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Manuel Zelada: “Siempre que voy a tomar una decisión, pienso en el padre Cosme"

Manuel y Roberto Zelada Solano, que conocieron de cerca al padre Cosme Spessotto, celebran la noticia de su beatificación como un reconocimiento a quien dio su vida por la iglesia y los derechos de los habitantes de San Juan Nonualco

Por Moisés Rivera | Ene 21, 2022- 22:57

Los hermanos Manuel y Roberto Zelada Solano celebran la beatificación del padre Cosme Spessotto quien fue asesinado el 14 de junio de 1980 dentro de la parroquia de San Juan Nonualco, en La Paz. Para ellos es solo cuestión de tiempo para el fraile de origen italiano sea canonizado.

Un hombre alto, de rostro serio y rasgos marcados se presenta ante los asistentes. Un ambiente de solemnidad y devoción inunda el templo en el pequeño pueblo de San Juan Nonualco, en La Paz. La misa oficiada por el padre Cosme Spessotto está por comenzar.

Un ritual que había repetido por muchos años desde octubre de 1953, cuando apareció en una moto en ese humilde municipio de El Salvador. Aquel fraile, de origen italiano, había llegado con la intención de cambiar el lugar mediante el mensaje de Dios y el servicio a sus habitantes.

“Lo que más recuerdo del padre Cosme es que cuando celebraba la santa misa, él se transformaba porque lo hacía con tanta devoción que nos contagiaba a todos”, cuenta Manuel de Jesús Zelada Solano, de 72 años, un nonualco que a sus 20 años conoció por primera vez al singular párroco. “Me llené de admiración. Al principio yo decía: este padre quizás es actor de cine”, agrega sonriendo. Su físico espigado, piel trigueña y su semblante serio mezclado con jovialidad daban esa impresión a otros más en la comunidad.

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Antes de los 20 años, Manuel era un poco reacio a la iglesia, pero desde 1969, cuando conoció al padre Spessotto, decidió quedarse, conocer de Dios y colaborar con el párroco.

“Yo bien recuerdo que me decía que en el Seminario él le pedía a Dios ser un mártir. Él quería ir a China, pero lo enviaron para acá.  Me contaba que al ver la tranquilidad en el país, esa petición ya no se iba a dar, pero cuando comenzó la guerra allá por los años 80’s se acordó. Él estaba bien claro y dispuesto a ofrendar su vida”, relata Zelada.

Los recuerdos de los hermanos Zelada incluyen fotografías a las que nadie más tuvo acceso antes de la beatificación de Spessotto. Foto EDH/ Francisco Rubio

En un episodio en que tuvo que encarar la violencia de la guerra, el padre Cosme impidió que un grupo guerrillero se tomara la iglesia San Juan Bautista, esa que él mismo había ayudado a reconstruir. “No voy a permitir que ustedes se tomen la iglesia porque aquí es un lugar santo, no pueden venir a profanarla”, les recriminó el padre Cosme.

¿De qué lado está usted? ¿Con la derecha o con la izquierda?, le reclamaron. “Yo estoy en el centro, estoy con Cristo”, les respondió sin dar lugar a argumentos.

“Yo estaba con un gran miedo y de repente solo vi que se empezaron a ir”, recuerda Zelada. Una experiencia junto al padre Cosme que la tiene bien presente.

El templo era de interés también para el Ejército: en ocasiones, soldados quisieron usar la torre del campanario como punto de vigía contra la guerrilla. “La iglesia no va a servir para eso”, les respondía contundentemente Spessotto.

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“El padre Cosme siempre defendió los derechos de Cristo y de la iglesia”, afirma Roberto Edmundo Zelada Solano, hermano menor de Manuel. Roberto, quien entonces estudiaba en la Escuela Parroquial Juan XXIII, también tuvo la oportunidad de conocer de cerca, desde sus 12 años, a aquel guía espiritual de San Juan Nonualco.

