un destacado militar salvadoreño que colaboró con Francisco Morazán en sus luchas por unir Centroamérica.

Por manos de tres diputados

Los registros en poder del CNR dan cuenta que la isla Perico pasó a manos del doctor David J. Guzmán, el autor de la Oración a la Bandera Salvadoreña, porque su padre, Joaquín Eufracio, se la dio en herencia.
El 25 de diciembre de 1877, David J. Guzmán vendió una parte de la isla Perico al señor Celio Zaldívar. Tanto Guzmán como Zaldívar fueron diputados constitucionalistas en 1871, según registros bibliográficos, por el departamento de San Miguel y La Unión, respectivamente.

Seis años después, Guzmán y Zaldívar vendieron la isla a Juan María Villatoro, otro hombre oriundo del departamento de La Unión (municipio de El Sauce) que también fue diputado constitucionalista en 1871.
Villatoro pagó 100 pesos por la isla Perico, según consta en una escritura otorgada el 6 de octubre de 1883, en la entonces ciudad de San Carlos, La Unión.

Posteriormente, en el año de 1900, la isla Perico fue traspasada en herencia y a favor de Daniel Villatoro Rugama, quien era hijo de Juan María Villatoro y Aurora Rugama.

Pero el 14 de diciembre de 1910, la familia Villatoro Rugama se deshizo de la isla, vendiéndola en su totalidad a Petrona Candelaria Fuentes de Dheming. Luego, El 25 de octubre de 1917, esta señora vendió la propiedad a Stanley George Algood. Y éste último se la vendió a Silverio Forner Roca, el 25 de abril de 1930.

El 3 de mayo de 1967, Forner Roca se las traspasó en herencia a su esposa y a sus tres hijos. Curiosamente, ese mismo día, todo el inmueble fue traspasado a favor de Josefa Lilian López Quezada.

Foto EDH/ Cortesía

De 20 mil colones a dos millones de dólares

El 27 de febrero de 1968, López Quezada vendió la isla completa a Guadalupe Quezada de Ímbers, por la cantidad de 20 mil colones que le fueron entregados en efectivo. Guadalupe era la esposa de Marcelino Ímbers Ferrer, cuyo nombre lleva hoy el estadio de fútbol de la ciudad de La Unión.

En ese año, Marcelino Ímbers Ferrer montó un molino de conchas de ostras en la isla Periquito, la cual está separada por un canal que en marea baja se puede atravesar caminando y llegar a la isla Perico. Por muchos años funcionó esa fábrica de concentrados para aves de corral que exportaba.

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Tres hombres que no sabían que fueron “dueños” de la isla Perico

Los campesinos que trabajaban para la familia Ímbers, fueron "dueños momentáneos", de más de 20 manzanas de terreno.

En las playas que rodean ambas islas había bancos de conchas, materia prima para fabricar el concentrado. Aún hoy se puede observar que esas caparazones son muy abundantes a tal grado que a veces puede resultar incómodo caminar descalzo.

Fue en ese momento que algunos de los pobladores de la isla Perico tuvieron que trasladarse a vivir allí, puesto que no podían viajar todos los días en lanchas hacia sus viviendas en tierra firme, aseguran algunos isleños que ahora sobreviven de la pesca y la agricultura.

Ahora todos ellos están preocupados porque podrían ser desalojados de la isla para dar paso a un complejo hotelero que sería construido por un consorcio de empresarios de China continental a quienes el actual gobierno (Órgano Ejecutivo) les está procurando todas las facilidades para que hagan la inversión, según diversas fuentes.

Actualmente, la isla Perico y Periquito están en manos de cinco personas entre hijos y nietos de Guadalupe Quezada de Ímbers, la esposa de Marcelino Ímbers Ferrer.

La “expropiación parcial” de la isla Perico

En la línea de sucesión que el CNR ha documentado y enviado a la Comisión Especial sobre la isla Perico se indica que en un momento, en la segunda mitad de la década de 1980, parte de esa isla fue expropiada por la entonces Financiera Nacional de Tierras Agrícolas (FINATA), entidad que nació durante el gobierno de la Junta Revolucionaria de Gobierno, instalada posterior al golpe de estado del 15 de octubre de 1979.

Según los documentos de ese acto celebrado el 8 de junio de 1987, dio fe el jefe de la Oficina Departamental de La Unión, de la Financiera Nacional de Tierras Agrícolas, German Emilio Chávez Saravia. En el acta No. 18, del libro Séptimo, dice que compareció el señor José Orlando Arévalo (aquel que fuera diputado de ARENA y que luego se pasó al PCN, partido del que fue expulsado), actuando en nombre y representación, en su calidad de director presidente de FINATA expropió 13 hectáreas 7 áreas y 9 centiáreas del inmueble total que le pertenecía a Guadalupe Quezada de Ímbers.

El único transporte del lugar es a través de lanchas. Cuando la marea está baja, los habitantes caminan varios kilómetros. Foto EDH/ Oscar Iraheta

La supuesta expropiación se ejecutó de acuerdo con la Ley para la afectación y traspaso de tierras agrícolas a favor de sus cultivadores directos y su Reglamento de aplicación. En el acta dice que la señora Quezada de Ímbers se le notificó mediante publicación para que se presentara a FINATA a hacer el traspaso pero no lo hizo.

En esa misma acta, Arévalo, en su condición de presidente de FINATA dio por recibida la porción del inmueble expropiado.
Menos de dos meses antes, según acta No. JD-14/87, celebrada el 21 de abril de 1987, se acordó fijar la suma de 7,106.78 colones como indemnización a la señora Quezada de Ímbers que le correspondía como expropietaria, cantidad que fue depositada en una cuenta especial del Banco de Fomento Agropecuario, para que ella lo retirara.

Los documentos enviados por el CNR a la Comisión Especial sobre la isla Perico, indican que la porción de tierra expropiada a Quezada de Ímbers estuvo varios años en poder de FINATA.

El 19 de mayo de 1993, según los referidos documentos, FINATA traspasó parte de la porción expropiada a Quezada Ímbers a los señores Juan Antonio Mendoza y José Gonzalo Blanco. Y el 21 de abril de 1999 traspasó el resto a favor de Crisanto Pineda.

A pesar de que el numeral cuarto del artículo 8 de la Ley para la afectación y traspaso de tierras agrícolas a favor de sus cultivadores directos dice que las parcelas adjudicadas por FINATA son bienes de familia y que no podrán venderse sino hasta después de 30 años, en los documentos del CNR consta que Mendoza le traspasó sus parcelas a Guadalupe Mercedes Ímbers Quezada de Rubio, el 20 de octubre de 1998.

En tanto que Blanco le transfirió sus parcelas a Marcelino Ímbers Quezada el 21 de abril de 1999 justo el mismo día que FINATA otorgaba una parcela de la isla Perico a favor del jornalero Crisanto Pineda quien el mismo día que las recibió, las traspasó a nombre de Claudia Maricela Ímbers Quezada.

Guadalupe Mercedes, Marcelino y Claudia Maricela son hijos de Marcelino Ímbers Ferrer y de Guadalupe Quezada, la persona que el 27 de febrero de 1968 compró la isla Perico y Periquito en 20 mil colones.
Todo lo anterior consta en el histórico del tracto sucesivo registral (cadena de propietarios) de la oficina del CNR de La Unión.

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