Madre que envenenó a su hija de cinco años en Cabañas es paciente del Psiquiátrico

Una tía se llevaría a la niña a EE. UU. para que estudiara allá, pues era ciudadana estadounidense. La madre, ahora bajo custodia policial, padece desde hace varios años, de una enfermedad mental.

Habitación donde María obligó a su hija Azucena, a ingerir veneno. La niña murió el domingo; María está hospitalizada bajo custodia policial. Foto EDH/ Jorge Reyes

Por Jorge Beltrán Luna

Ene 27, 2020- 10:14

En un apartado caserío del cantón Huertas, en el municipio de Ilobasco, el domingo en la mañana sucedió una tragedia que ha conmocionado a todos sus habitantes: una mujer obligó a su hija a beber pastillas matarratas disueltas en herbicida; ella también bebió pero hasta ayer al mediodía estaba en el hospital de Ilobasco, en estado crítico.

Pedro Torres y Juana Sánchez, abuelos de Azucena T., de 4 años y medio, y padres de María T., de 28, están destrozados. Aunque es algo que ya temían pues a la mujer le había dado por decir que se envenenaría; sin embargo, que también hubiera envenenado a su hija menor, es algo que ni se imaginaban.

Pedro dice que su hija aprovechó unos minutos en que se quedó a solas con la niña. Juana se fue a misa, llevándose a la hija mayor de María, como siempre hacía todos los domingos. Pedro se retiró unos 100 metros a ver el ganado que tiene en un potrero cercano.

Él recuerda que la niña se quedó jugando en el corredor de la casa con algunos dulces.
De repente, Pedro escuchó gritar a Azucena y, al regresar a la casa, encontró a la nieta y a su hija en el patio de la casa; la niña gritaba y la mujer vomitaba. De inmediato percibió el olor a gramoxone (un potente herbicida) y a pastillas de sulfuro (conocidas como matarratas).

La niña tenía un líquido verdoso en el rostro y en el pecho. El hombre le preguntó a su hija por qué lo había hecho, pero ella no podía hablar, sólo temblaba y vomitaba.

Un joven de la misma familia corrió a avisarle a Juana hasta la iglesia donde estaba, luego trasladaron a María y a Azucena al hospital de Ilobasco, siempre en el departamento de Cabañas; allí falleció la menor mientras que la madre aún permanece hospitalizada allí en estado crítico, según comentó Juana.

De acuerdo con Pedro y Juana, María sufría de una enfermedad mental por la que estaba en tratamiento en el hospital psiquiátrico de Soyapango.

“Cuando el mal no la atacaba, ella (María) era bien oficiosa. Ordeñaba las vacas, aseaba la casa y también cocinaba. Ella se fue para Estados Unidos y de allá volvió con su enfermedad”.

Juana Sánchez de Torres, madre de María

El próximo 6 de febrero tenía programada la próxima cita. A ella no le gustaba asistir a sus controles médicos porque después de que le ponían una inyección le temblaba mucho el cuerpo.

“Ella de repente se ponía bien enojada y le agarraba de temblar toda ella”, comentó Juana, en tanto que Pedro recordaba a su nieta como una niña alegre, muy apegada a él y muy inteligente, tanto así que sin haber asistido aún a la escuela, ya podía escribir.

Se enfermó en Estados Unidos

De acuerdo con Pedro y Juana, hace poco más de siete años, María se fue para Estados Unidos con la intención de trabajar con la ayuda de otras hermanas que ya estaban allá.

En esta casa, del cantón Huertas, de Ilobasco, fue donde ocurrió una tragedia: una madre con problemas psiquiátricos, le dio de beber veneno a su hija. Ella también bebió pero hasta ayer había sobrevidido. Foto EDH/ Jorge Reyes

Al poco tiempo, el padre de la hija mayor de María también se fue para aquel país. El hombre también es originario del mismo cantón Huertas. Allá continuaron una relación que en El Salvador ya habían roto y María quedó embarazada.

Azucena nació en aquel país, por lo que era ciudadana estadounidense y por ello tenían planes de enviarla para que estudiara allá al cuidado de unas tías.

De acuerdo con los padres, después de que Azucena naciera, María comenzó a sufrir problemas mentales y por un tiempo estuvo recibiendo tratamiento médico en Estados Unidos pero al ver que los problemas de salud se complicaban, decidieron que lo mejor era que María y su hija regresaran a El Salvador.

De inmediato, los padres de María la pusieron en tratamiento médico en el hospital nacional Psiquiátrico de Soyapango. Llegó un momento en que fue necesario internarla en ese hospital durante más de un mes, después quedó en tratamiento, con citas cada mes.

Era en esas citas que le ponían una inyección llamada Flufenazina Decanoato, medicamento que se usa para tratar la esquizofrenia y las alucinaciones, delirios y hostilidad.

Ayer a media tarde, Juana comentó que el domingo por la noche, María había logrado hablar con una enfermera a quien le dijo que no sabía por qué había envenenado a su hija pero que estaba arrepentida; un sacerdote había llegado a confesarla.

Pedro cree que su hija compró el veneno el pasado viernes cuando salió de la casa. Cuando regresó vieron que llevaba una bolsa con dulces y otras golosinas. A diferencia de otras ocasiones, desde que comenzó a decir que se envenenaría, el viernes a nadie en la casa le dio por verificar qué era lo que había salido a comprar.

María no solía manejar dinero, solo el que Juana le daba ocasionalmente, pues cuando la enfermedad no afectaba mucho a la joven, ella ordeñaba las vacas, hacía la comida y aseaba la casa.

Ayer, mientras hablaba con amigos y vecinos, Pedro se preguntaba dónde pudo comprar el veneno y quién se lo vendió a sabiendas del mal que padecía.

La Policía llegó hasta ayer a la casa de Pedro y Juana a hacer una inspección ocular. Lo hizo más de 24 horas después de ocurrida la tragedia.

Azucena T., de 4 años, murió el domingo anterior, luego de que su madre la envenenara. Sucedió en el cantón Huertas, municipio de Ilobasco. Foto cortesía.

 

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