Andrea, de 17 años: “En el segundo viaje, el coyote quiso violarme”

Ella es solo uno de los 1,424 menores de edad que en los últimos seis años intentaron llegar a Estados Unidos.

Foto Por Pixabay/ Ulrike Mai

Por Nancy Hernández

Ago 26, 2018- 21:40

Tiene 17 años y ya intentó migrar dos veces a Estados Unidos sin documentos. Las dos veces, Andrea, su madre y su hermana fueron capturadas por las autoridades de migración y retornadas a El Salvador. En el segundo viaje, el coyote intentó abusar sexualmente de ella. Paradójicamente, un intento de abuso sexual la motivó a migrar junto a su familia.

Ella tenía 15 años cuando empezó a ser acosada por las pandillas. El desinterés que mostró en esa propuesta hizo que su familia fuera blanco de amenazas, extorsión y otras formas de intimidación. La única solución que su familia encontró fue huir a Estados Unidos.

“Cada vez que iba a estudiar caminaba mucho y me iba sola. Entonces, varias veces, me empezaron a salir chicos así y el acoso que sentía no lo soporté. No sabía qué otro medio usar para librarme de eso y decidimos viajar”, cuenta Andrea.

Ella no fue un caso aislado, en 2015 un total de 4,942 menores de edad migraron y fueron retornados al país. De ellos, 1,696 dijeron que migraron por ser víctimas de extorsión, amenazas y acoso de grupos criminales; un 34 %.

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Además, al igual que Andrea, 536 volvieron a intentar recorrer la peligrosa ruta del migrante incluso después de ser deportados. De ellos, 244 explicaron que huían del acoso de delincuentes.

Estos números han quedado archivados en las estadísticas del módulo de Registro de Información de niñez y adolescencia migrante del Sistema de Información de la Niñez y de la Adolescencia (SINAES) del Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (CONNA).

En el momento de la crisis, Andrea, su madre y hermana solo pensaron en salvar la vida, librarse de las amenazas, sin tener en cuenta los peligros que podrían encontrar en la ruta migratoria. Así fue como en agosto de 2015 decidieron emprender el viaje por tierra para llegar a California.

Ruta migratoria

Entre el 1 de enero de 2012 y el 30 de abril de 2018 han sido retornados 25,516 menores de edad; suficientes como para llenar 850 aulas escolares o formar 2,319 equipos de fútbol.

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Los niños no solo migran, también lo hacen tantas veces como sea necesario. En estos seis años, la reincidencia que se ha podido registrar ha alcanzado un 4 %, según datos proporcionados por la Unidad de Acceso a la Información Pública de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME) del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública.

Andrea estuvo entre los 1,424 menores de edad que volvieron a intentar llegar a Estados Unidos después de haber sido detenidos y retornados.

“La reincidencia infantil es un fenómeno que no depende de los niños, niñas y adolescentes, sino de sus padres y familiares, ya que son ellos quienes deciden cuántas veces realizarán el viaje por la ruta migratoria; esto a pesar de los peligros que representa o dificultades que los menores de edad pueden enfrentar en el camino”, explica Ana Solórzano, directora de la Dirección de Atención al Migrante (Dami) de la Dirección General de Migración y Extranjería.

Desde 2012 hasta abril de este año, 13 niños, niñas y adolescentes intentaron hasta cuatro veces cruzar de manera irregular las fronteras del Norte.

 

 

Karen Coto señala que durante el viaje los menores de edad pueden sufrir deshidratación, cuadros nerviosos, enfermedades respiratorias o gastrointestinales.

Coto es coordinadora de la unidad de niñez y adolescencia de la Procuraduría General de la República (PGR) y desde ahí advierte: “Las adolescentes pueden ser violadas o asesinadas; los menores de edad se exponen a ser secuestrados por cárteles de narcotráfico, a ser utilizados como rehenes, en este camino”. No duda que lo menos grave que podría pasarle a un migrante es ser asaltado por grupos criminales: “Y a pesar de todo esto, los números de menores reincidentes son altos”.

Reincidencia infantil

“Cada vez que iba a estudiar caminaba mucho y me iba sola. Entonces, varias veces, me empezaron a salir chicos así y el acoso que sentía no lo soporté. No sabía qué otro medio usar para librarme de eso y decidimos viajar”.

Andrea, niña retornada

Andrea recorrió la ruta migratoria hacia Estados Unidos dos veces, al igual que otros 1,308 menores de edad. El primer viaje duró 15 días: ella, su mamá y su hermana llegaron a Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas, México; al séptimo día, fueron capturadas y retornadas al país. Sabían que sus vidas seguían corriendo peligro, por ello, dos semanas después de haber sido repatriadas, iniciaron el segundo viaje. Emprendieron camino un 15 de septiembre, día de la independencia en El Salvador.

Una noche, en ese segundo viaje, el coyote la separó de su mamá y de su hermana. Él tenía habilitadas dos casas para el grupo de migrantes que guiaba, la excusa que les dio fue que las casas eran muy pequeñas y no podían dormir juntas. A ella le asignó un cuarto solo para ella.

