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El conmovedor relato de Sonia, una madre que perdió a su hijo en Las Colinas tras terremoto del 2001

Sonia vendía bolsones escolares en el centro del municipio. Las clases comenzaban el siguiente lunes y sus hijos mayores, que solían descansar los sábados, ese día la ayudaron con la carga extra.

600 personas murieron a causa de un deslizamiento en la colonia Las Colinas de Santa Tecla, La libertad. / Foto Por EDH

Por Marvin Rodríguez

Ene 13, 2018- 12:14

Sonia Belloso salió a trabajar temprano, junto a sus dos hijos mayores, la mañana del sábado 13 de enero de 2001. Su hijo menor, Javier, de 10 años, se quedó en casa, en la Colonia Las Colinas de Santa Tecla, a las faldas de la Cordillera del Bálsamo.

Sonia vendía bolsones escolares en el centro del municipio. Las clases iniciaban el siguiente lunes y sus hijos mayores, que solían descansar los sábados, ese día la ayudaron con la carga extra.

Dieron las 11:34 de la mañana, Sonia atendía a un cliente cuando el suelo comenzó a mecerse despacio. Ella pensó que era una aplanadora la que pasaba cerca e intentó calmar los nervios del hombre que tenía en frente.

Para entonces, el suelo se movía con mayor agresividad y resultó evidente que se trataba de algo más. La tierra se agitó con fuerza durante varios minutos. Más tarde se sabría que, con 7.7 grados de magnitud, aquel fue uno de los terremotos más potentes y devastadores de la historia de El Salvador.

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El que quizá fue el escenario más devastador de la tragedia ocurrió justamente a las faldas de la Cordillera del Bálsamo, en donde Sonia y sus hijos solían vivir.

Una enorme porción de tierra se desprendió de la ladera de la montaña y en cuestión de segundos sepultó a decenas de viviendas con sus habitantes aún dentro.

“A veces uno se va y dice: la casa es el lugar más seguro”, recuerda esta madre, 17 años después, de pie sobre los pedazos de concreto y ladrillo que solían ser las paredes de su hogar.

Sonia relata que luego de pasado el temblor, ella y sus dos hijos comenzaron a caminar rumbo a casa. En el trayecto se encontró con su hermana, que vivía a escasos metros de la que fuese su vivienda. Con la mirada, buscó a Javier, su hijo, y al no encontrarlo volvió la vista hacia los ojos de su hermana quien no pudo hacer más que agachar la cabeza y guardar silencio. Sonia supo, en el acto, que algo malo había ocurrido.

Terremotos El Salvador

Portada Del Diario de Hoy el 14 de enero de 2001, de la devastación en las Colinas, Santa Tecla.

Apresuró el paso para llegar hasta Las Colinas, a la distancia ya era visible la magnitud del desastre. La mujer, desesperada, apresuró el paso y comenzó preguntar incansablemente por el pequeño Javier. Entre la angustia y los gritos, al pie del derrumbe, perdió las fuerzas y cayó inconsciente frente a los ojos de su familia.

Cuando despertó, Sonia insistió en regresar a la zona del derrumbe. Ella necesitaba buscar a Javier. Ya en el sitio, con lo que tuvo a mano, comenzó a rasgar la tierra del punto en el que ella calculaba alguna vez se encontró su casa. Así pasó largas horas, dice la mujer, con la voz entrecortada.

Al pequeño lo encontraron cuatro días después del terremoto, debajo de escombros de paredes y pinos que se desprendieron de la montaña. Entre lágrimas, Sonia dice haberse sentido aliviada, había perdido las esperanzas de que estuviera con vida pero no quería dejarlo abandonado, no quería que fuese otra víctima sin nombre como muchos que perdieron la vida en el derrumbe.

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Recuerda que a pesar del dolor que la invadió, no quiso irse de la zona. Siguió durante días escarbando entre los escombros, recuperando los cuerpos de sus vecinos: de sus amigos. “Brazos, piernas, cabezas, fue muy duro”’ afirma, “pero si mi vecina, que había perdido a siete, seguía parada, yo debía estar ahí, con ella”, concluye.

El dolor por la pérdida de sus hogares

Sonia confirma que a pesar de haber pasado 17 años, las secuelas de la tragedia siguen presentes entre los sobrevivientes de Las Colinas. Si bien es cierto que ya muchos superaron la pérdida de sus seres queridos, todavía queda el asunto de sus hogares destruidos, algo que los ha perseguido desde la fecha del terremoto.

Por muchos años, los propietarios originales de Las Colinas han peleado por recuperar el derecho y las escrituras de sus terrenos y ha sido hasta hace muy poco que algunos de ellos han conseguido hacerse con los documentos de propiedad.

La petición común de estas personas es que no se siga con el abandono y descuido, que han sido constantes por parte de autoridades de gobierno y locales.

Ellos reclaman respuestas concretas a su situación, pues muchos ya son personas mayores a quienes se les dificulta seguir librando batallas legales o trámites engorrosos. Exigen de las autoridades, mayor compromiso y revisión su situación de propiedad.

Tags Las Colinas Muertos Relato Terremoto 13 De Enero 2001

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