“Fue horrible ver a mamá sufriendo tanto por el cáncer”, relata hijo de doña Adilia, fallecida por aparente negligencia médica

Jorge Barraza cuenta cómo su madre, doña Adilia, no fue advertida de que tenía cáncer en el Hospital San Rafael en abril de 2020, y cómo su salud fue desmejorando hasta llevarla al Hospital Rosales donde no pudieron darle buena atención en los últimos días de su vida

Doña Adilia del Carmen falleció el 10 de febrero, a sus 64 años, víctima de cáncer. / Foto EDH cortesía familia Barraza

Por Carlos López Vides

Feb 14, 2021- 21:00

Es difícil aceptar para la familia de doña Adilia del Carmen Barraza que la vida de su madre, hermana y abuela se apagó en solo 10 meses. La energía que tuvo en vida en el cultivo de la tierra, en la crianza de sus cinco hijos que crecieron sin papá porque la vida se los arrebató antes, se apagó entre abril de 2020 y febrero de 2021. Nacida en San Julián, Sonsonate, ella tenía 64 años.

Lo más duro de sobrellevar es que la muerte de doña Adilia pudo haberse evitado.

El 31 de marzo de 2020, cuando el país tenía 20 días de vivir en confinamiento por la pandemia, doña Adilia ingresó de emergencia al Hospital San Rafael, con fuertes dolores en el estómago. Los médicos del hospital tecleño le dijeron que tenía cálculos en la vesícula. Fue operada el 3 de abril en el lugar.

Tres días después, le dieron de alta. Pero en ese centro médico tecleño, no le avisaron a doña Adilia que le habían detectado cáncer. Una aparente negligencia que resultó fatal.

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Así lo cuenta hoy el abogado Jorge Barraza, hijo de doña Adilia, quien no puede comprender por qué los doctores del San Rafael no les alertaron, porque a su mamá “en el expediente médico de abril de 2020, en biopsia se le diagnosticó adenocarcinoma en vesícula biliar, invasivo. Y no le dijeron nada”.

Al no informarle del cáncer, doña Adilia siguió adelante con su vida y pasó seis meses sin ningún tipo de tratamiento. Medio año en el que la enfermedad avanzó.

Una familiar acompaña a doña Adilia en una visita al hospital Rosales, en octubre de 2020. / Foto EDH Archivo

El 12 octubre de 2020, tras exámenes a doña Adilia, sus familiares descubrieron que ella tenía cáncer, y que el mismo ya había invadido el hígado. Su hijo Jorge, indignado ante la neligencia ocurrida en el San Rafael y desesperado porque en el Hospital Rosales, en lugar de atenderla, solo le dieron el alta, demandó a los directores de ambos centros médicos y al Ministerio de Salud.

El caso de doña Adilia fue publicado en El Diario de Hoy ese mes, y Barraza explica que la Sala de lo Constitucional admitió la demanda y ordenó que se le diera tratamiento efectivo a doña Adilia.

Don Jorge logró establecer línea directa con el director del Hospital Rosales, Mynor Martínez. La familia se llenó de fe. Pero no esperaban que su mamá y abuela, en realidad, iniciaba la recta final de su vida.

Un hospital sin recursos
Las necesidades que tenía doña Adilia chocaron contra un Hospital Rosales sin suficiente equipo, tecnología ni recurso humano, una dura realidad acrecentada para los pacientes con cáncer (y de otras patologías graves) durante la pandemia.

En noviembre de 2020, Barraza solicitó a la dirección del Hospital Rosales el apoyo de una nutrióloga, para que indicara la mejor alimentación posible para la mejoría de doña Adilia, pero “en el Ministerio de Salud solamente hay una nutrióloga, que a partir de la pandemia está incapacitada porque padece una enfermedad crónica, entonces no llega al hospital por eso. Ningún paciente oncológico recibe la atención de un nutriólogo, que es especialista para estos casos. A mi mamá no se le pudo cumplir ese requisito que ella necesitaba, para tener una dieta acorde”, explica (ver recuadro).

La familia Barraza fue testigo de cómo la capacidad médica en el Hospital Rosales no era suficiente, ni para su madre y abuela, como tampoco para otros pacientes.

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“En el Rosales le estuvieron prescribiendo quimioterapia, con el ánimo de al menos detener un poco, pero el grado de avance de la enfermedad de ella ya era demasiado alto. Era poco lo que se podía hacer, en realidad. Pero la escasez de recursos en el Rosales es evidente. Hay una sobredemanda enorme. Un médico, un oncólogo, atiende en una hora a 20 a 30 pacientes. Hay una enfermera dedicada para 15 a 20 pacientes. La demanda los sobrepasa en capacidad”, narra Barraza.

Para el 28 de diciembre de 2020, doña Adilia se sintió con fuerzas suficientes como para compartir en un evento con su familia, en ambiente navideño. “La quimioterapia parecía funcionar, en ese momento ella tenía solo tratamiento oral para el dolor”, que ya comenzaba a manifestarse con más intensidad, relata don Jorge.

Doña Adilia (celeste) junto a su familia. En octubre de 2020, al enterarse de que tenía cáncer, pidió esta foto junto a sus seres queridos. / Foto EDH cortesía familia Barraza

Tuvieron una crisis a finales de enero de 2021, y aunque en el Rosales les indicaron que debían hacerle una endoscopía para examinar su sistema gastrointestinal, “nos dijeron que no tenían el equipo ni el personal para hacerlo. Ella tenía un bloqueo en la vesícula biliar. La refirieron a un ente privado (pagado por la familia), donde le hicieron el detape bailiar y le colocaron un stent”, explica Barraza.

La salud de doña Adilia mejoró con ese procedimiento. Su familia la notó más lúcida, más tranquila, lograba hilar palabras y tenía la piel menos amarilla (ictericia).