“Ya estaba acostada y sentí que alguien me estaba viendo, abrí los ojos y vi que era él quien estaba ahí. Me agarró las dos manos, intentó besarme a la fuerza y, no sé cómo, pero grité y me zafé de él. En el mismo momento me volvió a agarrar y me empezó a tocar por todos lados”, cuenta Andrea.

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Una de las personas que también viajaba con ella la defendió e impidió que fuera abusada. Andrea no tuvo el valor para contarle a su madre lo que había pasado, se lo confesó a los cuatro meses de haber regresado al país después de ser retornada por segunda vez. Tras este hecho violento, el viaje siguió y, en esta ocasión, alcanzaron a llegar a San Luis Potosí. Ahí, fueron capturados y retornados. La diferencia fue que, esta vez, el proceso para regresar a El Salvador duró tres meses, porque tuvieron que estar en varias oficinas de migración.

Reincidencia Infantil

“Es del conocimiento público que los traficantes de personas dan tres garantías para que las personas puedan llegar a Estados Unidos por un mismo precio. Respecto a la niñez y adolescencia depende del padre si deciden tomar las garantías o no”

Ana Solórzano, directora de la DAMI

Para Andrea, ambos viajes fueron un calvario y casi todo el trayecto sufrió desmayos, náuseas, resfriados, esto producto de la mala alimentación y los cambios de clima.

“Yo sí tuve problemas porque en algunas partes hace mucho frío entonces a mí me afectaba eso, me desesperaba y, al final, como que se vuelve un frío nervioso. Entonces me molestaba aún más porque me desmayaba y hasta vómito me daba”, recuerda.

La mayoría de los menores de edad que reinciden son aquellos que van acompañados de un familiar, señala Mirla Carbajal, jefa del departamento de protección de derechos de niñez y adolescencia del Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (CONNA). A pesar de que es un fenómeno que no va en incremento, es una situación que no se puede ignorar porque es una vulneración de derechos hacia los menores de edad.

Asegura que la mayoría de menores de edad cuando son entrevistados después del primer viaje y retornar al país, dicen que no desean volver a la ruta del migrante; sobre todo si han sido expuestos a algún tipo de abuso, violencia o han caminado demasiado.

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Las niñas aseguran que los guardias las obligan a desnudarse frente a ellos, les gritan y dicen que serán adoptadas por otras personas y que no volverán a ver a sus padres.

Respecto a este último punto algunos corren con un poco más de suerte porque la mayor parte del recorrido lo hacen en bus o vehículo, pero esto depende del trato inicial que se haya hecho con el coyote.

Garantías de viaje

Ricardo es coyote, lleva años dedicándose a llevar personas a los Estados Unidos. Su método, explica, es ofrecer garantía para dos intentos. Ricardo tiene dos opciones de ruta para las personas que lo buscan. La primera cuesta de 8,500 dólares y garantiza transporte en vehículo hasta la frontera de México; después, se caminan de tres a cuatro días para llegar a Estados Unidos. “Si no hay atrasos, estamos llegando allá en ocho o diez días”, asegura.

Andrea intentó llegar a Estados Unidos en dos ocasiones en ambas fue capturada y retornada al país.

La segunda opción cuesta 11,000 dólares. “La diferencia es que todo el viaje se realiza en una troca y no se camina… Es más seguro por la manera en que están las cosas ahorita y hay menos riesgo de caer”, explica.

Reincidencia infantil

“Ya estaba acostada y sentí que alguien me estaba viendo, abrí los ojos y vi que era él quien estaba ahí. Me agarró las dos manos, intentó besarme a la fuerza ...".

Andrea, niña retornada

Según Ricardo, las personas que buscan migrar por una razón de violencia suelen llegar a un acuerdo rápido y acceden a los precios que él tiene. Para ellas, asegura, hasta tiene un “paquete especial”. Este consiste en llevar al cliente hasta México, ayudarlo a hacer el proceso para solicitar asilo, obtener una visa y poder llegar a Estados Unidos. Esta opción la da porque sabe que ser víctima y estar en peligro de muerte es una de las causas por las que una persona podría obtener este estatus en el país norteamericano.

Sin embargo, en junio, el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, anunció una política migratoria que restringiría el acceso a asilo a las personas que fueran víctimas de violencia doméstica y de pandillas. Esta medida empezó a ser implementada el 12 de julio, cuando un nuevo formulario fue entregado a los funcionarios que entrevistan y evalúan las solicitudes de asilo en las fronteras de Estados Unidos.

El programa de refugio Menores Centroamericanos (CAM), además, fue cancelado el 9 de noviembre del año pasado y esto impide que los menores de edad de El Salvador, Honduras y Guatemala sean beneficiados con este estatus. El CAM fue aprobado en la gestión del expresidente Barack Obama.

Andrea todavía habría podido ser beneficiada con este programa. Cuando ella migró, a su madre le pareció la oferta que les brindaba el coyote, pues por 7,000 dólares llevaría a las tres hasta Estados Unidos y les daría la garantía de hacer tres intentos por el mismo precio. Sin embargo, después de que fueron retornadas al país por segunda vez, él desapareció sin devolverles un dólar.

