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Familia lleva 38 días esperando a su hijo desaparecido, un futuro ingeniero

La angustiosa búsqueda ha llevado a su padre a estar en diversas escenas de homicidio con la esperanza de encontrarlo.

Los catedráticos y los compañeros de Universidad dan fe de la buena conducta del joven. Foto/ Jessica Orellana

Por Gadiel Castillo

Oct 11, 2017- 07:00

“Solo quiero encontrar el cuerpo, si él está vivo o muerto; pero lo que quiero es encontrarlo y darle su entierro, e ir a llorarle a su tumba”. Estas fueron las palabras de Ismael De la Cruz, un angustiado padre que junto su familia, desde el pasado 4 de septiembre de este año, buscan con desesperación a su hijo, Josué Alexander De la Cruz López.

 

 

La vida de la familia Cruz López no es la misma desde que el más pequeño de tres hermanos ya no volvió a su casa después de la acostumbrada jornada de estudios.

Martina López, la madre, entre llantos dice: “Ya no soy la misma. Siento ese dolor, esa angustia de no poder ver a mi hijo, ya un mes sin verlo”. A la vez se pregunta: “¿Por qué hicieron eso? Mi hijo no se metía con nadie”.

A esta familia, que siempre han pregonado “la unidad familiar”, la vida les dio un giro drástico, pues tras la desaparición de Josué ya nada es parecido a como vivían antes, en muchas ocasiones el insomnio provocado por pensar en su hijo y hermano les arrebata la tranquilidad.

El joven, que el pasado 24 de septiembre llegaría a sus 25 años, cursaba su 4º año de la carrera de Ingeniería en Sistemas en la Universidad de El Salvador (UES) Seccional San Vicente.

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La versión inicial de los padres es que su hijo había sido “privado de libertad” cuando salía de la universidad. Al día siguiente de la desaparición, toda la familia se dirigió a la universidad a informar sobre su desaparición.

“Ya cuando veníamos de regreso a la casa le cayó un mensaje a mi otro hijo diciéndole que Josué se había bajado del bus en “Cojute””, dijo el papá.

Sin embargo, la última vez que lugareños vieron al joven estudiante fue a eso de la 1:10 de la tarde cuando se dirigía hacia su vivienda, situada en calle al cantón El Carrizal, caserío Los Morales, Cojutepeque, Cuscatlán.

Don Ismael recuerda que el líder de su comunidad religiosa le dijo “su hijo no se ha perdido allá, si su hijo venía para abajo, ahí lo vieron por un  ‘conacastón’ que está sobre la calle empedrada”.

La calle empedrada que mencionan está rodeada de mucha vegetación y sin ninguna casa a lo largo de sus más de 50 metros. Ese trayecto silencioso se vuelve propicio para que delincuentes de la zona asalten a los lugareños del caserío Los Morales.

Según relatos del padre, De la Cruz López acostumbraba a salir todos los días a las 5:00 de la mañana hacia su institución educativa, terminada la jornada, regresaba a eso de la 1:30 de la tarde.

Lastimosamente, esta vez el joven ya no regresó a casa; tampoco le pudieron contactar a su teléfono celular.

Tras más de 30 días de su ausencia, la angustia y la desesperación de la familia es notoria.

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Como tragado por la tierra

“Lo hemos buscado y buscado, y no hemos encontrado ninguna razón. Como si la tierra se lo tragó”, expresa su madre.

Desde el día en que De la Cruz López no regresó a su casa, los pobladores del caserío Los Morales se organizaron en cuadrillas para buscarlo entre los montes, cafetales, ríos y colonias vecinas, pero sin encontrar ni un rastro o pista que diera alguna tranquilidad a la familia.

Los pobladores se arriesgaron a buscar a Josué porque ellos dicen estar conscientes de que él no se metía en ninguna “cosa mala”, ni tenía problemas con nadie.

“No anduviéramos aquí ayudando si supiéramos que el andaba en cosas malas. Si andamos aquí es porque él lleva una buena vida”, expresó un vecino.

“Si me lo han visto que me digan dónde para ir a traerlo”, es la petición que hace el angustiado papá.

El desesperado padre, incluso, ha tenido que viajar en varias ocasiones hasta distintas escenas de homicidio que las autoridades procesan pensando que podría ser la de su hijo menor.

La familia dice haber recorrido varios hospitales, morgues y muchas escenas de muertes violentas en sectores de San Salvador, San Martín y San Vicente con la esperanza de, al menos, de que entre esos cadáveres pueda aparecer Josué. Pero hasta el momento no han encontrado nada.

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Un caso no prioritario

Desde el momento en que el padre reportó el caso de Josué a la Policía de San Vicente el 5 de septiembre, un día después de que desapareciera; y luego lo hizo en la delegación de Cojutepeque. Pero los padres dicen que las autoridades no le han informado de los avances de la investigación.

La familia del joven muestra indignación porque hasta la fecha, dicen, ni la Policía Nacional Civil (PNC) ni la Fiscalía General de la República (FGR) le han dado la prioridad que el caso requiere.

Los padres se preguntan constantemente el porqué hay diferencia en la prioridad en algunos casos si al fin todos son seres humanos, y todos son desaparecidos.

En muchas de las ocasiones la búsqueda exhaustiva que aplican es prioritaria solo si los casos caen en una categoría “especial” o “a discreción” de la cúpula policial.

De lo contrario, dependerá de los recursos de las delegaciones policiales en donde se denunció la desaparición, y del interés o el esfuerzo que pongan los investigadores.

En 2012 la Dirección de la PNC aprobó el Instructivo de Investigaciones de Personas Desaparecidas y Extraviadas. Este documento dice que son casos importantes la desaparición de autoridades públicas, funcionarios públicos, extranjeros con misión diplomática y policías o militares.
Estos casos son aquellos que causen alarma y conmoción nacional y se refuerce con la presión mediática.

Tanto don Ismael como doña Martina consideran que el error que quizá cometieron fue decir en su versión inicial que el joven había desaparecido en San Vicente y no en Cojutepeque, razón por la cual las autoridades no le han dado ninguna importancia al caso.

La desesperación del padre hizo que volviera a la Fiscalía pero dice que allí hasta lo regañaron por su insistencia de saber cómo iba el proceso. ´Mire, desde el momento que le tomamos la denuncia ya se le está ayudando´, recuerda que le dijo un empleado.

Pese a que la familia dice que la denuncia fue presentada el 5 de septiembre, la Policía de Cojutepeque dijo a este medio que ellos la recibieron el pasado lunes y que ayer iniciarían las indagaciones.

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Mientras, en la habitación de Josué, sus cosas personales también continúan esperando por él. La habitación sigue intacta, como la dejó en la madrugada del 4 de septiembre. Su ropa está ordenada y los libros sobre una pequeña mesa de noche que ocupaba para realizar sus tareas y estudiar para sus exámenes.

Solo se le han agregado unas cuantas imágenes religiosas, unas rosas y una vela que permanece encendida las 24 horas desde que él desapareció.

En el exterior de la casa, en el suelo están dos pesas hechas de cemento, las cuales Josué utilizaba para completar la rutina de ejercicio que desde hacía un mes hacía en un gimnasio de Cojutepeque.

También permanece la motocicleta, que fue comprada en cuotas y que Josué conducía para ir, de muy buena gana, a recoger a su hermana todas las tardes a su trabajo

Tags Desaparecido Estudiante Inseguridad Violencia

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