Ante la falta de recursos para tratarla bien en el Rosales, su director, el doctor Martínez, hizo gestiones para referirla al Hospital Divina Providencia el 8 de enero de 2021. Ahí, la paciente recibió antibióticos cada ocho horas y sus responsables manejaron el dolor que ella sentía.

“Pero el 8 de febrero, en consulta oncológica en el Rosales, le detectaron infección en la vía biliar, y ordenaron su ingreso”, cuenta Barraza, quien lamenta lo que pasó en las horas siguientes, pues su madre no recibió la atención adecuada en ese centro médico, sobre todo en cuanto al manejo del dolor.

Las horas más difíciles
Como hijo y en medio del luto, don Jorge lo narra así: “al quedarse ingresada en el Rosales el 8 de febrero, no le cumplieron el tratamiento paliativo de la manera en como estaba estabilizada en el Divina Providencia. Solamente le dejaron Tramadol para el dolor, Buscapina y Ranitidina, cuando a ella ya le ponían rescates de morfina, porque el dolor ya era avanzado”.

Fue a verla al día siguiente y halló la manera de entrar al Rosales para visitarla, angustiado porque no le daban información de su mamá.

Jorge Barraza, abogado e hijo de doña Adilia, luchó hasta donde pudo para extender la vida de su madre, y para darle una muerte con dignidad. / Foto EDH cortesía familia Barraza

“Cuando llego, veo a mi mamá sufriendo, quejándose del dolor, y no le hacían caso. Me acerco a ella, y me dice que deseaba regresar al Divina, que me la llevara. (Personal del Rosales) me pidieron autorización para sujetarla, para amarrarla, porque ella se retorcía del dolor. Al ver que la solución que ellos me daban era sujetarla, no iba a estar de acuerdo. Me fui para dirección (del hospital), donde pedí que me autorizaran cumplir la voluntad de ella, que era trasladarla al Divina para que continuaran con el tratamiento del dolor”, cuenta.

Barraza considera que el Rosales no tiene el equipo ni los recursos necesarios para casos como los de su mamá, y evitarles tanto sufrimiento. “Tengo documentos de que solo le daban ciprofloxacina, un antibióticos sumamente débil. No le cumplían el tratamiento del dolor”.

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Ante lo duro de ver a su mamá en ese estado, don Jorge buscó al director del Rosales, el doctor Mynor Martínez; pero lo recibieron -explica Barraza- el subdirector, la jefa de medicina interna y la jefa de cirugía del hospital.

Lo recibieron con un informe oncológico en la mano, y le informaron que doña Adilia ya estaba en proceso de sepsis, es decir, ya con la infección por cáncer muy avanzada y prácticamente terminal.

“No soy médico, pero sé que cuando eso pasa, el dolor es sumamente extremo”, reflexiona Barraza, quien logró la autorización para que del Rosales refieran a su madre de vuelta al Divina Providencia ese mismo 9 de febrero.

Barraza y su familia están agradecidos por el trabajo del personal del Hospital Divina Providencia, a quienes describe como “ángeles” en medio del trance que vivió su mamá. “Al entrar al Divina, mi madre reconoció el lugar y dijo ‘gracias a Dios, ya vine, ya vine’”.

Vela de doña Adilia. Sus restos fueron sepultados en el cementerio general de Armenia. / Foto EDH cortesía familia Barraza

Doña Adilia “falleció de manera digna, en el lugar donde me pidió que quería fallecer, y no sola en el Rosales. Por el COVID, en el Rosales están restringidas las visitas, no hay acceso a los pacientes; ahí en el hospitalito del Divina se quedó una hija acompañándole, le dio el apoyo que ella necesitaba en sus últimos momentos y el hospital le dio lo necesario para que su partida fuese lo más humana posible, algo que no se le iba a cumplir en el Rosales”, narra don Jorge.

Como abogado e hijo, Barraza platicó con El Diario de Hoy sobre el caso de su mamá con el afán de que las autoridades de salud hagan un alto y prioricen los recursos, para dotar el Hospital Rosales de suficiente equipo, tanto técnico, médico como humano, para que otras personas con cáncer no pasen por lo vivido por doña Adilia, quien falleció el 10 de febrero, a las 9:15 a.m., después de 10 meses de luchar contra el cáncer.

Fue velada al día siguiente y sus restos sepultados el 12 de febrero en el cementerio de Armenia. Ahí, en medio del dolor, sus nietos sobrellevaron parte de su tristeza al dedicarse a pintar de rosado la lápida de su abuelita Adilia, esa luchadora de las milpas que, cuando supo que tenía cáncer, pidió una foto con su grupo familiar. Una estampa ahora invaluable para sus seres queridos, quienes la lloran aún más porque es una muerte que pudo haberse evitado.

La demanda continúa activa

El licenciado Jorge Barraza, abogado e hijo de doña Adilia del Carmen, explicó a El Diario de Hoy que sigue en trámite la demanda contra las autoridades del Hospital San Rafael, Hospital Rosales y Ministerio de Salud, que presentó a la Sala de lo Constitucional en octubre de 2020. La demanda incluye que se podría estar ante un delito de “omisión del deber de socorro”, tipificado en el Art. 175 del Código Penal, y el de la “denegación de asistencia sanitaria, realizada de manera tácita, por comisión por omisión”, presente en el Art. 176.

Sin respuesta oficial del Ministerio de Salud

El Diario de Hoy preguntó vía digital la posición del Ministerio de Salud sobre el tratamiento que recibió doña Adilia en el Hospital Rosales, a través de una consulta con el departamento de Comunicaciones de dicha entidad estatal, el viernes 12 de febrero de 2021 por la mañana, pero no hubo respuesta a dicha petición.

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