Glasswing, diez años transformando vidas

La organización, fundada en 2007 en El Salvador, ha recorrido un largo camino. Y lo coronará mañana con una gala para recaudar fondos en Nueva York. Celina de Sola y Ken Baker, dos de sus fundadores, hacen un balance de la primera década.

Diego de Sola, Celina de Sola y Ken Baker, los fundadores.

Por Claudio Martinez

May 17, 2017- 06:00

Las alas transparentes de la mariposa Glasswing, originaria de México y Centroamérica, fueron la inspiración para llamar así a esta innovadora organización que nació hace diez años y que ha logrado transformar comunidades gracias al voluntariado y a las donaciones. Glasswing Internacional se fundó en El Salvador en 2007, una iniciativa de Celina de Sola, su hermano Diego de Sola y su esposo Ken Baker. Los números hablan por sí mismos: en estos diez años ha dirigido más de U$30 millones a programas de educación y salud en Latinoamérica, movilizando a más de 98,000 voluntarios y logrado impactar en la vida de más de 800,000 personas.
El nombre Glasswing –idea de Celina, según su propia confesión- tiene dos significados. Por un lado, el particular color transparente de las alas, que representa el compromiso para trabajar con total transparencia. Por otro, el poder de transformación de la mariposa y su paralelismo con la vida de los beneficiados. Pero antes de tener un nombre, la idea de formar una organización así ya iba madurando, aunque ni los propios protagonistas lo sabían todavía. Celina de Sola y Ken Baker recuerdan esos comienzos…

Celina: Casi que caímos por accidente. Cuando nos vinimos a vivir aquí desde Estados Unidos no estábamos pensando en empezar una organización, pero vimos que había un nicho, una oportunidad para que una organización trabajara unificando esfuerzos con gobierno, empresa privada y la sociedad civil. Y a la vez Diego le interesaba el tema del voluntariado; Ken ya había trabajado en los sectores público privado, y estaba yo, que me enfoca más en el desarrollo de programas educativos y de salud.

¿Qué vieron?
Celina: Vimos la oportunidad de abordar la causa raíz de los problemas de violencia y pobreza, pero que se basara en las fortalezas y no en las carencias o debilidades. La idea era fortalecer escuelas, hospitales… y también movilizar a gente, que es un recurso súper valioso que el voluntariado permite apalancar. Teníamos habilidades complementarias entre los tres fundadores, y arrancó antes de que se estableciera la organización. Empezaron las actividades y de ahí se estructuró todo viendo que existía la demanda y la oportunidad. Venimos de diferentes espacios, pero con una visión compartida.

¿A quién se le ocurrió el nombre?
Celina: A mí, yo soy la loca de los tres.
Ken: Yo hice el logo…

¿Qué significan estos 10 años?
Ken: Empezamos con tres personas, la meta para mí siempre fue poder hacer una organización que tenga reputación global. Cuando veo ahora que somos 300 empleados y tenemos un gran alcance… una oficina en Nueva York, apoyo en Londres, apoyo de empresas y gobiernos siento mucha satisfacción. Tenemos una reputación que nos permite atraer inversión y recursos a la región. Tenemos socios que trabajan en esa área para atraer ese apoyo. Pero de nuestros 300 empleados, 295 están en la región, y 110 en El Salvador. Estamos fortaleciendo la capacidad de una organización de El Salvador que hace proyectos y que tiene nueve oficinas en ocho países. También estamos haciendo proyectos en el Caribe, México, Houston, Nueva York. Ahora podemos encontrar socios para aumentar el trabajo que estamos haciendo.

En síntesis, credibilidad…
Celina: Lo bueno de esa credibilidad es que uno tiene licencia para operar. Como nosotros construimos sobre fortalezas, nuestro abordaje en cada país es cómo ven ellos la comunidad, dónde se puede mejorar. Es muy participativo el proceso, no llevamos soluciones, las creamos en conjunto. Todo depende de lo que cada comunidad considere prioritario. No es hacer un “copy & paste” porque la realidad de cada comunidad es diferente. Después buscamos consenso con otras empresas para que le apuntemos a la misma meta y así todo sea más sostenible…
Ken: Nuestro programa se basa escuelas comunitarias, y lo que tratamos es de convertir escuelas públicas en escuelas comunitarias. Necesitamos apoyo de sectores privados, padres, jóvenes para fortalecer los programas.
Celina: Hay que darle oportunidades a los chicos, son semillas con un gran potencial. Estos programas te dan la oportunidad de darles una persona adulta, que puede ser como un mentor, que los ven dos horas a la semana todo el año. No es una charla. Y estos chicos desarrollan unas habilidades que no solo le sirven para mejorar su rendimiento escolar y su conducta sino para toda su vida. Ahora que llevamos 10 años vemos el impacto, algunos son voluntarios, otros están en la universidad, otros trabajan…