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En los últimos seis años, 102 niños intentaron llegar a Estados Unidos en tres ocasiones. Solórzano, directora de la Dirección General de Migración, cree que estas “garantías” de los traficantes de personas son uno de los principales motivos de la reincidencia.

Usulután, donde vive Andrea, es uno de los departamentos con mayor cantidad de migración y retorno infantil. La tasa de reincidencia infantil de este departamento es del 24%, mientras que a nivel nacional es del 4%.

En Usulután el 6.85 % de los hogares está en situación de pobreza extrema, el ingreso mensual de cada hogar es de 488 dólares. Además, 33,704 hogares reciben un promedio de $226 dólares al mes en concepto de remesas. En total, unas 120,037 personas son beneficiadas con este ingreso, según datos de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples 2017 de la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC).

María de la Paz Yanes de García, subdirectora del Programa de Protección de Derechos del Instituto Nacional para la Niñez y Adolescencia (ISNA), asegura que la zona oriental del país marca un patrón en el flujo migratorio; sobre todo Usulután, porque es el departamento con mayor cantidad de migrantes.

 

 

“Ahí los alcaldes, maestros y todas las personas ven normal que un adolescente quiera migrar a Estados Unidos y que ese sea su proyecto de vida, es como que si no estuvieran conscientes de los peligros y vulneraciones de las que son objetos nuestros menores de edad en la ruta migratoria”, señala.

Agrega que la inseguridad social en las comunidades es una de las causas que impulsa la migración de muchos niños, niñas y adolescentes y que, para frenar el fenómeno, es necesario cambiar la realidad donde los menores de edad no tienen arraigo en sus comunidades de origen. A escala nacional, 402 menores de edad dijeron que reincidieron por buscar “mejores condiciones de vida”; en segundo lugar se encuentra la reunificación familiar, con 361 reincidentes. Las amenazas están en tercer lugar, con un total de 257.

La reincidencia se da más en los niños y adolescente de entre 12 a 17 años, según Solórzano. “Cada año tenemos que son los niños y adolescentes hombres los que más migran y reinciden, es un patrón que año con año se repite”, señala.

“Ese viaje ha cambiado mi vida”

Ella es una excelente oradora, sueña con estudiar gastronomía, tener su micro negocio en montaje y decoración de eventos, en la actualidad cursa el segundo año de bachillerato de técnico vocacional en servicios turísticos.

Dos meses después de haber sido repatriada por segunda vez, Andrea pasó a formar parte de la población retornada que es atendida el Centro de Atención a la Niñez, Adolescencia y Familia (Canaf) del ISNA.

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En 2016 más de una veintena de menores no acompañados fueron derivados a hogares donde sufrieron abusos sexuales, no recibieron alimentación o fueron forzados a trabajar.

Este centro fue creado en 2014 como respuesta a la declaración de crisis humanitaria de ese año. Desde entonces hasta la fecha 1,778 menores de edad han finalizado el programa, entre ellos Andrea. El pasado 15 de junio concluyó el “Proceso de formación de proyecto de vida” que durante meses fue impulsado por Canaf en asocio con Save the Children. En esta última etapa los adolescentes reciben capacitaciones para identificar sus habilidades, crear un proyecto de vida e impulsarlo a través de ayuda que reciben de empresas privadas o instituciones que trabajan con la niñez.

La primera etapa que implementa Canaf es la ayuda psicológica. Andrea recibió este acompañamiento desde un inicio para superar el trauma del intento de violación que tuvo y las demás situaciones que enfrentó durante los dos viajes, desde entonces ha recibido diversas capacitaciones para su desarrollo personal e integral.

“Ellos me han ayudado increíble, he recibido ayuda psicológica, ellos me han impulsado a no rendirme, a seguir siempre adelante y siempre me han apoyado en todo lo que he necesitado. Ese viaje y el programa han cambiado mi vida”, dice sonriente.

Andrea, recibió varios meses la ayuda psicológica, pero también se concientizó a su familia para evitar que viajaran de nuevo. Después Andrea se integró a programas que le ayudaron a desarrollar habilidades de oratoria y comunicación, a conocer sobre sus derechos y la institucionalidad del país en materia de derechos de la niñez y adolescencia.

Hasta el momento ha sido de las mejores alumnas que ha tenido el programa. En la última clausura fue moderadora y presentó el proyecto de microempresa que quiere impulsar.

Ella cree que es necesario concientizar a las familias para evitar la migración, dar a conocer los peligros o las diferentes situaciones que pueden ocurrir en la ruta migratoria y que ponen en riesgo la vida de las personas, pero también dice estar consciente de la falta de oportunidades que hay en el país y de las causas que impulsan a las personas a migrar. Está convencida de que así como ella y su familia encontraron otras oportunidades y opciones, otras familiar lo pueden lograr.

“Con ayuda de Dios, esfuerzo de nuestros padres y nosotros mismo podemos salir adelante, sin importar las dificultades que se puedan presentar. Siempre va haber algo que te quiera detener, pero debemos de buscar salir adelante”, concluye Andrea.

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