Tanto Roberto y Manuel están convencidos que no pasará mucho tiempo para que se declare la santidad oficial de Spessotto. Foto EDH/ Francisco Rubio

A sus 58 años, recuerda valiosamente aquellos momentos que cuando el padre Cosme pedía ayuda para realizar mejoras en la iglesia, él mismo se remangaba su hábito y se ponía a trabajar junto a los fieles que se unían a la faena. “Tenía las manos grandes, era admirable su fuerza, por eso le decían El Toro”, cuenta Roberto.

Su valentía para frenar las intenciones sobre el templo, por parte del Ejército y de los grupos guerrilleros, encendió las sospechas de algún ataque contra su vida. Como cuando Monseñor Óscar Arnulfo Romero lo tomó del hombro y le “pronosticó” el martirio que se les avecinaba, tras el asesinato del padre Rutilio Grande, en 1977.

“Después seguimos nosotros. Primero voy yo y después vas vos”, recuerda muy bien Manuel Zelada, quien escuchó esas palabras que salieron de los labios de quien ahora es San Romero. “Fue en el entierro de un sacerdote en San Vicente. Él solo sonrió, pero no tenía miedo. En ese momento ‘me quedé en la Luna’, pero con el tiempo comprendí que se lo había profetizado”, agrega Manuel.

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En efecto, casi tres meses después del asesinato de Monseñor Romero, el 24 de marzo de 1980, el padre Cosme Spessotto murió a balazos en su espalda, mientras rezaba para iniciar la misa en su parroquia. Eran las 7 de la noche del 14 de junio de 1980.

“Vivíamos a una cuadra de la iglesia. Acababa de ver rezando al párroco en el templo y apenas iba entrando a la casa cuando escuché: ¡plom, plom, plom!, aunque no sé si fueron más. Una señora gritó: ¡mataron al padre! Salí corriendo a la iglesia y vi al padre ya tirado”, recuerda con dolor Manuel.

Parecía una escena increíble, sin embargo, los lamentos llenaron las cuatro paredes del templo, las calles y los hogares de San Juan Nonualco.

Los hermanos Zelada, así como otros creyentes, prefieren no saber quiénes le arrebataron la vida al padre. “Lo que hacemos es orar por las personas que hicieron eso para que se arrepientan y lleguen a Cristo”, asegura Manuel, al poner en práctica las enseñanzas de perdón, diálogo, de no tener miedo ante la violencia y de siempre confiar en Dios, que el padre Cosme les daba en las misas o en las visitas pastorales a diferentes comunidades de San Juan Nonualco, San Rafael Obrajuelo y Zacatecoluca, en La Paz.

Manuel observa una fotografía de cuando él cargó el largo féretro que llevaba el cuerpo de su guía espiritual. Su hermano Roberto la atesora con nostalgia en sus archivos y en su corazón. El anuncio de su beatificación junto a la del padre Rutilio Grande, Manuel Solórzano y Nelson Lemus les da mucha alegría.

“Es un reconocimiento a tantas personas, especialmente religiosos, sacerdotes y catequistas que ofrecieron su vida al Señor, en un momento que se vivía una vorágine de una violencia sin sentido en nuestro país", reflexiona Roberto.

"Creo que la iglesia católica de El Salvador se encuentra feliz de tener esta bendición”, afirma. “Era un hombre fuera de serie, un gran regalo que Dios mandó a San Juan Nonualco”, agrega su hermano mayor mientras sus ojos se humedecen.

Estos hermanos que vieron la obra del padre Spessotto en aquel  humilde municipio, que recibieron sus consejos y testificaron su entrega a la iglesia y a su pueblo han transmitido a sus familias el legado que el religioso italiano dejó. “El padre Cosme impactó nuestras vidas. Siempre que voy a tomar una decisión pienso en el padre Cosme y le digo: ayúdeme aquí, qué tengo que hacer, cómo debo actuar”, dice Manuel.

“Queda a un milagro adjudicado al padre Cosme para llegar a ser santo y todo parece que el padre Cosme huele a santo”, aspira Roberto, pensando en aquellos días en que lo veía en el altar y en los caminos polvorientos llevando el Evangelio. Nadie se imaginaba entonces que un 22 de enero de 2022 su amado Cosme Spessotto sería llamado beato.

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