¿Cómo se da el salto internacional?
Ken: La meta siempre fue tener una organización internacional porque pensamos que el modelo funciona también para otros países. Trabajamos mucho con el sector privado, que tiene oficinas en otros países, por eso es que estamos desarrollando más y más países.
Celina: De repente surgen aliados. Cuando uno va a conferencias y conoces a gente de gobierno o empresas de otros países sugieren que trabajemos juntos en la región. Y ya está comprobado que esto funciona. En los 10 años vamos ajustando, vemos qué cosas están bien y cuáles hay que cambiar.

Después de 10 años, ¿cuáles fueron los momentos más duros?
Ken: Los primeros cinco años.
Celina: Quieres tirar la toalla, a veces…
Ken: Es difícil. A veces pensábamos que no valía la pena luchar tanto, pero cuando vemos a los empleados y el impacto en los beneficiados, o vemos el orgullo que la gente tiene de ser parte de Glasswing es que seguimos adelante.
Celina: Hay una gran mística. Puede que uno se canse de movilizar recursos, pero si el equipo está tan comprometido no hay manera de no sentirlo. Ahora, por ejemplo, que muchos se han graduado, podes ver en Facebook el sentido de pertenencia que tienen. Es increíble cómo la organización cobró vida propia. A veces ni yo sé lo que se hace aquí, porque hay tantos emprendedores… Hay muchas iniciativas que nacieron internamente: quieren impulsar un programa de debate, quieren un de robótica…

Dicen que los primeros cinco años fueron difíciles, ¿qué cambió a partir de entonces?
Celina: Nosotros leíamos mucho sobre emprendimientos sociales y los cinco años era como un momento crítico general, es donde uno despega o se hunde.
Ken: Puede ser, el pero sexto y el séptimo también fueron años duros. Es que tener una organización así y tratar de hacer la diferencia es la cosa más difícil que hay porque a veces el impacto es diferente al que piensas… Te preguntas si estás logrando que te propusiste. Lo cierto es que nosotros dos luchamos para que todo salga bien…
Siendo marido y mujer, ¿es difícil separar Glasswing de la vida familiar?
Celina: Y sí, porque al final trabajamos juntos y vivimos nuestra vida aquí. Siempre tengo presente una frase de El Principito. “Quererse no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en una misma dirección”. En el caso nuestro, es mantener esa misma dirección. Cuando alguien tiene un día malo, tiene que haber otro que aparezca porque siempre hay alguien al que rendirle cuentas: las comunidades, escuelas… Si hay días malos, igual hay que echarle ganas…

¿Y cuáles son las cosas que causaron más impacto? Seguramente Generation Now, con la presencia de David Guetta, fue una de ellas…
Celina: Gen Now fue lo que más nos alegró y lo que más nos asustó en el mismo tiempo. Aquí uno tiene la percepción de que no puede juntar a miles de jóvenes en un solo lugar porque es peligroso. Toda la gente habla de concierto de David Guetta, pero fueron dos días enteros de un festival juvenil con graffitis, con skaters y más, justo las actividades que los jóvenes nos habían pedido. Asistieron 7,000 jóvenes y no hubo ni un solo incidente. Al festival fueron 20,000, y tampoco pasó anda. Y de esas 20,000, hay que decir que 10,000 fueron donadas. Es decir, la intención fue traer jóvenes de todo el país, de todas las comunidades. Gente que quizás de otra manera jamás se podría mezclar. El Gen Now fue construcción de paz.

