Después de dos intentos, la segunda caravana de migrantes salvadoreños ya camina en las carreteras de México

Los salvadoreños llegaron a la frontera de Tecún Umán durante la mañana y la tarde del jueves. Este viernes intentaron cruzar territorio mexicano por el puente que atraviesa el río Suchiate, pero fue a través de sus aguas que consiguieron llegar. Continúa la travesía de la segunda caravana.

Por Marvin Romero

Nov 02, 2018- 21:51

La segunda caravana de migrantes salvadoreños llegó a territorio mexicano minutos después del mediodía de este viernes 02 de noviembre, luego de cruzar el río Suchiate, frontera natural entre Guatemala y México. Más de 1,700 compatriotas forman parte de este grupo que salió de El Salvador el pasado miércoles 31 de octubre con rumbo a Estados Unidos.

Los migrantes decidieron aventurarse en las aguas del Suchiate después que, durante la mañana del viernes, fracasara el primer intento por cruzar la frontera a través del puente que pasa sobre el río. Desde las cuatro de la madrugada, los salvadoreños llegaron hasta el portón que protege la entrada al puente, en el lado guatemalteco, con la intención de cruzar la frontera hacia territorio mexicano.

 

Un representante de la caravana, Ramón Torres, se comunicó por teléfono con el Cónsul de México en Tecún Umán, Mauricio Ituarte. El salvadoreño solicitó que dejaran a la caravana cruzar unida y no la separaran en grupos, como era alternativa de las autoridades mexicanas. El funcionario pidió tiempo para hablar con las autoridades correspondientes.

Los migrantes se sentaron a esperar sobre el asfalto. Al frente de la caravana, tres jóvenes sostenían la bandera de El Salvador. Los líderes del grupo pedían que mantuvieran la calma y el orden. “Las caravanas de hondureños entraron con violencia, nosotros queremos ser la diferencia”, dijeron a través de un pequeño parlante para que todos escucharan.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que podría enviar hasta 15.000 militares a la frontera con México ante la llegada de miles de centroamericanos. Foto EDH/ Lissette Lemus

Casi dos horas pasaron hasta que el Cónsul Ituarte llegó al sitio en que los migrantes salvadoreños esperaban. Tomó el altavoz para decir que el paso sería abierto y que la caravana podría cruzar, siempre y cuando el grupo mantuviera el orden al ingresar. Y así lo hicieron. Los migrantes salvadoreños transitaron sobre la acera del puente del Río Suchiate, en fila, uno tras otro. Caminaron por varios minutos. Los tres jóvenes, con la bandera salvadoreña, encabezaron la fila.

Al llegar al paso fronterizo, del lado mexicano, la caravana se encontró con un portón cerrado, reforzado y custodiado por la policía. “México no es un país de paso”, dijo, desde el otro lado de la barrera, el delegado de la autoridad migratoria mexicana. Les aclaró que, según la legislación de ese país, todo el que quiera ingresar deberá registrarse y brindar sus datos para entrar en el programa de solicitud de refugiados, en donde tendrían permiso para permanecer por tan solo 45 días. Los salvadoreños rechazaron esa opción.

Para la caravana, todo es parte de “la estrategia” de las autoridades mexicanas por disolver al grupo. Insisten en no querer los documentos ni la condición de refugiados en México y afirman que únicamente necesitan que se les permitan el libre tránsito por tierra azteca hasta llegar a la frontera con Estados Unidos. “Solo queremos que nos presten el suelo para caminar”, le dijo Ramón Torres, desde este lado de la barrera, al delegado migratorio que no se acercaba demasiado.

Las autoridades migratorias de México intentaron explicarles a los representantes de la caravana: Ramón Torres y Marvin Lovo, que la ley de su país no contempla el tránsito libre o el paso sin registro y que, si desean hacerlo, deberán acatar las disposiciones del refugio como única opción. Los salvadoreños siguieron negándose a aceptar las condiciones y amenazaron con no abandonar el puente hasta que accedieran a sus peticiones. “Ya no tenemos agua ni comida, si nos morimos va a ser su culpa”, gritan a los policías y funcionarios de migración.

