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Nelson Rutilio: El primer beato joven de El Salvador y Centroamérica

Nelson Lemus se convertirá, el próximo 22 de enero, en el primer Beato joven de El Salvador y América Central. Fue asesinado a los 16 años de edad, cuando acompañaba al padre Rutilio Grande, el día en que también le arrebataron la vida.

Por Fabricio Jirón | Ene 19, 2022- 14:28

Nelson será beatificado el próximo 22 de enero junto al Padre Rutilio Grande. Video EDH/Fabricio Jirón

La iglesia católica y El Salvador contarán, desde el próximo 22 de enero, con cuatro nuevos beatos. El Padre Rutilio Grande, sus acompañantes Nelson Rutilio Lemus, Manuel Solorzano y el Fraile Cosme Spessotto están a un paso de sumarse a la lista de santos de la iglesia salvadoreña.

Está oportunidad permite destacar las virtudes y causas por las que una persona puede recibir el nombramiento de Beato o Santo, luego de su muerte y así la feligresía salvadoreña vivirá el nombramiento de nuevos beatos: dos religiosos y dos laicos.

Y es una ocasión poco usual que el nombre de un joven se escriba en la lista de los beatos de la Iglesia Católica y es el primero de corta edad en la historia de Centroamérica y de El Salvador: Nelson Lemus.

Él fue asesinado el 12 de marzo de 1977 en El Paisnal, junto al padre Rutilio Grande. Nelson ha sido distinguido por el servicio en su comunidad religiosa y por la estrecha amistad con el Padre Grande, el joven fue alcanzado por el martirio a sus 16 años.

Nelson Lemus nació en El Paisnal, la tarde del 10 de noviembre de 1960. Fue el primero de 12 hermanos, hijos de Jesús Lemus Urrutia y María Evelia Chávez de Lemus.

En la actualidad, dos de sus hermanas viven en su tierra natal: Dinora Lemus y Cecilia Lemus. Cuando fue asesinado, Dinora tenía nueve años y Cecilia tenía seis años. Ambas recuerdan a su hermano con mucha alegría y admiración.

¿Cómo era Nelson?

Dinora Del Carmen Lemus, la hermana más cercana a la edad que Nelson tenía cuando fue asesinado, trae a su mente muchos recuerdos de su familia, su infancia y los momentos que compartió con el futuro Beato. Lo describe como un niño muy tranquilo, paciente y listo.

Entre Nelson y ella existía un lazo muy fuerte que los vinculaba, solían salir a jugar e incluso a recoger tercios de leña, recuerda Dinora.

"Aquello era cosa de niños”, dice la hermana del ahora venerable, título que recibe Nelson por su cualidad de futuro Beato de la iglesia católica.

Dinora aún recuerda que Nelson tenía gustos variados a la hora de comer: “le gustaban frutas como manzanas, uvas, la piña y unos guineitos pequeños", dice.

Otra de las cualidades del próximo beato era el gusto por la música, que escuchaba y cantaba cada vez que podía. Su canción favorita era "Amor Eterno", relata Dinora y describe que Nelson disfrutaba su pasatiempo al salir de la escuela. Él cursaba séptimo grado en el Centro Escolar 1 de Julio de El Paisnal. "Era un estudiante muy aplicado, destacado y le gustaba cumplir con sus tareas", dice.

Los sacerdotes siempre lo educaron en el conocimiento de Dios y cuando la familia asistía a Misa, sus padres lo motivaban a estar sentados y atentos.

Dinora siempre admiró a su hermano por ser aplicado e ingenioso. “Nelson siempre me acompañaba a vender lo que mi mamá preparaba, porque él podía contar y yo no podía, me equivocaba para dar los cambios. Mientras yo iba con el azafate en la cabeza, él andaba ofreciendo las cosas”, relata.

Algo que disgustaba a Nelson era ver pelear a las personas sin razón o causa alguna, según describe Dinora. El joven tenía un sentido de nobleza y altruismo: siempre estaba dispuesto a colaborar.

Durante su adolescencia, nunca tuvo problemas. Su personalidad era sencilla, usaba cortes de cabello sin estilos, sin preferencias para vestirse e incluso gustaba de caminar descalzo, recuerda Dinora.

La mayor parte de su corta vida tuvo acceso a experiencias propias de su edad, desarrollándose como cualquier niño de su época: se le recuerda por un gran sentido humano, por lo cual su hermana no se sorprende que esté a un paso de la santidad y el martirio le abrió la posibilidad para que la Iglesia Católica y el Vaticano tomaran en consideración sus virtudes.

Uno de los recuerdos que invade a Dinora es la última celebración de año nuevo que compartieron juntos. Fue el 31 de diciembre de 1976, cuando Nelson vestía un pantalon negro y una camisa color salmón, y faltando unos minutos para la media noche, de algun espacio de la casa, el joven salió a pasos agigantados apartando a sus hermanos y abrazo a sus padres dandoles un afectuoso beso. Entre lágrimas, la hermana del futuro Beato recuerda esa ocasión como una estampa de divinidad y esencia pura.

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