Rodrigo Ávila: El policía “pone la sangre, su familia las lágrimas”

El dos veces director de la PNC se muestra dolido por lo que sucede con la policía, cuyos miembros, a su juicio, están siendo golpeados por todos lados, en su bolsillo, en su orgullo, con baja moral debido al ataque de las pandillas.

Rodrigo Ávila. EDH/ Marlon Hernández

Por Luis Andrés Marroquín

Feb 05, 2018- 00:20

Tristemente, en El Salvador los patos disparan a las escopetas. Apenas se comenzaba a escribir esta entrevista con el diputado Rodrigo Ávila cuando la televisión mostraba imágenes de policías heridos por pandilleros en un ataque registrado en un límite entre la Colonia San Patricio, Cima 4 y la Bella Vista, en San Salvador.

En ese hecho mataron a un francotirador de la Policía Nacional Civil (PNC) y dos mareros fueron abatidos en respuesta al asalto armado.

Qué razón la de Ávila cuando dice que los agentes están poniendo la “sangre” y sus familias “las lágrimas” en esta guerra que parece no tiene fin. Y la misma historia es para los soldados de la Fuerza Armada. El reclamo del dos veces director de la PNC entre 1994-1999 y 2006-2008 es fuerte contra el gobierno. Así lo dice.

Seguridad

Tenemos que comprender que el problema número uno en El Salvador es la seguridad. Y dentro de la seguridad, el problema número uno, son las pandillas, que se han convertido en un problema social.

Rodrigo Ávila, diputado de ARENA

En su discurso, el presidente estadounidense Donald Trump parece que está empeñado en acabar con la pandilla MS, en particular; aunque también se mencionan a la mara 18. ¿Cómo entender este mensaje en El Salvador?

Tenemos que comprender que el problema número uno en El Salvador es la seguridad. Y dentro de la seguridad, el problema número uno, son las pandillas, que se han convertido en un problema social.

Si el presidente del país más poderoso del mundo en términos económicos tiene como prioridad darle fin a este fenómeno, que en dimensiones comparativas es muchísimo menor al que sufrimos en El Salvador, es para que pongamos las barbas en remojo.

Siempre he dicho, tenemos que tener una política nacional verdaderamente sólida, creativa, consecuente y determinada para poder enfrentar el tema de las pandillas. Y no se hace.

Parte de esto es parte de nuestra propuesta legislativa y que ya venimos haciendo desde esta legislatura, que es la Ley de la Defensa Social y Abandono de la Violencia, que es un instrumento para poder sacar a las pandillas de los territorios, recuperar estos territorios e ir poco a poco extinguiendo a las pandillas y el otro es identificarlos a través de registros.

Deberíamos de hacer eco de las palabras del señor Trump y esto denota la importancia que tiene.

¿Por qué no se logra derrotar a las pandillas?

Porque se ha tratado de enfrentar el fenómeno desde una perspectiva que no es la adecuada. Aplicar recetas de prevención que no se ajustan a la realidad de nuestro país y porque se orienta el fenómeno de una manera totalmente errada.

¿Qué hacer?

Lo primero cerrar la membresía, cerrar el reclutamiento, y en nuestro país tristemente las pandillas han crecido. Hoy las pandillas se han convertido en opción de vida, no solo para miles de jóvenes, sino peor que eso, miles de niños. Tenemos que ir cerrando poco a poco ese chorro. Ya lo logramos una vez en el año 2007, ¿por qué no volverlo a hacer?

Lo que pasa es que es el fenómeno ha crecido a tal magnitud que sobrepasa la capacidad instalada de respuesta que el Estado tiene.

No existe una voluntad política de erradicar las pandillas, porque a veces vienen a ser convenientes para los momentos como este que son momentos electorales.

¿Cuánto tiempo se necesita para quitarle los territorios a las pandillas?

Viene en varias fases. Primero hay que controlar las cárceles, lo cual, medianamente, se ha intentado. Segundo, cerrar el chorro de reclutamiento que está llenando la poza de membresía de las pandillas. El tercero, desmembrar las estructurales criminales, cortar sus comunicaciones. Y el cuarto, hacer una reingeniería social para poder darle tratamiento no solo a los pandilleros, sino que a los familiares de estos.

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Son grupos sociales enormes. Si son 70 mil pandilleros calculemos también cuántos familiares, colaboradores tienen. La cifra es impactante, estamos hablando de casi el 5 % de la población.

La última fase es una fase de pacificación del país. Todo dentro de un concepto integral donde lo primario es atacar las estructuras. No enfocar la represión, desde la perspectiva policial y judicial, en el individuo, sino que reenfocarla en las estructuras para romperlas. Y, por el contrario, la prevención, rehabilitación y reinserción orientarla hacia el individuo. Al revés de cómo el gobierno lo ha estado haciendo.

Es un tema de enfoque, de creatividad, pero más que todo de voluntad que, este gobierno, no ha tenido.

¿Cómo evalúa usted las medidas extraordinarias de seguridad del gobierno y lo que se invierte en esto?

Fueron un paliativo de carácter temporal. A estas alturas, cierta parte de esas medidas extraordinarias está en duda si han sido efectivas.

Por ejemplo, esas medidas tienen cuatro componentes: el tema de visitas, las audiencias, las salidas de los internos; el segundo, es dar tratamiento a los custodios, del personal de los penales, que esté colaborando con los internos para realizar actividades delictivas; el tercer componente es de las comunicaciones, se inhibe la posibilidad que haya señal de celular en los alrededores de los penales; y un cuarto que tienen que ver con las audiencias virtuales.

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El tercero, que es de las comunicaciones, a estas alturas, lo que debería de garantizarse es que ya no ingresen aparatos de celular y Tablet a los centros penales. En cualquier país civilizado del mundo, no se corta la señal alrededor de los penales, lo que se garantiza es que no se ingresen aparatos a los penales.

Estas medidas extraordinarias se vencen en abril. Después de las elecciones tenemos que revisar esto. Tenemos tiempo para que no se politice el tema.

Y un último tema, no puede reñir el tema de controlar los centros penales, con garantizarles condiciones dignas, salud. No es lo mismo cortar la visita íntima, la visita de los mismos miembros de pandillas que llegan allí a planificar crímenes, a coartar de un ser querido, de una madre, de un hijo, de un hermano, de una hermana.

¿Qué ha fallado, esa combinación de la policía con la Fuerza Armada o la policía con sus planes de seguridad?

Hay que reconocer el gran sacrificio que están haciendo los miembros de la policía, de la fuerza armada. Ellos están poniendo el sudor, su familia las lágrimas. Ellos están poniendo la sangre.

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