Ramon Torres da indicaciones a todo el grupo mientras esperan en el parque central de Tecún Umán. Foto EDH/ Lissette Lemus

La caravana considera que los albergues, a donde llevan a los migrantes y refugiados, son en realidad lugares de control en donde retienen a los indocumentados hasta que se cumple el plazo del refugio y pueden regresarlos a sus países de origen.

La discusión entre los representantes de la caravana y los delegados migratorios duró varios minutos en el portón del lado mexicano. Después de un par de horas y sin que México diera respuesta positiva a sus peticiones. Es así que la mayor parte de los migrantes salvadoreños, que estaban en el puente, decidió dar media vuelta y regresar a Guatemala. Volvieron al parque central de Tecún Umán, con la intención de reorganizarse e intentar pasar a México, a través del río, por la tarde.

Marvin Lovo, uno de los representantes de la caravana ante los agentes mexicanos, indicó que el delegado principal de la comitiva mexicana restó importancia a las medidas de protesta de los salvadoreños: “Acaba de decir el delegado de migración que no le importa si los niños se mueren de hambre o de sed aquí en el puente, es problema de ustedes si se mueren”, denunció Lovo, que les dijo el delegado.

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En el lado fronterizo de México los portones estaban cerrados y custodiados por las autoridades. Los migrantes pueden ingresar a dicho país acatando las disposiciones de refugio como única alternativa.

Rumbo al rio

No pasaron ni dos horas desde su primer intento por cruzar la frontera, cuando la caravana de migrantes salió del parque central de Tecún Umán con rumbo a las riberas del río Suchiate para pretender cruzar nuevamente hacia territorio mexicano.

De inmediato aparecieron, en la otra orilla, decenas de policías de las fuerzas migratorias, que les siguieron de cerca los pasos. La caravana de salvadoreños recorrió unos tres kilómetros, río arriba: buscaban un lugar adecuado para cruzar al otro extremo.

Caminaron entre dos comunidades guatemaltecas y las personas salieron de sus casas a animarlos. “Vayan, su lucha también es nuestra”, gritó una señora desde la puerta de su casa. “Si quieren agua, pasen, yo les doy toda la que quieran”, les dijo otra, a la orilla del camino. “Si no pasan, pueden quedarse en mi casa”, ofreció una mujer que cargaba a una bebé en sus brazos.

Foto EDH/ Lissette Lemus

Los agentes federales seguían persiguiendo a la caravana de migrantes por todo el recorrido del río. En un punto, incluso, provocaron a los salvadoreños invitándolos a cruzar, llamándolos con la mano o hasta silbándoles para que volvieran a verlos. Para entonces, ya eran más de cincuenta los policías que alcanzaban a verse desde Guatemala.

La caravana no flaqueó y se mantuvo junta durante todo el camino, no descuidaban a los agentes que los perseguían, pero nunca demostraron estar asustados, parecía que la presión les sumaba velocidad a sus pasos. En algún punto del último kilómetro de la ruta, los perdieron de vista. Los salvadoreños estaban desbordados de energía, vencieron a la “migra” mexicana y estaban listos para tirarse al agua.

Cientos de salvadoreños cruzaron el río Suchiate. Foto EDH/ Lissette Lemus

Lo hicieron en un campo libre, en una zona estrecha del río. Los primeros en llegar se aventuraron de inmediato. Los de atrás dudaron un poco. Cuando el grupo de avanzada iba por la mitad del tramo, una patrulla apareció del otro lado con las sirenas encendidas; sin embargo, decidieron no parar. Llegaron al otro extremo. Los federales no les cortaron el paso y les permitieron entrar a territorio mexicano.

Niños, mujeres, ancianos, jóvenes y adultos caminaban con el agua a la cintura. Luchaban con la corriente, llevaban bolsas y mochilas en la espalda y hombros. Cargaban el peso de sus pertenencias: las que pudieron llevar pues algunas debieron dejarlas en la orilla.

Eso animó a los indecisos y en cuestión de minutos, un centenar de salvadoreños estaba en el agua. Media hora fue suficiente para que la mayor parte de compatriotas cruzara las aguas del furioso Suchiate. Aún después de una hora, seguían llegando los rezagados de la caravana para probar suerte. Para la una de la tarde, la segunda caravana ya caminaba por las carreteras de México y pasarían la noche en Tapachula.

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