Generation Now sigue cosechando éxitos

¿Cuál más?
Celina: Otros hitos son cuando vamos a los clubes a final del año: al torneo de debate, al Club Glee, a los torneos de fútbol… Yo veo eso y siempre se me salen las lágrimas. La verdad es que todos los niños deberían tener esas oportunidades, ya sea con Glasswing o con otras organizaciones.
Ken: El orgullo es cuando visito una escuela que normalmente estaba vacía y la veo llena de actividades, de vida, de padres, de voluntarios, de empresas, de jóvenes, de maestros. Eso me orgullo, lo mismo que cuando noto ese sentido de pertenencia a su escuela en las competencias deportivas.
Celina: Hay cosas increíbles. Los padres, por ejemplo, descubren aptitudes de sus hijos que desconocían. “No sabía que mi hijo era tan bueno cantando, o jugando fútbol”, nos dicen. Esos impactos de tejido social también son gratificantes.
Ken: Sí, por eso damos las gracias a los empleados por llegar a los 10 años, y también a los socios, especialmente a aquellos que están desde el principio como El Diario de Hoy, USAid, Chevron, Telus, Hanes, Walmart…

¿De dónde llegan las donaciones?
Ken: Llegan más a nivel internacional. Pero trabajamos mucho con casas y fundaciones en El Salvador y la región.
Celina: En ese sentido, son clave las alianzas con fundaciones como Gloria de Kriete, también hacemos cosas en conjunto con muchas ONG. Además trabajamos en salud, algo que no se conoce mucho: programas de materno infantil, clubes de niñas, salud mental, chicas embarazadas que son emprendedoras.

¿Cómo ven a Glasswing en los próximos diez años?
Ken: La organización tiene que alcanzar un punto en que si ya no estamos Celina, Diego y yo, debe seguir funcionando igual. Queremos que la marca y la reputación sigan creciendo para conseguir más apoyo para la región.
Celina: Lo que queremos al final es profundizar lo que hacemos. También nos encantaría sumarle más educación, salud, fiabilidad. De plano yo espero en 10 años seguir con un equipo como el que tenemos, del cual estamos orgullosos. No quiero pensar en diez años, porque para mí estos primeros diez pasaron rápido…
Ken: ¿Rápido? Más o menos, no tanto…
Celina: ¡Ves, depende a quién le preguntas! A mí me parece mentira que hayan pasado diez años, a pesar de no paramos de trabajar.
¿Qué representa la gala que se realizará mañana jueves en Nueva York?
Celina: Es un momento de reflexión y de renovar un compromiso con el país y la región y de seguir viendo qué vamos a hacer. Es la tercera gala que hacemos. En la primera honramos a Roberto Kriete, en la segunda a Hanes. Esta la hacemos con la fundación Femsa, de México; ellos trabajan en cuatro países con nosotros en un programa de niñez.

¿Por qué siempre es en Nueva York?
Ken: Nuestra oficina está allá, y gran parte de los donantes potenciales están allí. Nueva York es el centro de muchas cosas.
Celina: Sí, la filantropía está bastante evolucionada allí, y la comunidad latina es grande. No cambiamos el lugar porque nos ha funcionado. Es nuestro único evento de recaudación del año, así que esperemos que nos vaya bien.

 

Diego de Sola: “Veo a Glasswing como un zipper social”

Diego de Sola, de Glasswing Internacional.

Diego de Sola, el tercero de los fundadores, también está orgulloso de lo que se ha convertido Glasswing, eso que para él empezó con la pregunta “¿qué podemos hacer por El Salvador?” y que acabó con esta organización que cumplió diez años.
Una de las cosas que más valora Diego es la generación de confianza que han generado: “Es que la desconfianza provoca costos de transacción y la capacidad de colaboración se vuelve nula. Justamente el voluntariado nos permite confiar en el otro y ver que somos más parecidos que distintos. Yo digo que el voluntariado es una puerta a la confianza y entonces las diferencias desaparecen y eso va generando un tejido”.
Pero para Diego, “Glasswing es como un zipper social”. Y lo explica: “Sin querer ser pretencioso, creo que por donde va pasando vamos cerrando algo de forma real, yo digo que dejamos atrás una estela de paradigmas rotos. Vemos escuelas reconstruidas, jóvenes con mayores destrezas…”
A diferencia de Celina y de Ken, él no estaba de acuerdo en que se llamara Glasswing. “No me gustaba el nombre en inglés. Mi propuesta era Crisálida, que de hecho es como se llama la razón social, pero me hicieron ver que por una cuestión de proyección internacional era mejor en inglés”.

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